Matasuegra

Desprendimiento oportuno

A propósito de las candidaturas de Añez y Camacho, toda la lucha del pueblo boliviano quedará en nada si el desprendimiento de los líderes políticos no se da en el justo momento.
domingo, 23 de febrero de 2020 · 00:00

Willy Camacho Escritor

El martes 18 de febrero, Luis Fernando Camacho presentó una carta en la que solicita al Comité Pro Santa Cruz que llame a una reunión de emergencia con los candidatos de partidos y alianzas disidentes al partido azul. En la misiva, indica que pone su candidatura “en blanco por Bolivia. Esto no quiere decir que nosotros nos vamos a bajar solamente porque otros candidatos sumen; vamos a bajarnos para que todos apoyemos a una sola candidatura”.

La decisión fue tomada después de conocerse una encuesta que le da un 31% de intención de voto al MAS. “Si nosotros hemos puesto nuestra candidatura en blanco, la vamos a poner las veces que sea necesaria por Bolivia, pero sentémonos y hagamos una sola candidatura (...). No podemos permitir que sigamos todos los bolivianos con el Jesús en la boca porque las encuestas le dan excusa al MAS para aprobar esa senaduría en la que está el expresidente Evo Morales”, argumenta Camacho en la carta, pero añade una especie de advertencia: “Sentémonos en una mesa, pero lo dijimos la primera vez y ahora vamos a ser más tajantes (...). Ponemos nuevamente nuestra candidatura en blanco y espero que todos los candidatos que asistieron a la reunión el 1 de febrero vengan con la misma convicción”.

Claro, no se entiende muy bien qué quiere decir con “poner en blanco” su candidatura, aunque se puede inferir que estaría deponiendo sus ambiciones presidenciales, eso sí, siempre y cuando los demás candidatos tengan el mismo “desprendimiento”. Lo cual nos lleva a un dilema: si todos los candidatos ponen sus candidaturas “en blanco”, ¿quién se enfrentará a Arce Catacora?

Según algunos politólogos, Camacho quiere negociar el 9% que le asigna la encuesta de Ciesmori. En tal sentido, su “desprendimiento” depende de qué pueda obtener (senadores diputados, ministerios, etcétera) con alguno de los frentes que lo aventajan en este primer sondeo. 

Obviamente, habría que descartar al MAS (31,6%), de modo que solo le queda posibilidad de negociación con Mesa y Áñez (17,1% y 16,5%, respectivamente). El problema es que la intención de voto no es una buena carta para negociar, porque Camacho no le puede asegurar a nadie que ese 9% será traspasado a la candidatura a quien él desea apoyar. 

De hecho, la gente que apoya a Camacho, pese a las tremendas metidas de pata que ha tenido en su breve carrera política y la falta de principios que ha demostrado, tienen características similares a los que conforman el voto duro del MAS: más que partidarios, parecen creyentes. Es decir, creen religiosamente en el líder, y nada los convencerá de que obra mal.

Mucha gente cree que todos los hechos de corrupción del masismo, que se descubren a diario desde que Morales huyó del país, son mentiras de los neoliberales. No hay prueba que los convenza de lo contrario, y aunque la hubiera, Evo, para ellos, está por encima del bien y del mal, todo lo que hizo, hace y hará es, de principio, bueno, aunque parezca lo contrario (como dicen los católicos “los caminos del señor son misteriosos”).

Algo similar parece ocurrir con los seguidores de Camacho, que lo consideran artífice de la recuperación de la democracia y que ahora (en redes sociales y algunos artículos de prensa) alaban su generosidad y desprendimiento por Bolivia, sin considerar que este “desprendimiento” se da recién ahora, cuando las encuestas demuestran que su popularidad ha disminuido (o quizá nunca fue tan alta como él suponía). 

Esta fe ciega se asienta en el tono radical del discurso de Camacho, ya que ese 9% seguramente se identifica con lo que este representa (lo mismo ocurre con Chi, cuyo discurso extremista capta adeptos).

Entonces, volviendo al punto, Dadas las características de este tipo de seguidores, es muy difícil que ellos cambien su intención de voto en favor de alguien que no representa su línea de pensamiento. En otras palabras, Camacho no puede ofrecerle a Mesa el apoyo de ese 9%, pero sí a Áñez (aunque no todo). Pero, ¿será que Camacho es un buen aliado en este momento? Tal vez su propia conducta lo ha convertido en el “indeseable”, pues es probable que aliarse con él implique ganar el voto de algunos de sus seguidores, pero también perder el voto de muchos propios.

El MAS observa de palco todos estos movimientos y respira con alivio, pues la encuesta le permite soñar incluso con una victoria en primera vuelta (no es imposible al paso que vamos). Las candidaturas de Camacho y Áñez nos han llevado a esta situación, de ahí que ciertos “desprendimientos” causen risa (e indignación), pues cuando son a destiempo no pueden subsanar el perjuicio que originalmente fue causado por la ambición.

Recordemos que Óscar Ortiz, por ejemplo, luego de conocerse los resultados de las elecciones de octubre de 2019, ofreció su apoyo “sin condiciones” a Carlos Mesa; sin embargo, ¿cuán útil resultaba?, Ortiz había obtenido apenas un 4%, y el MAS (si no hubiera habido fraude) igual habría controlado el Legislativo. 

Ortiz no solo fue terco, pese a las encuestas previas, sino que se ensañó contra Mesa, sumándose a la guerra sucia impulsada por el MAS. De ahí que el “desprendimiento” posterior resultara tan indignante cuanto hipócrita.

Cuando Camacho anunció su intención de candidatear, mucha gente se decepcionó, pues se reveló que la lucha cívica solo fue un pretexto para dar el salto a la arena política. Luego, con el escándalo de los audios y la entrevista con Fernando del Rincón, Camacho se mostró como un político bajo, con los mismos vicios que tanto se criticó en el pasado, y la decepción fue peor. De ahí que mucha gente se planteara: “A que vengan esta gente, prefiero que sigan los masistas”.

Similar decepción provocó la candidatura de la presidenta Áñez (aunque haya gente que la apoya), ya que no respetó su propia palabra ni la misión que le encomendó el pueblo. De ahí que la primera encuesta refleje tanto apoyo al candidato masista. Pero el MAS también ha cometido un error: ceder a los caprichos del jefazo y aceptar su candidatura a senador. Más allá de lo que resuelva el TSE, esto, además de ser un factor que puede generar unidad en parte de los opositores al masismo, también podría generar rechazo en los votantes (lo cual creo que se reflejará en la próxima encuesta).

La falta de desprendimiento de Evo Morales perjudica a su partido, que, con los errores de la oposición tenía todo para hace una buena campaña electoral. En tal contexto, pese a todo, la propuesta de Camacho no es mala y debería tomarse en cuenta, ya que toda la lucha del pueblo boliviano quedará en nada si el desprendimiento de los líderes políticos no se da en el momento oportuno.
 

 

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