América Latina

Una visión compartida del desarrollo

El nivel de descontento de los latinoamericanos puede ser una señal de que las áreas actualmente priorizadas no están respondiendo a sus necesidades y expectativas.
domingo, 1 de marzo de 2020 · 00:00

Margarita Beneke de Sanfeliú Directora del Centro de Investigación y Estadísticas  El Salvador

Los países de América Latina son muy diversos. No sólo difieren en tamaño y población, sino también en su nivel de desarrollo. A pesar de los progresos realizados, sólo cuatro Estados han alcanzado la condición de países de altos ingresos en los últimos años. Se trata de Uruguay, Chile, Panamá y Argentina. La mayoría de las economías siguen presas en la llamada “trampa de los ingresos medios”, condición particularmente persistente en la región. El progreso se ve obstaculizado por varios factores que interactúan y se refuerzan entre sí, generando las denominadas trampas del desarrollo.

En las dos últimas décadas, la pobreza y la desigualdad en América Latina han disminuido. Como resultado, la clase media ha crecido en tamaño. Y con ello, también las expectativas. La gente demanda mejores políticas públicas, servicios e instituciones y éstos no son capaces de responder. Los ciudadanos perciben una desconexión entre sus necesidades y las respuestas de los gobiernos. Además, numerosos casos de corrupción alimentan el descontento popular. Todo esto disminuye la confianza en las instituciones.

Por eso la Agenda 2030 de Naciones Unidas es tan crucial para América Latina. Se centra simultáneamente en las tres dimensiones del desarrollo sostenible (económica, social y ambiental). Esto proporciona un marco especialmente relevante para abordar los enfoques multidimensionales necesarios para romper las trampas del desarrollo y convertirlas en oportunidades.

La mayoría de los países de la región incorporaron los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de Naciones Unidas en sus Planes de Desarrollo Nacional o en sus planes de gobierno. Luego adaptaron el período de aplicación a los mandatos presidenciales, lo que refleja un nivel de planificación a corto plazo. 

Muchos países de América Latina tuvieron elecciones presidenciales entre 2017 y 2019. En varios casos, el resultado fue un cambio político,  situación que hace que sea urgente aumentar la conciencia entre los encargados de formular políticas y de otras partes interesadas, de que para lograr los ODS se requieren esfuerzos sostenidos que vayan más allá de los períodos de cada gobierno.

La mayoría de los países han realizado ejercicios de mapeo para determinar cómo sus planes se alineaban con los ODS. Sin embargo, se hicieron muy pocos ajustes para incorporarlos  conscientemente en los planes de desarrollo. Hasta cierto punto, todos los países priorizaron los objetivos, que pueden considerarse como una continuación de los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM). No obstante, el nivel de descontento de los ciudadanos de América Latina puede ser una señal de que las áreas actualmente priorizadas no están respondiendo a sus necesidades y expectativas. Por lo tanto, es necesario reevaluar las prioridades. El objetivo debería ser determinar qué necesita cada país y qué factores le impiden escapar de las trampas del desarrollo.

El principio de “no dejar a nadie atrás” de la Agenda 2030 está pensado como un medio para poner el foco en las poblaciones más vulnerables de todo el mundo. ¿Pero, si en América Latina el término “vulnerable” también se aplica a la clase media? Comprender esto podría ayudar, por ejemplo, a analizar qué impide a los diferentes grupos escapar de los trabajos informales. O lo que hay que hacer para transformar las economías, de modo que puedan proporcionar más empleo y de mayor calidad. 

También es importante detectar qué datos se requiere generar y cómo pueden analizarse. Es esencial comprender cuáles son las necesidades y expectativas de cada grupo. Esto debe ir más allá de la clasificación habitual de pobres-no pobres, género, grupo de edad, geografía y etnia. La mayoría de los datos disponibles en América Latina están relacionados con los ODM (pobreza, salud, trabajo), pero esto no basta para cumplir con la mayoría de los ODS dentro de los próximos diez años.

Además, es necesario reconocer que abordar cuestiones de políticas sin tener en cuenta las interacciones entre ellas tendrá efectos limitados, y las trampas del desarrollo continuarán. Este desafío no está recibiendo suficiente atención en la región.

 Las instituciones académicas y de investigación desempeñan un papel fundamental en la creación de conciencia sobre la situación. Necesitan estudiar las posibles sinergias y concesiones entre las diferentes áreas de desarrollo y sensibilizar a los encargados de la formulación de políticas al respecto.

El logro de los ODS también depende de la identificación y movilización de recursos. Pero, esos recursos deben utilizarse estratégicamente. De lo contrario, los resultados podrían no darse. Actualmente, no se hace lo suficiente para evaluar la eficiencia y la eficacia de las políticas e inversiones. Una mayor transparencia y rendición de cuentas podría mejorar la confianza de los ciudadanos en el proceso.

Sólo quedan diez años para cumplir los objetivos y metas de la Agenda 2030. El momento exige una reflexión sobre la estrategia adecuada para acelerar el ritmo. Los desafíos son demasiado importantes para que los gobiernos los afronten solos. Es necesario que otros agentes participen en la tarea de dar sostenibilidad a las políticas más allá de los períodos de gobierno. Se requiere un enfoque “ecosistémico”, en el que cada actor tenga un papel que contribuya al logro de los objetivos. Tal sistema requiere que cada actor comprenda el problema, proponga soluciones y ayude en su aplicación y seguimiento. Es necesario que haya una mayor participación de la sociedad civil, de la academia y del sector privado. Ellos, junto con el sector público, pueden ayudar a definir la Agenda y la aplicación de las políticas con una visión a largo plazo.

Mucho se ha hecho ya a nivel mundial y regional, por ejemplo, por parte de los organismos internacionales y otros agentes no estatales. Muchos de ellos han adaptado sus estrategias y ahora contribuyen activamente a la realización de la Agenda 2030. Sin embargo, es esencial ajustar el programa de cooperación no sólo a las necesidades de los gobiernos, sino también a las de los países.

Y, por último, aunque la discusión sobre los ODS es bien conocida en los foros internacionales, no llega suficientemente a los oídos del ciudadano común. Es urgente ayudar a la gente a entender los beneficios y el impacto de la Agenda. Cada persona puede ser parte del esfuerzo global y ser un agente de cambio.

En suma, la Agenda 2030 puede ayudar a crear un consenso sobre una visión a largo plazo para cada país. Ofrece una oportunidad única para encontrar una visión compartida para América Latina.