Poder y ética

La ambición rompe el saco...

La corrupción en el régimen del MAS grabó en las masas su poder de engaño, con el costosísimo burdo culto a la personalidad de su líder.
domingo, 09 de febrero de 2020 · 00:00

Gastón Ledezma Rojas Abogado. Expresidente del I.C.A.L.P

“Que haya elecciones libres aunque el cielo se hunda”, dice el politólogo W.J. Mackemzie (Edit. Tecnos, Madrid - 1962),  en su obra Elecciones Libres, en la que aborda el apoyo popular, procurando una ordenada sucesión de los gobiernos. Las elecciones del 20 de octubre pasado dieron mayor vigor a ese clamor ante el descarado fraude con que entonces el partido gobernante intentaba eternizarse en el poder.

Ese colosal e inaudito fraude, que puso de relieve a nivel mundial la corrupción y catadura moral del anterior régimen, sirvió para actualizar el famoso dicho de un estadista al pronunciar su inolvidable sentencia: “donde se pone el dedo, salta el pus”, significando así el estado de descomposición de valores del país, en demostración de la depravación que llegó a su clímax en ese desgobierno. 

El prestigioso académico de la Universidad de Salamanca, Gustavo J. Naveira de Casanova, decía que “partiendo de la idea de corrupción que nos brinda la escolástica, debe señalarse que el cuerpo de un ser vivo, en el caso de los humanos, se corrompe cuando pierde la vida, ya que si se separa, la carne del alma, pierde su ser. Deja de ser”. Esa es la corrupción que, gradualmente, fue descubriendo el pueblo.

Con ese marco de fondo, se sufría el azote de la corrupción, corriendo silenciosa pero desenfrenadamente, en relación directa al tráfico de la droga y consiguiente  pérdida de valores trascendentales.

Se ha visto cuántos discípulos del famoso político francés José Fouché han transitado por las licitaciones, contratos directos y donde hubiese recursos fiscales, en la descripción que de él hace el gran escritor Stefan Zweig,  de quien decía: “Para estos negocios sucios es Fouché el hombre ideal”, agregando más adelante que “Fouché descubre en 1797 que el dinero huele mejor que la sangre de 1793”. Gran  parecido con los personajes masistas. 

La corrupción estuvo muy bien apoyada con la demagogia oficial, que grabó en las masas su poder del engaño con el desafiante y costosísimo burdo culto a la personalidad del líder del MAS.

José Ortega y Gasset en su siempre vigente obra La rebelión de las masas, dice que “es muy difícil salvar una civilización cuando le ha llegado la hora  de caer bajo el poder de los demagogos.  Los demagogos han sido los grandes estranguladores de las civilizaciones”.

A ese culto se agregó que el líder cocalero haya fracasado en su ansia de poder. Rousseau lo dijo: “el más fuerte no lo es jamás bastante para ser siempre el amo o señor, si no transforma su fuerza en derecho y la obediencia en deber”.

En otro orden de ideas, es necesaria una ley electoral debidamente dimensionada a nuestra realidad sociocultural y política, que sea para el TSE el filtro regulador que permita la decantación de los candidatos poco serios, e impedir que sean las elecciones el espacio para que  la audacia abra sus puertas al ilícito comercio de las componendas, con la única mira de sorprender al electorado, so pena de establecer severas sanciones para que no usen el trampolín electoral como burla a la buena fe del confiado elector.

De ahí que   hayamos tenido  una Asamblea Plurinacional integrada en gran parte por iletrados y desubicados, sumisos solamente a los designios de caciques de turno. Tal vez ahí está la explicación de  su fracaso legislativo. 

Con esta premisa, se advierte penosamente que las primeras actuaciones son la pauta para demostrar que es  cierto el apotegma que previene que “la ambición rompe el saco”, pecado capital que grafica  la realidad donde no se juega la dignidad, sino la ocasión de postular a las dos primeras magistraturas del país.

Es el juego de “al todo o nada”. ¡Qué importa la Patria! ¿Etica? ¿Qué es eso? No quiero; échalo al sombrero ¡Hay que pactar con el mismo diablo!  Así son las manifestaciones de la ambición como sinónimos de avaricia y codicia.

Y este es el caso de postular “de cualquier forma” a las dos primeras magistraturas, sin más miras que los fementidos propósitos de grupo por encima de los fines supremos de la Nación. 

Pasando por esta consideración, se hace necesaria una breve referencia respecto a la carrera presidencial. Obviamente surgen candidatos de todo género: con pocos reconocidos méritos personales, los menos; como otros “inquilinos” de algún partido; y, por último, los osados o temerarios. Algunos sin salir del circulo vicioso que proceden de improvisadas alianzas o pactos circunstanciales, otros efímeros, incoloros y amorfos, es decir, sin ideología, programas o postulados. 

Hasta ahora, el pueblo no conoce sus intenciones. ¿Quizás deba esperar al “debate” de última hora?

En este escenario, ¿acaso se observó algún candidato que declinó participar en favor de otro? No. Parece que íntimamente desearan la dispersión de votos y el fortalecimiento de aquellos contra los que el pueblo tuvo jornadas heroicas.

No puede dejarse en el  olvido la decisión de la senadora Jeanine Añez para asumir tamaña responsabilidad de llegar a la Presidencia en momentos críticos para la Patria, luego de tantos años de escarnio. Sería un grueso error que su entorno le haya inducido a tomar esa decisión y en el futuro pierda su autonomía.

La labor de la Presidente no se puede negar: es ímproba, con sus luces y sombras como toda obra humana. La antropofagia política actúa cruelmente, llegando a negar cualquier voluntaria postulación presidencial. Déjense de lado nimiedades y actúese con altura de miras y desprendimiento dando su apoyo sin consignas, pero también vigilantes para evitar que los cortesanos no la opriman en ningún sentido.

Y, por último, ¿acaso pareciera que tácitamente existe entre los candidatos algún pacto para dirigir su artillería contra la “única mujer candidata” que, para mayor claridad es la actual Presidente? ¿Por qué, en instantes todavía álgidos para la Patria no existe un ápice de comprensión y esfuerzos, sin bajos intereses de género? Así de claro.

 

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