Análisis electoral

El vaivén de los terceros

Camacho y Pumari hipotecaron todo su futuro político en las elecciones y CC no tuvo un rubo durante su campaña.
domingo, 20 de diciembre de 2020 · 00:00

Eynar Rosso
Estudió Filosofía y Bellas Artes

En las pasadas elecciones nacionales, del 18 de octubre, pudimos ver una serie de desaciertos por parte de los partidos y actores políticos. Hacer un análisis de éstos, ya sean antes o en las elecciones, desde una perspectiva diferente a los habituales, nos ayuda a comprender el gran tablero electoral boliviano. En esta entrega analizo a dos de los partidos políticos que estuvieron en campaña: Creemos y Comunidad  Ciudadana.
  
Los errores de Creemos

Creemos, el partido de Camacho y Pumari, cometió sendos errores antes y durante las elecciones. Su discurso se centró en el “anticentralismo”, el populismo de corte religioso y al presentarse como la novedad en la política boliviana. Con ese enfoque, este partido perdió no solamente el país, sino los departamentos de origen de sus candidatos. 

Por un lado, perdió el país al postularse a las elecciones y no sacar el porcentaje que esperaban (obtuvo 14% a nivel nacional). Este resultado le dio cuatro senadores. Sin embargo, no le sirve de mucho porque estarán de observadores, levanta manos o fichas deseables por el MAS, cuyo partido los querrá comprar para obtener los 2/3; a pesar de que aprobó la mayoría absoluta en la Asamblea. En política no hay lealtades ni en Dios ni en la región, sino en el bolsillo. Creemos no es la excepción.  

Así como perdió el país por su ambición, por otro lado, perderá los departamentos por su incapacidad. En los próximos meses se avecinan las mal llamadas subnacionales. En ellas se elegirán a gobernadores (de 9 departamentos) y alcaldes (de 350 municipios). Si bien Creemos sacó en estas elecciones pasadas el 45% en Santa Cruz y 3% en Potosí; el MAS sacó 36% y 57%, respectivamente. En ese sentido, tanto Camacho como Pumari hipotecaron todo su futuro político en las elecciones nacionales, puesto que el MAS buscará obtener ambos departamentos en sus filas. No obstante, Potosí ya está en su bolsillo; Santa Cruz empezará a caer paulatinamente y será un nuevo bastión masista desde las alcaldías.  

Lo más lógico, por parte de ambos exlíderes regionales, hubiera sido optar por obtener las alcaldías o gobernaciones. Así, podrían haber apostado por apoyar en las nacionales al segundo candidato con mayor voto y ganar respaldo para las regionales. Con esa estrategia hubieran tenido primero el país –con un aliado en el poder– y luego sus departamentos de origen. Todo eso lo perdieron. Pumari, por ejemplo, ya no es recibido en Potosí como el líder cívico que derrotó al masismo y aquel que defendió el litio. Camacho, en esa línea, ya no es una pieza clave para ocupar la silla de gobernador o alcalde. Esto porque el MAS no le dejará tranquilo por los juicios que se avecinan. 

En suma,  no optaron por un plan largoplacista, que habría ayudado para sacar al masismo de su región, haber construido puentes de integración empresarial, turística y tecnológica entre ambos departamentos (ayudando sobre todo Santa Cruz a Potosí) y volverse, progresivamente, líderes nacionales y presidenciables para el 2025. Sin embargo, la ambición, la vanidad, la mirada cortoplacista de ambos y de Creeemos los sepultó y sepultará. 

¿Cuál será el futuro de estas dos ex figuras? Camacho tendrá que enfrentar varios procesos judiciales por parte del MAS por haber comprado a policías y militares para el “golpe de Estado”, narrativa que el masismo ventilará por todos los medios. Pumari, por su parte, tendrá que rendir cuentas del dinero depositado a Comcipo el año pasado y será perseguido político tanto por su región como por el masismo. 

Creemos, lamentablemente, creyó demasiado en su suerte. Hoy, con el MAS en el poder, pagará los platos rotos.

 

La campaña menos inteligente

La campaña de Comunidad Ciudadana fracasó en muchos sentidos. No sólo en el factor de cambiar de marketing político, sino en no tener un discurso concreto para un votante objetivo. Sin embargo, hay mayores matices. 

CC, por un lado, partió en su primera campaña para enfrentarse al autoritarismo e ilegalidad de Evo Morales, propuso recomponer la institucionalidad y reforzar el concepto de ciudadanía. En su segunda campaña, en un contexto adverso y con pandemia encima, cambió radicalmente su propuesta y enfatizó en los 14 años de corrupción del masismo, las tres crisis a enfrentar (economía, pandemia y salud) y en poner primero a la gente. 

El cambiar de propuesta no sólo es un mal cálculo, sino una disonancia en su campaña para el electorado por su abstracción, sus vaivenes y su falta de emocionalidad. 

Dentro del marketing político su campaña no enfatizó en lo que ya había trabajado el año 2019. Por tanto, tuvo que construir todo de cero. Gran y terrible error. El hacer estos cambios en tan corto tiempo y frente a todos en su contra (desde el MAS hasta los otros partidos que le hicieron guerra sucia buscando robarle votos), significó no tener un rumbo en su campaña. Por lo mismo, se creó falsas imágenes del proceso electoral y no proyectó un candidato “fuerte”. Aunque la cautela y ecuanimidad son virtudes en política; lamentablemente, CC no supo capitalizarlas.

Por otro lado, la sobreexposición de Carlos Mesa en entrevistas y plataformas digitales no sirvió, porque desgastaron al candidato que no llegó a calar los medios tradicionales de comunicación ni la forma tradicional de hacer campaña: en la calle y con caravanas. Asimismo, el discurso de Mesa –por la repetición– era cada vez más acartonado, monocorde y sin nada de brillo. En otras palabras, no llegó a tener un peso como su frase: never in the live. Entonces: ¿para qué exponer al candidato, si no se tiene ninguna frase inspiradora, positiva o emotiva para finalizar sus trasmisiones? 

Enfatizo la emotividad frente a su eslogan: voto inteligente. Esta virtud, dentro de la política boliviana, no es ni primordial ni secundaría. Puesto que la gran cantidad de bolivianos no votan desde la inteligencia o la razón, sino desde las emociones, pasiones y sentimientos. En consecuencia, su campaña no tuvo ningún tipo de emotividad y le dio un resultado adverso a lo esperado, porque se buscó un voto “racional”. 

En esa misma línea, se puede entender que la apuesta por CC –a la luz de las encuestas de Ciesmori, Página Siete y Jubileo–  optaba por una mayor inversión económica en la segunda vuelta; además, cabe mencionar, que ya hizo una inversión en la elección del año pasado, sin ningún resultado. No obstante, su campaña no apostaba ni para llegar a una segunda vuelta. Esto se debe, por ejemplo, a que no utilizaron la imagen de Carlos Mesa como un objeto vendible y consumible para el votante.  

El equipo de campaña, por tanto, creyó que la población boliviana –sobre todo la juvenil y la de 35 años para abajo– ya conocía a Mesa y todos los emprendimientos que hizo. Su equipo entendió, ingenuamente, que la población ya conocía a Mesa. Pésima y terrible estrategia del partido naranja que buscaba el voto inteligente y no utilizó la inteligencia práctica en su campaña. 

En suma, CC no sólo perdió una elección histórica y una de las más importantes de la vida democrática del país. Puesto que se jugaba entre el volver al camino democrático y regresar al autoritarismo del MAS. También perdió su equipo de campaña, a la cabeza de Ricardo Paz, que no supo elaborar, leer, ni crear un discurso, un eslogan y una imagen vendible de su candidato. Así como tampoco pudo salir de su zona de confort y conocer al electorado periférico e indeciso. 

¿Qué debe hacer CC para las próximas elecciones? Primero, volverse en un partido político y no acercarse a los vicios del partido azul. Segundo, trabajar la imagen de Carlos Mesa para las elecciones 2025; hecho que se puede lograr con holgura. Tercero, modernizarse en cuanto a su equipo de campaña y jubilar a los pésimos asesores.

 

 

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