Los emperadores romanos Nerón y Calígula; y Trump

El imperio al borde del colapso

El juicio a Donald Trump estuvo plagado de mentiras y alegatos falsos; una letanía de mentiras y argumentos que no engañan a nadie.
domingo, 16 de febrero de 2020 · 00:00

Wilfredo Villegas    Educador y periodista

Es triste, inmoral y decadente el espectáculo del impeachment (juicio de destitución) que se libró en Estados Unidos contra el presidente Donald Trump. La degradación de la política norteamericana es solo comparable a los días del Imperio Romano, cuando emperadores como Calígula y Nerón hicieron del Senado su juguete para cumplir sus decadentes caprichos y desbordadas ambiciones. Roma ardió y el glorioso Imperio colapsó. 

Hagamos   un poco de historia.  El Imperio Romano fue una de las civilizaciones más longevas y extensas de todas las que han existido en la historia de la humanidad, conoció muchas formas de gobierno como la monarquía, república o imperio. Debido a esto, muchos hombres alcanzaron la responsabilidad de organizar la vida en la Antigua Roma y no todos ellos estuvieron a la altura. 

Vamos a hablar de dos de los emperadores romanos más polémicos , entre estas líneas revisaremos a Nerón y Calígula. Nerón persiguió de manera implacable a todos los miembros de la nobleza romana: en algunos casos incluso obligaba a muchos de ellos a suicidarse. La razón de su obsesión  de someter a los miembros más destacados del imperio era sencilla, su paranoica mente no dejaba de imaginar conspiraciones en su contra. 

Al final de sus días como gobernador, estas revueltas fueron reales debido a su megalomanía y comportamiento despiadado, pero Nerón siempre fue capaz de sofocarlas todas. A este tirano poco le importaba el bienestar de su pueblo y se hizo construir un palacio de 80  hectáreas en el que vivía aislado del mundo real. 

Su reinado se recordará por la toma de decisiones que únicamente él entendía, entre ellas la de ejecutar a su propia madre, castrar a uno de sus jóvenes amantes (Esporo) para que pareciera una mujer y casarse con él o, según cuentan algunos historiadores antiguos, quemar la propia ciudad porque quería construirla a su gusto.

Precisamente este acto es el que más lo inmortaliza, aunque no todos los historiadores de la época atribuyen el gran incendio a Nerón. El fuego destruyó por completo cuatro de los 14 distritos que tenía la ciudad en aquellos tiempos, además de dejar otros siete bastante afectados. 

Como hemos comentado, algunos autores aseguran que no estuvo en la ciudad en esos momentos, mientras que otros como Casio, aseguran que mientras se quemaba la ciudad Nerón estaba tocando la lira y recitando un poema, muy tranquilo. Ese acto  hablaría de su gran crueldad y falta de remordimientos. Su muerte también fue bastante oscura, ya que terminó suicidándose mientras huía de la ciudad por miedo a que sus enemigos tomaran represalias.

Los actos de Calígula

Calígula no fue mejor emperador que Nerón,  todo lo contrario. Nacido en una familia numerosa, su nombre real fue Cayo Julio César Germánico y le apodaron Calígula, mote que se traduce como “botita”. Ese apodo le sacaba de quicio, por lo que nadie se atrevía a decírselo a la cara. El pueblo romano pensaba que Calígula sería igual de buen gobernante que su padre por lo que omitieron la poca experiencia que el joven tenía al mando, error del que más tarde se arrepentirían.

El estado psicótico de este emperador, se cree, que se vio agravado debido a una acefalía severa que pudo sufrir y que no le permitía dormir más de tres horas al día, por lo que su estado de nervios era extremo. Nerón y Calígula también tuvieron en común las dimensiones gigantescas del palacio en el que vivían. Dos de las curiosidades o excentricidades más grandes acerca de este emperador, fueron el nombramiento de su caballo como senador, o la desastrosa invasión de Bretaña que terminó con sus soldados recogiendo conchas en la playa para echar la culpa de su fracaso a Neptuno.

Murió asesinado a manos de los guardias que supuestamente tenían que defender su vida, acción que deja muy claro el estado de desesperación en el que vivía el pueblo bajo el mandato de este emperador.

En analogía con este par de psicópatas, ahora  toda la humanidad debe presenciar la caída del imperio instalado  en Washington DC , donde se llevó a cabo  un juicio por abuso de poder y obstrucción de la justicia contra  uno de los mayores egos que habitan el planeta, donde la ambición de un solo individuo: “I am the King”, (yo soy el rey) contra el “We the people” (nosotros el pueblo), es inmoral porque se exhibe en los testimonios   la degradación del sistema político norteamericano, en el que la ambición personal se impone al beneficio colectivo. 

Ante la  negativa de los senadores para aceptar que haya testigos en el juicio, John Bolton, el exconsejero de   seguridad de la Casa  Blanca  tiene la historia de primera mano: un testigo imprescindible que conoce  que se dio dinero a Ucrania a cambio de favores políticos personales que  ayudaran a Trump a  descarrilar a Joe Biden, el principal oponente demócrata para las elecciones de noviembre  de  2020.

 El juicio a Trump  estuvo plagado  de mentiras y alegatos falsos; una letanía de mentiras y argumentos que no engañan a nadie.   Mintió a la nación.  Entonces, cuando un país  es secuestrado por un mitómano, en un juicio donde no va testificar nadie, Donald Trump será reelegido.

 Estados Unidos está   gobernado por el conductor de un reality show, intolerante, mentiroso, que no acepta que lo contradigan.  Entonces, estaremos presenciando el colapso del imperio. 

 Cuando una sociedad no distingue entre el bien y el mal se asemeja más bien al diagnóstico de una sociedad con rasgos de sociopatía colectiva, que no siente culpa por sus acciones y comportamientos. El juicio de la historia es y seguirá siendo implacable con aquellos que desde el poder cometen toda serie de injusticias que repercuten de manera negativa en la sociedad en su conjunto. Así es el gobierno de Donald Trump, plagado de abusos de autoridad y violación sistemática al estado de derecho.

Frase del día: “el ser presidente es un trabajo serio, no es un reality show”. Barack Obama.

 

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