Discurso y evidencia

Golpe de Estado vs. fraude , la posverdad como medio para instalar un discurso hegemómico

Analistas y expertos en medios, periodismo y estrategias consideran que la intención del partido de Evo Morales es imponer su visión sobre los hechos, sin evidencias fácticas. En este debate del fraude versus el golpe existe una manipulación emocional para instalar verdades que no lo son.
domingo, 29 de noviembre de 2020 · 00:05

Fernando Chávez Virreira
 Periodista

 

 El debate entre el oficialismo y la oposición sobre si en noviembre de 2019 hubo un golpe de Estado en Bolivia ha resurgido después de la aprobación en la Asamblea Legislativa de una norma que legaliza la presidencia de Luis Arce, ley que no fue promulgada durante la gestión de Jeanine Anez.

 El Palacio de Gobierno, al solicitar la aprobación de dicha norma, ha introducido la retórica del golpe de Estado en su carta oficial a la Asamblea Legislativa, aspecto que  la opositora Comunidad Ciudanana considera un “absurdo hablar de fascismo y de un gobierno ilegítimo”.  

El debate sobre si hubo o no un golpe de Estado ha trascendido fronteras y en muchos círculos internacionales ha quedado instalada la idea de que en el país se produjo un rompimiento del orden constitucional.

 Ello, pese a que organismos  como la ONU y la Unión Europea fueron mediadores de la transición luego del vacío de poder dejado por el MAS entre el 10 y el 12 de noviembre de 2019. No sólo eso, sino que dos leyes de la Asamblea Legislativa y todas las acciones parlamentarias legitimaron al gobierno de Añez. Una de esas leyes es la que anula las elecciones de 2019 y convoca a nuevos comicios, y la otra es la que amplía el mandato de Añez y las demás autoridades cuando se postergaron las elecciones.

 Pero, lo más importante es que la transición se produjo luego de una revuelta popular en contra del fraude electoral. La sugerencia de las FFAA de que Evo renuncie se produjo cuando el mandatario ya no tenía salida, pero, además, los militares no se quedaron con el poder.

 El propio presidente Luis Arce, hace un mes, cuando aún era candidato a la Presidencia, admitió en una entrevista que Jeanine Añez “era la presidenta de un gobierno transitorio constitucional”.

 Se trata, según analistas,  de la posverdad de un supuesto golpe de Estado que quiere instalar el MAS para limpiar la imagen del expresidente Evo Morales y reafirmar su posición de que no existió fraude en las elecciones de 2019.

Segun el analista, periodista y abogado Andrés Gómez, el MAS no tiene evidencias fácticas para afirmar que hubo un golpe de Estado. “Que señalen los hechos. Lo que el MAS pretende hacer es imponer su opinión, su percepción, sobre hechos. Uno tiene derecho a tener sus opiniones, pero no puede tener sus propios hechos; los hechos están ahí”, afirma.   Estos hechos fácticos, según señala Gómez, son los siguientes:

Primero, el expresidente violó la Constitución el 2014. La CPE le prohibía postular, desobedeció y postuló ¿y qué hizo para eso? Una práctica antidemocrática: nominar magistrados o tribunos afines al MAS, lo que rompe la independencia de poderes. Además, el artículo 168 no necesitaba interpretación, porque es claro y taxativo; una sola reelección.  

Segundo: el expresidente volvió a violar la Constitución para las elecciones de 2019, otra vez con el mismo procedimiento inconstitucional, vocales o tribunos vinculados al MAS que violan la Constitución. “Es más, declaran inconstitucional la propia CPE, algo que jamás se ha visto en ninguna parte del mundo en un país serio”.

Tercera evidencia fáctica: el expresidente desobedeció, junto al exvicepresidente, un mandato del referéndum del 2016, que es la expresión del soberano. Y para violar ese derecho de la sociedad de participar de las decisiones públicas realizó el mismo procedimiento: su partido nominó a vocales vinculados al MAS y esos vocales lo habilitaron, desconociendo el voto popular, violando la Ley del Régimen Electoral y la Constitución.

Otras evidencias fácticas, dice Gómez, son las pruebas del fraude que presentó la OEA; “actas donde había más votos que votantes”, y el hecho de que la Asamblea Legislativa continuó funcionando.  “Qué gobierno de facto tiene una Asamblea? No hubo golpe, hubo una sucesión constitucional, como lo dijo el diputado del MAS Rolando Cuéllar. También lo dijo el presidente Luis Arce en una entrevista”.

En efecto, la Asamblea Legislativa no solo que continuó funcionando, sino que usando su mayoría de los dos tercios, por ejemplo, bloqueó leyes que había propuesto el gobierno de Añez para acceder a créditos internacionales para hacer frente a la pandemia. 

  “¿Qué es un golpe de Estado? “Es la imposición de un gobierno rompiendo los procedimientos constitucionales. Evo Morales rompió esos procedimientos al no obedecer el referéndum, al no acatar el artículo 168”, explica. 

 Según el analista, el MAS quiere construir una posverdad “para ocultar que Evo Morales, que se supone era el representante del pueblo y gobernaba obedeciendo al pueblo, fue echado a patadas del Palacio por el pueblo. Quieren cambiar esa realidad para decir que no lo echó el pueblo, sino una minoría, los golpistas”.

La intención del MAS es construir “otra realidad, lo que es muy típico de los regímenes totalitarios. Donald Trump es un ejemplo de la posverdad”, opina.

 

Discurso hegemónico

Pablo Pizarro, experto en estrategias comunicacionales, sostiene que la posverdad es “una construcción a partir del poder político con fines de manipulación emocional para instalar verdades que no son verdades”. La primera experiencia de una posverdad se dio en el referéndum sobre el Brexit en Inglaterra. “Después se popularizó  con el estilo de hacer política de Donald Trump, que llegaba al extremo de negar una fotografía o un video, que es una fuente de verificación, una evidencia, sin sonrojarse”, recuerda. 

“Este nuevo fenómeno   hace que la verdad se diluya, se pierda en el horizonte, según la conocíamos antes. A partir de ese contexto, hay una disputa del discurso, una confrontación de discursos para instalar una idea en la opinión pública y esto tiene que ver con golpe versus fraude”. 

   “No importan los hechos, sino la interpretación de éstos; los hechos pasan a segundo plano y se van construyendo ideas a partir de la interpretación. Esto ya lo planteó Foucault”, explica Pizarro. En su visión, lo que ocurre actualmente en el país es que  hay una disputa para instalar un discurso, pero sobre todo esta idea que quiere instalar el MAS está soportada por toda una industria de la información: universidades, otros gobiernos, institutos políticos que utilizan las herramientas de internet y las redes para posicionar esta idea.

 “El poder se trata de qué forma se alcanza la hegemonía discursiva, en una gestión de transición a una nueva gestión política en la que estamos, obviamente hay que adueñarse y hegemonizar el discurso y uno de estos elementos es que hubo golpe de Estado es decir, quien detenta el poder para legitimarse y legalizarse tiene que abordar y apropiarse del discurso hegemónico”, añade el experto.

En esta nueva gestión del gobierno de Luis Arce, sostiene,  hay nuevos actores como fuentes de información, “otros políticos que  están reforzando esta idea y ganando la carrera por hegemonizar el discurso, una disputa en el campo simbólico”. 

Esto causa, una serie de zozobras en la gente, dudas e incertidumbres sobre la realidad, “porque nos preguntamos ‘¿cuál es la realidad al final?’, es esta o la otra, la que viene, la que se instala de nuevo”. 

 Según Pizarro, detrás de las posverdades hay movimientos y estrategias planificadas. “No hay un velero que te lleve al faro, hay muchos faros fantasmas y eso se suma al tema político mundial, de los terraplanistas, de los antivacunas, porque no es solamente un usuario que viraliza algo, hay una industria donde se teje una red, con robots que producen información”.

Ante ese panorama de medias verdades, falsos hechos e ideas instaladas, Andrés Gómez recomienda que los periodistas deben basarse en evidencias y no en opiniones, “porque el periodismo busca la verdad, y los hechos fácticos son los que he mencionado con respeto a lo que sucedió en el país. El principal golpista es Evo Morales”.

Una posverdad apela a las emociones y cuestiona la ciencia

La definición de posverdad de Oxford destaca que se sostiene gracias a las emociones para modelar la opinión pública. En esa línea, según el estratega en comunicación Pablo Pizarro, la posverdad es una manipulación de creencias y emociones que se construye con ciertos intereses y fines. 

“Tal vez no sepamos su origen, pero hay universidades o institutos de política que usan estas herramientas de acuerdo con alguna orden, que corre más fácilmente por internet y por las redes porque todos nos hemos convertido en emisores y receptores a la vez”, destaca. 

  Esta manipulación de emociones confirma o afirma un sesgo cognitivo y confirma una  creencia previa. “Los periodistas y los medios deberían volver a ejercer el oficio como antes; confirmar si los hechos son verídicos; ir a las fuentes; esperar para confirmar y verificar antes de lanzar una primicia. Volver a lo que nos han enseñado en las universidades y a lo que se aprende en las redacciones”, opina. 

La posverdad “hace que nos polaricemos más, entonces los medios deberían estar al centro, en un equilibrio justo para encontrar la verdad. Se debe volver a los principios y ponerlos en práctica”.

Según el periodista y abogado Andrés Gómez, en un primer momento la posverdad puede incluso desafiar a la ciencia. 

“Por ejemplo las tabacaleras, al ver que la ciencia demostró que fumar causaba cáncer, se inventaron unos científicos, hicieron unos falsos estudios y empezaron a decir que hay dos historias, dos versiones, intentando desechar la ciencia y pretendiendo imponer su opinión”. destaca. 

 Pretenden, según afirma Gómez, “obligar” a los medios de comunicación a escuchar las dos versiones, pero hay un principio en el periodismo que se llama equilibrio: “Tienes que escuchar a los dos bandos cuando hay debate, pero cuando los dos bandos tienen evidencias fácticas u opiniones cercanas a la realidad, cuando el que construye la posverdad logra ese principio, ya logró su propósito, porque está poniendo en la misma balanza la verdad y la falsedad”.

 Según Gómez, hay un falso equilibrio y éste rompe un precepto del periodismo, que es buscar la verdad. “El periodismo entonces no está buscando la verdad porque está poniendo en un mismo nivel la verdad y la mentira sabe que es una falsedad (por ejemplo que lo que dice en este caso el MAS), pero lo ponen al mismo nivel que las evidencias fácticas. Y lo que logra es la desinformación. Genera duda en la sociedad y rompe con el principio de informar y la información, por antonomasia, se define como verdad”. 

Por ello, dice, los medios responsables no pueden poner en el mismo nivel una verdad, una evidencia con una simple opinión.

Punto de vista
jimena costa benavidesPolitóloga


Efecto peligroso para el MAS

El discurso del relato sobre el golpe de Estado es una manera de disimular y cubrir agenda mediática después del fraude. Ha sido la respuesta inmediata del gobierno de Evo Morales a la evidencia del fraude que se hace durante los días poselectorales y después del informe de la OEA, que recoge una cantidad significativa de denuncias públicas sobre este tema.

Para dejar en un segundo plano ante la comunidad internacional el tema del fraude, surge el discurso del golpe de Estado. En el contexto actual, el que reflote en el discurso tiene dos efectos políticos importantes, muy preocupantes, porque una de las rutas es muy peligrosa. Por una parte el discurso del golpe de Estado busca descalificar a la oposición, asociando el gobierno de Jeanine Añez con la derecha, con el pasado, como si todos los actores políticos fueran parte de ese gobierno de Añez y de los demócratas.  Tratar de incorporar a otros actores en el tema del golpe para descalificarlos, por ejemplo a Tuto Quiroga y Camacho, es una estrategia para descalificar y vaciar de contenido democrático a la oposición.

Pero al mismo tiempo tiene un segundo efecto, muy peligroso, respecto al propio MAS, porque al plantear que hubo golpe y no fraude se está diciendo dos cosas: uno, que Evo Morales no culmina el mandato por un golpe de Estado y que habría ganado las elecciones de manera limpia y que no se fue por un fraude, sino por un golpe. 

Y al haber sido el ganador supuesto de las elecciones del 2019 también está poniendo en entredicho las elecciones de 2020 y el triunfo de Arce y Choquehuanca. Es una forma de no solamente justificar la violencia y la persecución actual y la violencia del año pasado, sino que es una manera de recuperar el espacio de poder dentro de las contradicciones internas del partido. 

Evo Morales sería el que ganó legítimamente el año pasado y, por tanto, busca posicionarse como el jefe, la autoridad y el líder del proyecto del MAS, dejando en un segundo plano secundario y solamente funcional a los intereses de la vieja cúpula y de Morales al binomio que ganó las últimas elecciones.

Algunos actores no están midiendo que el tema del golpe no solo tendrá un efecto nocivo contra los demócratas y el gobierno que todos hemos cuestionado, sino también sobre el propio gobierno de Arce.
 

 

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