Matasuegra

¿Por qué la prudencia es un defecto?

Grupos de “resistencia” se han convertido en una especie de milicias urbanas y se han tomado atribuciones que no les corresponden.
domingo, 09 de febrero de 2020 · 00:00

Willy Camacho Escritor

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Quiero empezar este matasuegrazo recordando un poco de mitología griega, específicamente, la historia de Dédalo y su hijo Ícaro (transcribo un resumen de este mito, extraído de Wikipedia, aunque recomiendo la versión de Ovidio, en Las metamorfosis). Ambos eran prisioneros del rey Minos (por motivos que ahora no vienen al caso) y estaban encerrados en el laberinto que el propio Dédalo había construido. Dado que Minos controlaba la tierra y el mar, Dédalo decidió huir por aire. Así, él y más gente puso manos a la obra para fabricar alas para él y su hijo. Recolectó plumas de diferentes tamaños, ató las más grandes con hilo y las más pequeñas con cera, y le dio al conjunto la suave curvatura de las alas de un pájaro.

Cuando al fin terminó el trabajo, Dédalo batió sus alas y se halló subiendo y suspendido en el aire. Equipó entonces a su hijo de la misma manera y le enseñó cómo volar. Cuando ambos estuvieron preparados; Dédalo advirtió a Ícaro que no volase demasiado alto para que el calor del sol no derritiese la cera, ni demasiado bajo para evitar que la espuma del mar mojara las alas impidiéndole volar.

Después de este consejo, ambos batieron sus alas y huyeron volando del laberinto.

En su vuelo pasaron sobre Delos, Samos y Lebintos. En ese momento, Ícaro comenzó a ascender cada vez más hasta que el ardiente sol ablandó la cera que mantenía unidas las plumas y éstas se despegaron. Ícaro agitó sus brazos, pero no quedaban suficientes plumas para sostenerlo en el aire y cayó al mar. Su padre lloró y, lamentando amargamente sus artes, llamó Icaria a la isla cercana en memoria de su hijo.

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La denominada “resistencia” ha jugado un papel importante en la recuperación de la democracia. En Cochabamba, concretamente, los jóvenes de la resistencia soportaron los ataques del masismo y lograron defender su ciudad reaccionando de manera oportuna y prácticamente sin excesos, que suelen ser comunes en este tipo de situaciones.

Por ello, sorprende que ahora estos grupos (o lo que queda de ellos, las cúpulas) se hayan convertido en una especie de milicias urbanas que, so pretexto de resguardar la paz, se han tomado atribuciones que no les corresponden. Ya vimos con indignación cómo desalojaban a señoras de pollera de una plaza, aduciendo como justificación que eran masistas. Algunos periodistas se han quejado de que la “resistencia” no les deja hacer su trabajo libremente, como cuando llegaron a Cochabamba Marcos Pumari y, luego, Manfred Reyes Villa, sin que hasta ahora alguien haya explicado a qué se debe esta actitud en contra de la libertad de expresión.

El último caso envuelve el apuñalamiento a un supuesto exguerrero digital a manos de un miembro de la Resistencia Kochala. Aunque los delitos son personales, el hecho muestra qué tipo de ánimo habita en estos jóvenes, cuya intolerancia está agravándose hasta extremos sangrientos.

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Hace unos días conversé largo con un buen amigo masista y, en cierto momento, fue inevitable tocar el tema político. Él es un tipo inteligente, o sea que, pese a su perspectiva, totalmente influida por su simpatía hacia el MAS y principalmente hacia Evo, se confesó incapaz de brindar argumentos para defender muchas irregularidades cometidas en los 14 años de gestión. Para él, lo más grave habría sido vulnerar la voluntad popular del 21F; sin embargo, me dijo que, si bien no puede defender nada de eso, prefiere pasar por alto esas cosas, antes que aceptar que vuelva lo de antes, refiriéndose a los neoliberales, obviamente.

Algo similar me  dijo, hace un año exactamente, la exministra Gabriela Montaño, quien admitió, de cierta manera, que recurrir al argumento del derecho humano para forzar la repostulación de Morales era básicamente una mañudería, pero que, frente a la posibilidad de que vuelvan los viejos políticos, eso era un detalle mínimo. A ambos les dije que convertirte en lo que odias para evitar que lo que odias vuelva no es lo más ético.

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La “resistencia” luchó contra el autoritarismo, contra los atropellos que cometía el anterior gobierno. Compartimos indignación por los mismos vicios del masismo, como era emplear grupos de choque para amedrentar a opositores (hoy oficialistas), o abusar de una situación coyuntural de poder.

Y resulta que hoy, a tres meses de haberse ido Morales del país, algunos de estos jóvenes están dispuestos a todo con tal de que esos vicios del masismo no vuelvan. Están dispuestos a convertirse en lo que odiaban. Están dispuestos a abusar del poder, a cometer atropellos, a discriminar… eso sí, por buenos motivos, según ellos. Lo mismo que decían y dicen los masistas: que todo es válido y perdonable con tal de no permitir el retorno de los neoliberales.

Asimismo, ojalá que la presidente Añez (quien pese a su falta de palabra aún no ha cruzado completamente el puente) no se convierta, durante la campaña, en un remedo de Morales, aprovechando los recursos de todos los bolivianos para sus fines políticos.

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Parece que los extremos están de moda. O giras el volante totalmente a la derecha, o totalmente a la izquierda. Lo demás es considerado “tibieza”, algo que muchos le reclaman a Mesa, quien, sin embargo, es el candidato que más consecuente ha sido, no solo en los últimos meses, sino desde la larguísima campaña electoral de 2019. Se mantuvo fiel al principio de no ingresar a la guerra sucia y, pese a las consecuencias políticas, fue leal con Gustavo Pedraza. No ha variado su discurso al calor de los acontecimientos, se ha mantenido en el medio, sin acercarse tanto al sol ni mucho al mar.

Desde tiempos antiguos la prudencia ha sido considerada una virtud, y no entiendo por qué en nuestra época eso podría asumirse como un defecto. Sabemos que la línea recta es la ruta más rápida para llegar a un objetivo; doblar a la izquierda o a la derecha solo nos hace más largo el recorrido.

Espero que los electores no nos dejemos deslumbrar por los discursos radicales. Hace 14 años lo hicimos, y ya ven cómo acabamos. Es fácil convertirnos en quien odiamos si no somos prudentes.
 

 

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