Latinoamérica

Chile y sus vecinos

El autor analiza la situación en Argentina, Perú y Bolivia en su perspectiva con Chile, que enfrenta una crisis y momentos convulsos.
domingo, 6 de diciembre de 2020 · 00:00

Gabriel Gaspar
Cientista político

 

Cuando un país transita por una coyuntura doméstica de gran intensidad, como es lo ocurrido en Chile desde hace más de un año, suele aumentar su ombligocentrismo y no percatarse de lo que sucede a su alrededor.  Si miramos mas allá de nuestras fronteras advertiremos que toda la región, incluido nuestro entorno vecinal, se encuentra en una etapa muy movida, si no convulsa.   Una sucinta síntesis así nos lo demuestra. Veamos.

Argentina: entre  el dólar y la reactivación.

A finales de la administración Macri la economía se desplomó, lo que se expresó en una acelerada devaluación.  La protesta se expresó electoralmente y así emergió el gobierno de Alberto Fernández, que reunificó el peronismo (incluyendo kichneristas y no kichneristas) realizó alianzas con partidos regionales, movimientos sociales, sindicatos, y  dispuso de un ejercito de punteros.  Gran coalición que implicó un complejo equilibrio de poder en el Ejecutivo, dado que como se decía en tiempos del viejo PRI, “la amistad se expresa en la nómina”. 

El desafío económico era el principal, en especial por la voluminosa ayuda que en su momento el FMI le proporcionó a Mauricio Macri, que no fue suficiente para su reelección, pero que dejó al país endeudado al máximo.  Se instaló el nuevo gobierno, empezó a negociar las deudas, cuando llego la pandemia.  Cuarentena, desplome económico, incremento de la pobreza.  Argentina, un país que exporta alimentos para 400 millones de personas, volvió a ver ollas comunes en las villas, muchas de ellas atendidas por militares que fueron bien recibidos.  Las FFAA argentinas fueron desplegadas para la emergencia, pero solo para apoyo de población y no para tareas de seguridad. 

Los argentinos han sufrido una de las cuarentenas mas prolongadas del planeta, en especial la capital federal.  Para una sociedad acostumbrada a convivir en los boliches es agotador.  El virus no afloja. El FMI tampoco.  La pobreza supero el 40%.  El dólar alcanzó los 190 pesos hace poco y el gobierno haciendo malabares logró bajarlo a 160.  Pero nadie ahorra en pesos en Argentina.  Tango conocido. 

En 2021 los argentinos van a las elecciones legislativas, como se comprenderá el electorado pasará factura.  Una encuesta reciente indica que por los candidatos de la oposición votaría  un 48% mientras que un 38% lo haría por el oficialista Frente de Todos.  Los personajes mas populares son el opositor Gobernador de Buenos Aires, Horacio Rodríguez Larreta (+43%) seguido por el presidente Fernández (+41).  Mientras, Macri y Cristina si bien tienen apoyo, acumulan una desaprobación mayor.

La economía es una vez mas el eje estratégico del futuro argentino.  Un país con una enorme capacidad exportadora, especialmente de alimentos (carne, cereales, soja) junto a una industria que lucha por sobrevivir, en especial la automotriz, dependiente en gran medida del mercado brasileño.  Las restricciones a los retornos de los dólares procedentes de la exportación desalienta a los productores, y una devaluación castiga a todos.  El gobierno ha optado por restringir la venta libre de dólares, y sumemos que por la pandemia el turismo se ha desplomado, como en todas partes.  

Se vienen momentos de decisiones.  ¿Se adoptarán antes o después de las elecciones? Gran duda, pero que impactarán a la Argentina y a sus alrededores no cabe duda.  Mientras tanto la albiceleste hace lo que puede rumbo al Mundial de Qatar, para alegría del pueblo argentino.  Nada es perfecto, murió Diego.

 

Perú: en busca de  la legitimidad perdida.

El presidente Francisco Sagasti es el cuarto presidente del actual período, pasaron a retiro el titular PPK, su vicepresidente  Martin Vizcarra y Merino el Breve.  La otra vicepresidenta, Mercedes Araoz,  había renunciado en medio de los tiras y aflojas entre Vizcarra y el antiguo congreso de mayoría fujimorista.  

Conocido es el acelerado deterioro de legitimidad que ha experimentado el Estado peruano ante los sucesivos escándalos de corrupción que afectan a todos los poderes públicos.  A ese malestar se sumó la pandemia.  En Perú al menos la mitad de los trabajadores son informales, sin previsión,  sin ingresos regulares ni servicios de salud.  Viven al día.   En medio del crecimiento económico algo conseguían, vendiendo en la calle, inventando todo tipo de transporte en caóticas ciudades o migrando dentro y fuera del país.   La cuarentena los  castigó despiadadamente durante meses.

Mientras los escándalos se sucedían día a día, involucrando a buena parte de sus autoridades.  La historia reciente la conocemos, el Congreso destituyó al presidente interino y asumió Merino.  Fue la chispa que incendió la pradera, y durante días se vivió zozobra y violencia. 

La calma ha vuelto con el cuarto presidente, Francisco Sagasti que deberá en pocos meses organizar las elecciones generales para abril del 2021, reactivar la economía, proseguir combatiendo la pandemia, y con todo eso, devolver parte de la legitimidad a las instituciones.  Muchas y grandes tareas para poco mas de un semestre.  Éxitos señor presidente. 

Otra cosa es quien ganará en abril.  Recordemos que desde hace mucho, en Perú se gana en segunda vuelta.  Y generalmente ha ganado el que llega segundo.   Muchos votan de este modo para evitar lo que consideran un peligro mayor.  El resultado es que el presidente electo gana las elecciones pero no tiene mayoría parlamentaria y queda preso en un presidencialismo de minorías.   Sumemos a lo anterior el descredito de los partidos y la emergencia de organizaciones con escasa profundidad programática contrastada con las ganas de sus lideres.  En estos días se escucha la demanda de cambiar la constitución.  También en la calle resonó el baile de los que sobran, Perú y Chile son sociedades que se espejan. 

En las ultimas manifestaciones murieron dos jóvenes y muchos quedaron lesionados.  La sociedad los bautizó como los “Héroes del Bicentenario” y el presidente Sagasti ordenó iniciar estudios de reforma policial, juicio a los responsables y renovó el Alto Mando.  La réplica no se ha hecho esperar y hemos asistido  a fuertes ruidos policiales.  En la práctica alrededor de 20 generales de la Policía Nacional han pasado a retiro, algunos alegan la inconstitucionalidad de estas medidas.

 

Bolivia: el retorno del MAS.

Un año atrás Bolivia estaba conmovida, Evo saliendo presuroso del país en un avión mexicano, en el Alto miles de militantes del MAS gritaban que ¡Ahora sí  guerra civil¡ Se sucedían matanzas  en zonas populares al tiempo que se incendiaba la casa del rector de la Universidad y se amenazaban a periodistas.  Mientras una lagrimosa presidenta interina juraba con la Biblia en la mano. 

Se instaló el gobierno provisional de Jeanine Añez cuyo mandato era convocar en tres meses a nuevas elecciones.  Pero vino la pandemia, se postergaron las elecciones, el gobierno empezó a gobernar tomando decisiones de largo plazo, algunas no muy trasparentes, la propia interina decidió postularse como candidata presidencial mientras el MAS se reorganizó bajo el liderazgo interior de Lucho Arce y la presencia de Evo en Argentina. 

Ya sabemos lo que pasó, ganó el MAS ampliamente.  Los principales ministros del gobierno provisional abandonaron el país antes de que asumiera Luis Arce.  Evo ingresó triunfal por la frontera argentina.  Santa Cruz intentó un conato de resistencia que solo resulto a medias en su región.  Pero las bases del MAS están alebrestadas. 

En su última conferencia, ante Evo y el presidente Arce corearon con fuerza: ¡Queremos gente nueva! ¡Queremos gente nueva!  Estamos en los primeros días de un nuevo periodo, es evidente que la fuerza del MAS no está en los ministerios ni en los caudillos ultra ideologizados de finales de Evo, sino en las profundas raíces sociales de la Bolivia criolla, mestiza, indígena y popular. 

El presidente Arce inicia su mandato con un fuerte apoyo interno.  Pero con reticencias externas.  En su toma de posesión estuvo el rey de España, y Alberto Fernández.  Pero Brasil se hizo presente solo con su embajador.  Perú mando a un Primer Ministro que renuncio al día siguiente, de Chile se supo que quería ir el presidente, la Cancillería boliviana lo confirmó, pero al final llegó el canciller Allamand.  Ojo, Cuba tampoco se hizo presente con un alto enviado.  Quien si llegó fue el canciller de Irán y el presidente de Colombia, que sufrió agresiones verbales. 

El nuevo gobierno necesita levantar la economía, combatir la pandemia y normalizar la vida institucional.  No es poco.  Entre medio, sus autoridades han emitido señales de disponibilidad a dialogar con Chile.  En el mismo sentido se ha pronunciado nuestra diplomacia.

 
 

¿Y tú?

Es claro que los tres vecinos de Chile se encuentran en momentos complejos, unos más que otros, pero todo muy movido.   Poco más de un año atrás, días antes del estallido social, el presidente Piñera remarcaba que en esta América convulsa, “Chile era un oasis”.  Un año después, es probable que nuestros vecinos y el resto del vecindario no nos vean así.  

Cuando se presentan mociones para que el presidente renuncie y se adelanten las elecciones, o el oficialismo empieza un prematuro descuelgue de la Moneda, y los parlamentarios de oposición (no todos) dan un lamentable espectáculo de farándula y ambición.   O cuando el presidente solo puede hacer declaraciones protegido por los muros de la Moneda y cuando sale a regiones solo puede asistir a actos dentro de regimientos o en buques de nuestra Armada,  no parecemos una excepción.  

Todo ello en medio de una aguda crisis económica para las mayorías populares que asisten enrabiadas ante este espectáculo de las élites, la imagen de Chile debe parecerse, mas que a un oasis, al de esos burdeles de antaño que acuñaron la expresión del desorden cuando “se embriagaba la administradora” (en jerga criolla la traducción es más picaresca: desorden que se produciría en ese caso en un burdel: las prostitutas no cobrarían, el trago se repartiría gratis).

Para ser un buen vecino, lo primero es ordenar la propia casa.  Lo segundo, asumir que con los vecinos vamos a convivir siempre, y entonces lo mejor es estar atentos  a lo que les sucede.  Por cierto, la mejor seguridad no es hacerse el lindo en el barrio (lo que no parece además ser tan cierto) sino entender que un barrio ordenado y próspero nos conviene a todos.

 

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