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Los DDHH y su importancia hoy

Un recuento de la vulneración de los derechos humanos que sufrió y sufre la población boliviana por parte de los gobiernos del MAS.
domingo, 20 de diciembre de 2020 · 00:00

Plataforma Ciudadana UNO

Entre el 21 de octubre y el 8 de noviembre de 2019, la Policía Boliviana reprimió duramente a la ciudadanía movilizada pacíficamente para exigir respecto a los resultados de unas elecciones que, ostensiblemente, llevaban a una segunda vuelta entre el entonces presidente Morales y el principal candidato de la oposición Mesa, pero que mágicamente y después de la suspensión del TREP, dieron la victoria a Morales en primera vuelta. Profusión de gases lacrimógenos y utilización de aparatos con descargas eléctricas para reprimir a quienes se manifestaban contra el fraude, a la par que escolta policial para sectores afines al MAS que marchaban munidos de cartuchos de dinamita, palos y piedras, bajo la mirada complacida del hermano del entonces vicepresidente.

Varios años antes, el año 2011 en Chaparina, la misma Policía había reprimido con dureza y crueldad a los indígenas del TIPNIS, que marchaban oponiéndose a la construcción de una carretera por su territorio, en defensa del medio ambiente y la Pachamama que el gobierno decía proteger. Al año siguiente, los volvió a reprimir cruelmente cuando se encontraban en puertas de la vicepresidencia del Estado; lo hizo lanzándoles chorros de agua helada, en lo peor del invierno.

La misma crueldad exhibió el gobierno para reprimir a las personas con discapacidad que se habían movilizado exigiendo un bono, impidiendo durante semanas el acceso a Plaza Murillo. O la mostró con su indiferencia frente a las víctimas de las dictaduras militares que, desde hace ocho años, han instalado una carpa frente al Ministerio de Justicia, sin recibir hasta hoy respuesta a sus peticiones. Por cierto, en esa carpa se encontraba don Julio Llanos, cuando fue golpeado salvajemente por mineros e indígenas del norte de Potosí, afines al MAS, que se habían movilizado en apoyo al gobierno en octubre de 2019. La golpiza terminó con su vida.

Ni qué decir de las tres ocasiones en las que el expresidente Morales se mofó de las demandas del Comité Cívico Potosinista, haciendo transmitir sus partidos de fulbito en las horas en que la dirigencia potosina, a la que nunca recibió, se reunía con autoridades de gobierno. 

Hace seis años, Marco Antonio Aramayo, que denunció el desfalco en el Fondioc, está encarcelado en San Pedro y tiene más de 60 procesos penales en su contra, mientras la principal autora del mismo y sus cómplices, caminan tranquilos las calles del país.

Todo el que no piensa como el MAS, es perseguido judicialmente por jueces corruptos, que se inclinan reverentes ante el poder de turno, sea azul o verde. Está todavía fresco, el recuerdo de José María Bakovic, sometido a una brutal persecución judicial, que le ocasionó la muerte. Es un Órgano Judicial al que no le tiembla el pulso para encarcelar inocentes y liberar delincuentes; “justicia” constitucional capaz de inventar el derecho humano a la reelección indefinida, para agradar a quien pensó que se quedaría en el poder hasta el fin de sus días.

Las masacres de El Porvenir, en Pando, y la del hotel Las Américas en Santa Cruz; el desastroso sistema de salud y el lamentable sistema educativo que tiene Bolivia, son también ejemplos emblemáticos de la actuación del MAS en función de gobierno.

Organizaciones sociales y sindicales cooptadas desde el Estado, o divididas cuando no se las puso cooptar.

Todos estos son ejemplos de vulneración de los derechos humanos que sufrió y sufre la población boliviana por parte de los gobiernos del MAS, para no hablar de aquellos otros casos en que un efímero gobierno, hizo también su parte en la materia.

Esto pone en evidencia la importancia de los derechos humanos, a despecho de quienes se estrellan en su contra desde diferentes flancos: los que afirman que se trata de una noción utilizada ideológicamente, como arma de combate al servicio de un proyecto político concreto; los que dicen que no son otra cosa que derechos subjetivos y producto de un sistema económico concreto: el sistema capitalista, hoy en su versión neoliberal; los que señalan que los derechos humanos son una especie de divinidad alrededor de la cual hay una religión y una legión de creyentes que le rinden culto; los que piden reinventarlos; los que le achacan todos o buena parte de los males de este mundo porque, supuestamente “por culpa de ellos”, ya no hay disciplina, ni respeto a la autoridad ni a la ley.

La proclamación de la Declaración Universal de los Derechos Humanos fue producto de un larguísimo proceso de lucha de hombres y mujeres para limitar el poder del Estado y garantizar el ejercicio de sus derechos. El primer documento de derechos humanos fue el Cilindro de Ciro (539 a.C.), al que siguieron la Carta Magna arrancada por los barones al rey Juan sin Tierra en 1215, el Bill of Rights de 1648, la Declaración de Filadelfia de 1776, la Declaración de Derechos del Hombre y del Ciudadano de 1789, entre otros. 

Infinidad de luchas, desarrolladas en diferentes épocas de la historia y en diferentes lugares, con héroes conocidos y anónimos, marcaron el camino para el reconocimiento de la obligación de los Estados de proteger los derechos de todas las personas, sin distinción de ninguna naturaleza. Esto es lo que encarnan el Sistema Universal y el Sistema Interamericano de Derechos Humanos. 

No nos dejemos engañar porque en la actualidad algunas instituciones internacionales de derechos humanos hayan sido cooptadas por gobiernos autoritarios que buscan eternizarse en el poder. 

Así como los derechos consagrados en la Constitución Política del Estado y las leyes, no pierden importancia por la existencia de jueces venales y corruptos, de gobernantes que creen que solo rigen para los militantes de sus partidos, los derechos humanos y su garantía por parte de los Estados, son una conquista irrenunciable de la humanidad por mejores días.

Seguramente hay que mejorar muchos aspectos relativos a los derechos humanos, entre ellos su cabal comprensión por la totalidad de la población. Pero eso no puede llevar a nadie a renegar de ellos y a negar su indudable importancia para el mundo entero.

 

 

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