Economía e Historia

El desarrollo en la visión de De Haan

Un comentario y análisis del libro Qué es lo que le sucedió al tercer mundo. Una historia de la economía en desarrollo, de Peter De Haan.
domingo, 8 de noviembre de 2020 · 00:00

Juan Antonio Morales
 Profesor de la Universidad Católica Boliviana

 El diplomático neerlandés Peter De Haan, que estuvo en nuestro país entre el 2000 y el 2006 y es miembro de la Academia Boliviana de Ciencias Económicas, nos ofrece un trabajo de gran erudición sobre el pensamiento con relación al desarrollo económico e institucional de los países del tercer mundo. 

De Haan combina un conocimiento profundo de la problemática del desarrollo con acuciosas observaciones de los países pobres donde le ha tocado cumplir misiones diplomáticas. Está al día en el vigoroso debate intelectual de cuáles son los factores que contribuyen al éxito de las naciones y cuáles son los factores del fracaso..

El término tercer mundo fue acuñado en 1952 por el historiador francés Alfred Sauvy. Describía al conjunto de países que no eran capitalistas maduros  ni socialistas. El tercer mundo, cuando salió la expresión, ya era un conjunto heterogéneo de países de América Latina, Asia y África. Pasados casi 60 años, la heterogeneidad inicial se ha acentuado. El mismo término tercer mundo ha caído en desuso o, cuando se lo emplea, toma una connotación peyorativa.

En especial los países asiáticos, como lo subraya varias veces De Haan, se han distanciado de los países de las otras partes del mundo y exhiben ingresos per cápita e indicadores de desarrollo humano cercanos a los de los países de economía avanzada. Tan importante como lo anterior, son sociedades igualitarias. 

Los países de América Latina, que en la década de los años 50 parecían tan prometedores, se han ido atrasando con relación a los países asiáticos y  han caído en la trampa de ingresos medios, dejando de ser pobres pero no entrando al club de países de economía avanzada.

  El desarrollo africano de los últimos tiempos  es también digno de mención. En el momento de su independencia  había mucho pesimismo, que duró hasta fines del siglo pasado, sobre su futuro económico. El África Subsahariana  (exceptuando África del Sur) era considerado un continente desesperado pero en las últimas dos décadas la mayor parte de esos países han experimentado notables progresos.  

La acumulación del capital físico es sin duda importante para el crecimiento económico así como también lo es contar con una mano de obra con buenos niveles de educación, pero el factor decisivo es el de la productividad, es decir conseguir más producción con los mismos insumos. De más en más hay evidencia, como lo documenta De Haan, que las diferencias en tasas de crecimiento de las economías radican en diferencias de productividad. 

Después de pasar revista a lo que está pasando en las economías de los países en desarrollo, el libro de De Haan nos proporciona una visión muy completa del  pensamiento desarrollista. Comienza con una descripción muy interesante, a veces relegada en los debates, de las contribuciones de los geógrafos.

 Luego pasa a discutir los aportes de la primera generación de pensadores con  los modelos de desarrollo balanceado, del gran empuje, de las economías duales y de las dos brechas. En todos estos modelos se hacía hincapié en la industrialización con impulso estatal. Se formulaban planes y estrategias de desarrollo, en los que los incentivos y los precios tenían un lugar secundario, cuando no eran completamente ignorados. 

En los años 70, en la aproximación neoliberal se comenzó a dar  más importancia a los incentivos y a las políticas para evitar precios distorsionados, que muchas veces eran una consecuencia de una sobre - extensión del Estado y de altas inflaciones. Se produjo también otro cambio importante: el combate a la pobreza se incorporó a su agenda de objetivos, aunque contradictoriamente se recomendaba desmantelar las instituciones de apoyo técnico al crucial sector de agricultura campesina. Gran parte de este pensamiento se condensó en el Consenso de Washington. 

Los resultados del Consenso de Washington no estuvieron a la altura de las expectativas. Los países que aplicaron sus recomendaciones, aunque raras veces lo hicieron completamente, crecían débilmente, cuando crecían. En contraste, en los países asiáticos, no sólo en China e India, sino también en países de menor población, el Estado tuvo una participación decisiva en el despegue de sus economías, aunque a medida que maduraban se liberalizaban y devolvían la pelota a la cancha del sector privado. 

En opinión de De Haan y de otros autores el énfasis en educación y en la provisión de infraestructura para la producción tuvo un papel de primer orden. Empero, tiene que haber también inversiones complementarias y  una cultura, especialmente una cultura empresarial, que aprecie el conocimiento para que la educación rinda. En el abordaje más reciente del desarrollo se recuperó algunas de las lecciones de la primera generación, poniéndoles ropas  modernas.

El análisis de De Haan del pobre desempeño de países ricos en recursos naturales es también muy agudo y pertinente. Con frecuencia, estos países tienen macroeconomías inestables, pasando bruscamente de periodos de auge a periodos de caída. 

Durante el auge dejan sobrevaluar sus monedas, expanden el gasto público y efectúan pocas inversiones en  fortalecimiento de las instituciones, lo que hace que no estén preparados para amortiguar las caídas. Porque se maneja mal los auges se relega el sector agropecuario,  se efectúan  inversiones improductivas y se engendran autocracias, prebendalismos y clientelismos. 

La última ola de pensamiento del desarrollo económico viene de la economía institucional, que ve a las instituciones, formales e informales, como reglas de juego. Entre las instituciones más importantes están los derechos a la propiedad  privada, que dan lugar a que los ciudadanos inviertan productivamente tanto en capital físico como en mejor salud y educación.  

De la calidad de la infraestructura jurídica y de la infraestructura financiera dependerán los incentivos para producir más y más equitativamente. Esas infraestructuras son cruciales para que los mercados funcionen bien.   

La presentación que hace De Haan de las contribuciones de los historiadores económicos a nuestra comprensión del crecimiento y el desarrollo económico es extraordinariamente interesante. Los historiadores insisten en la combinación de geografía, cultura y demografía para explicar el desarrollo de las naciones. 

La historia de la tecnología es igualmente interesante. Es una variable endógena del desarrollo y no una variable exógena como se la trata en los modelos neoclásicos de desarrollo (tipo Solow). Un prerrequisito para el avance tecnológico parece ser el de haber alcanzado  buenos niveles de educación. Es interesante la observación, recogida por De Haan, de que la revolución científica precedió a la revolución industrial en Europa.

Hasta la crisis financiera internacional de 2008 se sostenía que el comercio internacional y la globalización hacían más por los países que sus estrategias de desarrollo. Es cierto que muchos países, pero no todos, como lo subraya De Haan se han beneficiado con la globalización. La descripción que nos hace De Haan de las instituciones que supuestamente promueven el comercio internacional, como la OMC y en cierta medida la UNCTAD nos deja perplejos.

 

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