Elecciones en Estados Unidos

Demócratas sin salida: el “efecto Sanders” y la división

La batalla entre los candidatos demócratas en los Estados Unidos deja en evidencia la profunda división del partido que aspira arrebatarle el poder a Donald Trump; éste, por su parte, ya tiene clara la carta ganadora sobre la mesa: su gestión económica.
domingo, 1 de marzo de 2020 · 00:00

Octavio Enriquez Periodista CONNECTAS Clara Ruiz de Gauna  Periodista Expansión

 

En medio de la celebración de las elecciones primarias en 16 Estados de EEUU, algunos claves como California y Texas, hay un apodo  que empieza a multiplicarse  en la cuenta de Twitter del presidente de Estados Unidos, Donald Trump.  El gobernante empezó a llamar Mini Mike a uno de sus posibles rivales en las elecciones de noviembre próximo, el demócrata Michael Bloomberg, quien tuvo un extraordinario ascenso en las encuestas sin siquiera medirse en un debate con sus competidores hasta que participó en su primero, el pasado 19 de febrero en Las Vegas, Nevada. 

Bloomberg, con 78 años, es uno de los grandes empresarios del país, con una fortuna estimada en 52.000 millones de dólares, 17 veces la del actual gobernante. Como el resto de candidatos demócratas, quiere poner fin a cuatro años de “acciones imprudentes y poco éticas”. Sin embargo, el partido demócrata pareciera estar atrapado en la división interna y la nostalgia por el liderazgo de Barack Obama. 

El candidato  presidencial demócrata y exvicepresidente, Joe Biden.

Una muestra de esa escisión fue el primer debate televisivo en que Bloomberg participó y en el cual fue el protagonista, al convertirse en el principal objetivo del ataque tanto de Bernie Sanders, la senadora Elizabeth Warren y Joe Biden, el exvicepresidente de Obama.

Los principales cuestionamientos contra Bloomberg giraron en torno a sus posiciones contra la comunidad afro y latina, a las cuales hizo responsables de las cifras de delitos en la ciudad cuando fue alcalde de New York, así como por las acusaciones de abusos realizadas por sus empleadas. “No vamos a sustituir a un millonario por otro”, le dijo Warren, comparándolo con Trump, el enemigo político de todos ellos.

Los demócratas se han colocado, mientras tanto, en el filo de la navaja, debido a que su convención está prevista entre el 13 y el 16 de julio. Aunque faltan al menos cinco meses, los principales líderes del partido demócrata parecen no conciliar sus posiciones, aunque cuenten con un abanico amplio de candidatos, desde los ubicados al extremo del socialismo como Bernie Sanders, hasta pragmáticos como Biden o capitalistas acérrimos como el cuestionado Bloomberg.

Michael Bloomberg  ha subido   en las encuestas, pasando hasta un 15%.

El periodista colombiano y analista internacional, Robert Valencia, consideró que hay una profunda división en la oposición estadounidense, marcada por la presencia de figuras realmente polarizantes y otras más moderadas. “No han logrado zanjar las diferencias y esto pone de cierta manera en ventaja a Trump, en el sentido de que, por lo menos, se ve a un partido (refiriéndose a los demócratas) con sus profundas divisiones. Joe Biden, quien era uno de los líderes en la contienda, ha decaído”, evaluó Valencia, quien, con esta declaración, se refería a los resultados en las primarias que favorecieron a Sanders y al otro candidato Pete Buttigieg, quienes ganaron semanas atrás New Hampshire y Iowa respectivamente.

La división en esta agrupación política, sin embargo, no es reciente. Según Mauricio Passariello, consultor político demócrata, esa división no ha cambiado mucho desde 2016, pues existe un porcentaje dentro del partido demócrata que es más liberal y progresista, y es minoría, pero la mayoría son personas moderadas de centro-izquierda. “Como sucedió la vez pasada, cuando se haya elegido un candidato—sea de la facción más moderada o progresista—el resto del partido se unirá en torno a esa figura, porque creo que el mayor mal para la mayoría de los demócratas es siempre Trump”, explicó Passariello.

En el otro lado siguiendo atento la situación demócrata, prácticamente desde una colina, está Trump, a pesar de estar cuestionado a nivel interno y en el mundo por sus posiciones anti inmigrantes, sus bravuconadas en la política interna y su autoritarismo. La estrategia previsible frente un electorado polarizado desde el oficialismo parece orientarse a que la gestión económica se convierta en una de sus mejores cartas electorales.

La senadora  Elizabeth Warren, otra de las candidatas   demócrata.

La economía estadounidense

Según estadísticas publicadas por el diario español El País, en junio de 2019 la economía estadounidense tenía ya 121 meses de crecimiento, es decir diez años, de los cuales los últimos dos son parte de la gestión de Trump; el Producto Interno Bruto aumentaría en un 2,3% y el promedio mensual de generación de empleos era entonces de 200 mil, al punto que el profesor emérito de economía de la universidad de Northeastern, Eduard Stuart recordó que se superaron los registros de la gestión de Bill Clinton en el período 1992-2000.

Que existan intelectuales que comparen estos años de prosperidad estadounidense con los de Clinton –lo que incluye la gestión de Trump– no es poca cosa. Al finalizar su primer período, la economía iba tan bien que Clinton dijo que tendrían entonces el más grande superávit registrado desde dos décadas antes de su mandato iniciado en 1992. 

 Valencia añade que, para analizar con claridad la gestión del republicano,  se deben tomar otros factores dado que existe un debate entre los economistas locales que señalan que los actuales éxitos económicos son una continuidad de las políticas públicas implementadas por su antecesor. Entre esos factores están los probables impactos del déficit fiscal, así como los subsidios generados tras las guerras comerciales de Trump. 

Valencia afirma que, ante la nostalgia por un liderazgo como el de Obama, lo importante para los demócratas debería ser entender que Trump no es un candidato ni un político tradicional. El diario colombiano El Tiempo, sostuvo que a los demócratas “les hace falta un candidato inspirador”.  

El candidato  Pete Buttigieg, exalcalde de South Bend, Indiana.

El último de los de esta especie líderes políticos en ese partido fue Obama en 2008, cuando logró, con el apoyo de los jóvenes y usando las redes sociales, proponer un cambio de la visión de la política estadounidense tras los años de guerra de George W. Bush (2001-2009) y quien dio algunas de las claves con las que los miembros de su partido podrían vencer al republicano. 

Desde noviembre de 2019, el exmandatario demócrata advirtió a los precandidatos de su partido que no era conveniente irse demasiado a la izquierda. “Aunque presionemos al entorno y seamos valientes en nuestra visión, también debemos estar arraigados a la realidad. El americano medio no piensa que haya que acabar completamente con el sistema y rehacerlo”, dijo Obama, según divulgó el New York Times.

Sin embargo, el candidato que figura como uno de los mejores ubicados en las encuestas es Sanders, quien parece situarse en la antípoda del discurso de Obama con su propuesta  para 2020 de socialismo demócratico, que plantea una redistribución de la riqueza, cancelar las deudas por préstamos estudiantiles y dar acceso a la educación gratuita, lo que la prensa internacional llama desde ya una revolución y que podría asustar a algunos votantes más medrosos.

La situación de desigualdad –la principal bandera de Sanders– es en realidad un reto de la sociedad estadounidense, al que la clase política debe hacer frente. Según cifras de la oficina del censo, la brecha entre ricos y pobres alcanzó a finales de 2019 su pico más alto de los últimos 50 años. 

La senadora  Amy Klobuchar en el primer debate de candidatos en Charleston.

En la campaña venidera, junto a la economía, serán temas claves también los escándalos de política doméstica en los que se ha visto envuelto el actual presidente, como el despido del exdirector del FBI, su intento de intromisión en la justicia, u otras de las decisiones tomadas contra los migrantes, pero aún están por ver su impacto real en las urnas. El reto de lograr un cambio en el ejecutivo estadounidense requiere un partido opositor unido y con metas claras.

Tras cuatro años de mandato republicano, a los demócratas les resultará bueno un discurso anti Trump, pero necesita más empuje para ganar. Mientras no lo hagan ocurrirá lo que pasó después del debate en Las Vegas, Nevada, en el cual Bloomberg fue cuestionado. Trump lo calificó en su cuenta de Twitter como el “peor debate de la historia” (…) el protagonizado por sus rivales. “No es tan fácil hacer lo que yo hice”.

El “efecto Sanders”   

La abrumadora victoria de Bernie Sanders en Nevada ha vuelto a llenar de esperanza a los cientos de miles de seguidores que apoyan fiel y activamente al candidato, que  lleva décadas defendiendo la misma ideología socialdemócrata que busca un giro radical en las bases capitalistas de Estados Unidos.

La determinación y coherencia del candidato y el apoyo mayoritario de jóvenes y minorías han resultado en un rotundo triunfo para Sanders en el caucus de Nevada, donde ha logrado el 46% de los votos, frente al 40% que estimaban las encuestas.

A gran distancia se sitúa Joe Biden, que tenía grandes esperanzas en Nevada tras un arranque mediocre. El candidato sólo ha logrado el 19% de los votos. Detrás se sitúan Pete Buttigieg, exalcalde de South Bemd (Indiana), y la senadora Elizabeth Warren (10,1%). Los apoyos de los rivales de Sanders son, en cualquier caso, baldíos, ya que nos les permiten sumar ningún delegado. El candidato socialdemócrata añade diez.

Los delegados son quienes decidirán en la Convención Demócrata de julio el aspirante que disputará la presidencia a Trump. Se necesitan, al menos, 1.990 delegados de los 3.979 posibles para ganar la nominación.

Los resultados de Nevada subrayan la enorme fragmentación que vive el partido Demócrata, una división que fue responsable en última instancia del triunfo de Trump en las elecciones de noviembre de 2016 frente a Hillary Clinton. También entonces Sanders actuó como elemento discordante.

El reparto de los votos de Nevada, un estado cuyo 30% de la población es latina y por tanto representativo de la diversidad del país, enfatiza la división de los demócratas en dos bloques bien definidos. Por un lado, los candidatos a la izquierda: Sanders y Elizabeth Warren, que proponen medidas tan revolucionarias como la ruptura de los grandes bancos y de las tecnológicas. Entre los dos, han conseguido el 56% de los apoyos en Nevada.

Por otro lado, se sitúan los moderados Biden, Buttigieg y Amy Klobuchar. No obstante, el voto entre ellos se encuentra tan fragmentado que es imposible apuntar a un candidato favorito. La balanza podría inclinarse a partir de la semana que viene, cuando Michael Bloomberg entra en escena por primera vez para participar en el súpermartes, jornada en la que  15 estados tan relevantes como Texas, Carolina del Norte y California votan a la vez.

Si Sanders logra afianzarse en estos estados, tendrá prácticamente asegurada la nominación en julio. El triunfo de Bloomberg implicaría que los demócratas se encuentran aún lejos de encontrar un consenso.

Ante este escenario, los demócratas corren el riesgo de llegar a la Convención de julio divididos y sin un claro ganador, lo que sería muy perjudicial para sus intereses presidenciales y no ocurre desde 1952.

Bernie Sanders puede ganar las primarias demócratas, pero no tiene opciones de vencer a Donald Trump. Es el mensaje que trata de transmitir Michael Bloomberg apenas unos días antes de salir a escena.

 El millonario y exalcalde de Nueva York ha querido dejar siempre clara la idea de que el enemigo a batir es Trump, con el que está jugando al mismo nivel y con parecidas estrategias. Su enorme fortuna le permite financiar con holgura su campaña. El candidato ha subido con fuerza en las encuestas, pasando del 4% en diciembre al 15% actual.

 

 

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