El liderazgo en América Latina

De Cámpora a Luis Arce: los herederos del poder en la región

“Los líderes fuertes generalmente promueven nuevos liderazgos a su sombra, que no los opaquen o desplacen, como Lula con Rousseff”, opina un experto en análisis político.
domingo, 8 de noviembre de 2020 · 00:01

Fernando Chávez Virreira
 Periodista

América Latina está marcada por una sucesión de líderes políticos “puestos a dedo” como herederos del poder: los delfines. Los ejemplos abundan, como el caso de Héctor José Cámpora, delfín de Juan Domingo Perón en Argentina; o el de Lenín Moreno en Ecuador, sucesor de Rafael Correa. En Brasil se dio con Lula da Silva y Dilma Roussef; en Colombia con Iván Duque, el delfín de Álvaro Uribe y Juan Manuel Santos;  los fenómenos Kirchner-Fernández-Alberto Fernández en Argentina y Chávez-Maduro en Venezuela. En Cuba, Fidel le dejó el poder a su hermano Raúl.

Estas sucesiones ¿marcan un déficit en la formación y surgimiento de nuevos líderes? ¿Por qué surgieron estos liderazgos? ¿Cómo  gobernaron estos delfines? 

Para abordar la comprensión de este fenómeno político en América Latina y en Bolivia, Ideas contactó vía correo electrónico  a José Rafael Vilar (JRV), miembro de la Asociación Iberoamericana de Consultores Políticos (AICOP) y de la Organización de Consultores Políticos de América Latina (OCPLA), y un experto en análisis estratégico político.

¿Puede usted hacer un repaso de este tipo de líderes en la región? ¿Cuál fue, o es, el caso más representativo?

JRV. En stricto sensu, Cámpora no era delfín de Perón: sólo fue un puente para posibilitar el regreso de Perón y su habilitación y elección como presidente (espero que no sea el caso de Arce).

Moreno, Dilma, Maduro, Santos y Duque y Cristina y Alberto sí lo fueron. De ellos, Moreno y Santos fueron contestatarios desde el inicio a su mentor; Rousseff mantuvo un espacio bastante autónomo de Lula pero sus manipulaciones para librar a su mentor de juicios por Lava Jato contribuyeron a su defenestración congresal.

Maduro ha sido un peón sin espacio propio de la herencia de Chávez, de las exigencias cubanas y de los intereses de la cúpula chavista.

 Cristina habilitó su propio espacio tras Néstor, aunque no se le distanciara (y su muerte le convino mucho para ponerlo en el espacio de “memoria que no molesta”), pero lo que no pudo fue reelegirse por segunda vez al no conseguir mayoría en el Congreso en 2013 (y no poder contar con una justicia interpretativa acomodaticia a sus deseos porque la Reforma de 1994 de la Constitución de 1853 no se lo permitía) y, a su vez, no dejar luego de ese tercer mandato la “herencia” presidencial a su hijo Máximo (aunque ejemplos de dinastías hay en democracias sólidas, como los Kennedy –a pesar que la heredad la frustró las muertes– y los Bush en EEUU  y los Trudeau en Canadá). 

Duque sí es un fiel heredero de Uribe (aunque, por las circunstancias y los tiempos actuales, tuviera que tomar espacios propios), mientras que Alberto Fernández es presidente “por la gracia (voluntad) de CFK” y, a pesar de todos los intentos por marcar su espacio propio, es tableado por CFK y sus kirchneristas.

Cada uno, en su estilo, tuvo una representatividad distinta pero me atrevería a decir que Moreno y Cristina (con significancias y actitudes muy diferentes y algo menos Santos) marcaron sus propios espacios legados e, incluso, herencias: Cristina no pudo dejar a Máximo (“aún”) pero se prorrogó con Alberto, y Moreno promueve a Ximena Peña.

Los hermanos Castro siempre fueron una dupla: el mayor de ambos en primerísimo primer plano y el menor en la sombra, pero la dinastía Castro es más amplia y multinivel.

¿Recuerda usted alguna medida revolucionaria de alguno de estos herederos del poder?

JRV. Moreno acabó con el populismo correísta y Santos logró los Acuerdos de Paz con las FARC. Cámpora sólo gobernó 49 días. Dilma tuvo que gestionar la crisis posboom y Lava Jato la hundió a ella y al PT. Duque y Alberto no tienen mucho espacio fuera de sus alter egos, mientras Maduro intenta hacer creer que es el barquero de un esquife en el que él no tiene ni el timón ni los remos ni la vela.

¿Por qué se dan estos casos de padrinazgo político? ¿Es una constante en los liderazgos de la región?

JRV. Absolutamente. Sin contar las monarquías que hubo en la región (Haití, México y Brasil) huelgan los ejemplos desde el siglo XIX; ya en 1863 fue el inicio de poder de dos dinastías: los Jiménez en Costa Rica y los Batlle en Uruguay, pero hay muchísimas más como en Colombia los Restrepo desde 1814, los Ospina desde 1857.

Los Fujimori en Perú, los Gómez en Cuba y los Calderón, y los Figueres y los Arias en Costa Rica son otros ejemplos.

“La persistencia de los expresidentes impide que una nación avance”, opina Javier Corrales, politólogo del Amherst College. ¿Es esto así?

JRV. Lo es en la medida en que siga la tuición estrecha del mentor con el heredero. Y es lo más común.

¿Existe un déficit en la formación de nuevos líderes?

JRV. Sí. Los líderes fuertes generalmente promueven nuevos liderazgos a su sombra, que no los opaquen o desplacen, como Lula con Rousseff, Chávez con Maduro o Castro el Mayor con su hermano y con Díaz Canel.

En el caso boliviano, Luis Arce es el delfín de Evo, nombrado, además, por este último como candidato a la presidencia. ¿Podrá gobernar Arce bajo la sombra de Evo Morales? ¿Qué rumbo piensa usted que tomará el nuevo presidente de Bolivia?

JRV. Es importante una precisión: Arce Catacora es heredero accidental de Morales Ayma, no su heredero natural (que sería Andrónico Rodríguez como Evo remarcó muchas veces: por cocalero del Chapare, sindicalero y, sobre todo, muy joven y formado a su sombra, por ende, a distancia de sustituirlo).

Arce o Choquehuanca fueron, coyunturalmente, las mejores opciones electorales del entorno ampliado del Jefazo dentro de los que quedaron en el país y Arce, además, tenía dos bazas: se beneficiaba del mito del “milagro económico” del 2008-2015 (indulgencia ajena) y no era originario como Choquehuanca, lo que podía quitarle a Morales los beneficios de asociarse con todos los highlights de ser el Líder Indígena.

¿O se puede leer, en el caso boliviano, que Luis Arce y el MAS triunfaron pese a Evo Morales?

JRV. En parte, muchos que no votaron por el MAS en 2019 (ni en 2014) lo hicieron ahora, unos influidos por el mito milagrero y otros “porque ya no era la rosca del Evo”.

¿Buscan estos líderes permanecer en el poder al nombrar a sus “delfines”?

La respuesta ya está antes: absolutamente sí.

 

La “primavera camporista” de los argentinos 

En 1973, los argentinos volvieron a votar después de diez años sin poder hacerlo. Una febril ilusión se había apoderado de la juventud, principal protagonista del momento, ante la posibilidad de entronizar al peronismo en el gobierno bajo la sonrisa protectora de Héctor José Cámpora, que había sido elegido por Juan Domingo Perón para participar de las elecciones.

La presidencia de Cámpora, recordada como la “primavera camporista”, duró 49 días, en la primera de las presidencias del ciclo histórico denominado “tercer peronismo” Acto seguido, Perón retornó tras 17 años de exilio, en Madrid, asumió el poder y al poco tiempo murió dejando atónita a toda la población. Cámpora renunció a su cargo el 13 de julio de 1973, facilitando la realización de las primeras elecciones sin proscripciones desde 1955 en las que la fórmula Perón-Perón triunfó con el 62% de los votos.

Los peronistas consideraron que Cámpora traicionó al “general”, dándole demasiado poder a la izquierda. Así, la fórmula Perón-Isabel Martínez Perón gobernó desde septiembre de 1973.

Duque, el político “descubierto” por Santos y Uribe

En 2017, el senador Iván Duque fue ungido como el candidato presidencial del Centro Democrático en Colombia.  “Quiero agradecerle al presidente Álvaro Uribe, mi mentor, por su liderazgo, orientación y por inspirar nuestro partido. A su lado vamos a recorrer todos los rincones de Colombia”, decía Duque en esa oportunidad, en medio de aplausos. Y Uribe decía de él que era “un joven, preparado, garante de la transparencia”.

Desde que llegó al Congreso, Iván Duque fue considerado como el “favorito” de Uribe y como una de las revelaciones de la clase política. Pero el primero que “lo descubrió” y que lo promovió fue Juan Manuel Santos, quien lo llevó como su colaborador al Ministerio de Hacienda durante el gobierno de Andrés Pastrana. De ahí lo envió al BID, donde conoció al expresidente Álvaro Uribe. La química fue inmediata. “Me impresionó su talante, su liderazgo, su claridad”, aseguraba Duque.  Él se considera discípulo de Uribe y cree que el expresidente ha sido un gran mentor y consejero en su vida. Así, Duque se convirtió en candidato presidencial por el Centro Democrático y hoy presidente de Colombia.

El desmarque de Lenín Moreno de Rafael Correa

Contrariamente a lo que sucedió con Cámpora en Argentina, el presidente Lenín Moreno, que ganó los comicios en Ecuador en 2017, no tardó en desmarcarse de su antecesor y “padrino” político Rafael Correa. Moreno anunció sus planes de convocar una consulta popular con siete preguntas, entre ellas, una para derogar una enmienda constitucional que permitía la reelección indefinida y que Correa consideró que la intención era apartarlo del ejercicio político.

El perfil conciliador de Moreno, que fue el vicepresidente de Correa, frente al estilo de la confrontación política de este último, acabó por dividir a Alianza País (AP), el movimiento de izquierdas que se mantuvo en el poder desde 2007. Moreno incluso cesó de su cargo a su vicepresidente Jorge Glas en 2018, e impulsó su apresamiento. Glas fue sentenciado a seis años de cárcel por asociación ilícita en la trama de sobornos de la constructora brasileña Odeberch. El distanciamiento marcó una profunda ruptura con el expresidente Rafael Correa, quien, desde su exilio en Bélgica, ha repetido en numerosas ocasiones que Moreno gestó un “golpe” contra la democracia en Ecuador.

Dilma Rousseff,   la   heredera de Lula

La heredera política  de Lula da Silva, Dilma Rousseff, candidata del PT, se convirtió en la primera mujer elegida presidenta de Brasil en 2010, reelegida después en 2014. Acusada de haber maquillado las cuentas públicas, el Congreso la apartó del poder el 12 de mayo de 2016, cuando abrió un controvertido proceso de impeachment (destitución) en su contra. Rousseff legó al poder de la mano del fundador del PT. Durante el gobierno de su padrino político, fue ministra de Minas y Energía y posteriormente de la Presidencia. Analistas consideran que Dilma pudo sobrellevar el peso político dejado por su antecesor, el carismático líder Lula que gobernó Brasil durante ocho años. Su segundo mandato estuvo marcado por escándalos de corrupción que salpicaron a altos dirigentes de todas las fuerzas políticas.

Dilma Rousseff era la elección de Lula, quien la señaló como “la madre de los logros del programa de desarrollo económico” de su gobierno y la alabó en público siempre que tuvo ocasión. “Quiero  que Brasil, después de mí, sea gobernado por una mujer y ya existe la persona adecuada: es Dilma Rousseff”, decía Lula

Alberto Fernández, el delfín de los Kirchner


La expresidenta de Argentina, Cristina Fernández de Kirchner (CFK) anunciaba en 2017 (cuando ocupaba el cargo de senadora)  que Alberto Fernández “tenía la capacidad de decidir, organizar, acordar y buscar siempre la mayor amplitud posible del gobierno”, al anunciar que lo acompañaría en la fórmula como candidata a la vicepresidencia. Fernández, hoy presidente de Argentina, es un político que se muestra como conciliador, se reconoce como un militante y, sobre todo, “un ferviente seguidor” del difunto Néstor Kirchner.

 Fernández es un presidente que llegó al cargo porque ganó una elección,  pero al que su vicepresidenta decidió situar en esa posición. Aunque es el delfín de los Kirchner, Alberto dijo hace poco: “Lo digo públicamente para terminar de aventar esta historia negra de que Cristina me reta y me pega dos gritos para hacer lo que no quiero hacer. Eso no existe y no permitiría que eso exista”. Aunque Cristina guarda cierta distancia, para algunos analistas es la expresidenta la que maneja los hilos de la política .

Chávez pide a los venezolanos que voten por Maduro

A finales de 2012, cuando el “comandante” Hugo Chávez ya se había sometido a tres cirugías por un cáncer, propuso que su heredero político sea el entonces vicepresidente y canciller, el exobrero transportista Nicolás Maduro. En un discurso que conmovió a su país, Chávez dijo: “Nicolás Maduro no sólo   debe concluir el periodo, como manda la Constitución, sino que mi opinión firme, plena como la luna llena, irrevocable absoluta, total, es que en ese escenario que obligaría a convocar a elecciones presidenciales, ustedes elijan a Nicolás Maduro como presidente”. Antes de Diosdado Cabello, Maduro era “el hombre fuerte de la revolución”. Fue canciller desde el 2006 hasta el 2012. Sobre Maduro, el desaparecido líder venezolano decía: “es uno de los líderes jóvenes de mayor capacidad para continuar con su mano firme, con su mirada, con su corazón de hombre del pueblo”.   Podrá seguir “dirigiendo junto al pueblo siempre y subordinado a los intereses del pueblo los destinos de esta patria”. Dese la muerte de Chávez, su pupilo Maduro se ha mantenido en el poder ganando dos elecciones, bajo la sombra de la crítica por presunto fraude.

 

 

 

 

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