Vocación

Hacia una reforma educativa

Los nuevos docentes deben ser verdaderos apóstoles de conocimiento, moral y civismo; deben ser forjadores del carácter a que se refería el gran Franz Tamayo.
domingo, 16 de febrero de 2020 · 00:00

Rodolfo Becerra de la Roca Historiador y miembro de la Academia de Historia Militar

La educación en Bolivia ha atravesado por muchos eventos y formas, desde la impartida por los sacerdotes en los seminarios de la Colonia, sometida a los cánones religiosos que, seguramente, subsistió en los primeros años republicanos con algunas variantes. 

 Luego se instauró la instrucción a cargo del Estado en elementales escuelas de primaria y secundaria, fundándose  colegios en las capitales de departamento,  donde aparecen el Junín de Sucre,  Ayacucho en La Paz, el Sucre en Cochabamba, Bolívar de Oruro, el Pichincha en Potosí, y el  Florida en Santa Cruz con recursos provenientes de la venta de los tesoros religiosos decretada por el presidente Sucre, colegios que durante su vigencia  gozaron de justo predicamento y prestigio, a los que acudían de las provincias los pocos estudiantes que tenían  la suerte de proseguir  estudios secundarios.  

Poco a poco se establecieron  escuelas municipales y en los pueblos existían personas  particulares con alguna versación que por un emolumento módico impartían las primeras letras, en aquellos bajo un régimen disciplinario muchas veces riguroso donde no faltaba el castigo físico.

El liberalismo introdujo un nuevo sistema educativo bajo la dirección de la misión belga a cargo de Georges Rouma, pedagogo  que fue contratado junto a unos 24 profesionales extranjeros  y bolivianos que modernizaron la educación, fundándose el 6 de junio de 1909 la Escuela Normal de Maestros de Sucre, donde se prepararon los primeros profesores que se llamaron normalistas, bajo el principio de “la educación para Bolivia desde Bolivia” con base al conocimiento del país, de su geografía, de su historia, de su sociedad y cultura. Se fundaron escuelas normales rurales como en Umala, Sabaya, Puna, etcétera. Y finalmente en 1917 se estableció la Escuela  Normal Superior de La Paz.

Los profesores formados en la Normal de Sucre se convirtieron así en sembradores de la semilla del saber en los distintos confines  del territorio nacional, contribuyendo a la construcción de bases sólidas en la nacionalidad boliviana. Este primer intento de avance de la educación en Bolivia siguió de acuerdo con los avatares de la política con altibajos y sin dar solidez a un sistema educativo que incorpore a  la población campesina, manteniéndola en la ignorancia y el atraso, no obstante los cambios revolucionarios que se sucedieron en el periodo del MNR.

En los últimos 15 años de  auge económico, uno de los avances que pudo encararse  es el mejoramiento del  nivel de la educación en Bolivia; pero, lamentablemente, fue el desperdicio y la demagogia más repulsivos, los que imperaron perdiéndose la gran oportunidad de modernizar y dar impulso a la educación,  como fue el obtenido por la mentada Misión Belga Rouma de comienzos del siglo pasado, que tuvo impactante trascendencia durante muchos años.

Últimamente, se está discutiendo con reiteración sobre la necesidad de una  reforma de la educación, no solamente en los niveles de primaria y secundaria, sino aún  de la universitaria que adolece de muchas distorsiones. 

Dentro de esta preocupación el canal de la televisión estatal  auspició el pasado sábado 1 de febrero un análisis del problema a cargo de distinguidas personalidades como el exvicepresidente Víctor Hugo Cárdenas,  Ricardo Calla,  Elmer Hermosa, Roberto de la Cruz, y el constitucionalista William Bascopé,  que expusieron importantes enfoques para que los siguientes gobiernos acometan la prioritaria tarea de una reforma educativa en Bolivia que aproveche e impulse  las potencialidades y talentos de nuestra niñez y juventud.

 Las ideas de Cárdenas fueron sesudas, así como de los otros y podemos resumirlas y complementarlas del siguiente modo: No cabe duda que primero que todo habrá que elevar la capacitación de los profesores, no solamente en el conocimiento de su especialidad sino también en el aspecto  ético y patriótico. 

Los nuevos docentes deben ser verdaderos apóstoles de conocimiento, moral y civismo; deben ser forjadores del carácter a que se refería el gran  Tamayo y deben constituirse en los guías de la investigación y del emprendimiento;   también, como dijo Calla, la formación del alumno no debe estar ausente de la estética y del arte, como debe hacerse énfasis en la enseñanza de las matemáticas, que es un instrumento útil para la reflexión y la lógica, cual sugirió Bascopé. 

Otro aspecto que se debatió fue la educación en lenguas originarias y el español y que contrariamente a la repulsa del gobierno del MAS a la enseñanza del inglés, debería enfocarse su aprendizaje a través del trilinguismo. A este respecto, tiene fundamental importancia que en Bolivia debe incorporarse el inglés como un idioma obligatorio que junto al español deben impartirse con riguroso empeño porque, de otro modo, el país corre el riesgo de quedar rezagado en el desarrollo cultural y en la investigación tecnológica. 

En lo que se refiere  a los idiomas originarios debemos admitir su importancia y necesidad, pero su enseñanza no requiere mayores esfuerzos económicos y de personal, porque su uso está impuesto por la costumbre en las familias y comunidades que obligan a su uso y práctica. Quién no habla el quechua o aymara en Cochabamba, Chuquisaca, Potosí y en La Paz y más todavía en los pueblos y comunidades rurales. Entonces su incorporación en las escuelas resulta innecesaria y una pérdida de recursos que deben destinarse enfocados ala enseñanza del inglés. 

En mi experiencia, considero un error enorme que no haya aprendido el inglés que me hubiera catapultado a niveles superiores en mi formación y ejercicio profesional y cultural. Los siglos de cultura occidental no han hecho mella a la conservación y expansión de nuestros principales idiomas nativos; en el campo, en las ciudades y pueblos donde espontáneamente los niños aprenden sus idiomas nativos y son de uso generalizado, más que el español, sin necesidad de profesores.

Entonces, una reforma educativa debe asentarse en la introducción de la enseñanza del inglés en todas las escuelas de Bolivia, como factor de progreso y de verdadero “cambio”, lejos de las posturas demagógicas de los políticos; seguramente, algunos dialectos desaparecerán indefectiblemente en comunidades, no naciones, que se irán extinguiendo en la medida de su absorción por la cultura general de la nación boliviana. 

Tal vez sea necesario el establecimiento de centros o institutos que se dediquen a preservar esos dialectos con fines investigativos, pero el quechua y el aymara no desaparecerán nunca, por la fuerza de la costumbre y tradición de las comunidades que las practican.

La reforma de la educación en Bolivia es urgente y necesaria, pero debe diseñarse por los bolivianos, estudiando desde luego las experiencias extranjeras como la japonesa por ejemplo y otras, guardándonos de confiar esta importante tarea a “expertos” extranjeros que, como en las reformas judiciales, solo enredaron más la administración de justicia.

 

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