Elecciones 2020

Temas y modos para organizar los debates

La temática debería abordar cómo enfrentar los gastos del Estado, un reordenamiento institucional y un acuerdo gobierno-oposición.
domingo, 15 de marzo de 2020 · 00:00

   Walter Guevara Anaya Consultor en desarrollo democrático

 

Sin duda hay muchas maneras de organizar un debate exitoso. A continuación se detalla un modelo basado en la experiencia de los debates presidenciales de varios países donde se respeta la opinión del adversario y se cuenta con moderadores o entrevistadores de alto nivel.

Los tres candidatos mejor posicionados en las últimas encuestas deben ser seleccionados para los debates más importantes. Los demás candidatos tendrán sus propios debates, conducidos en otro momento por otros moderadores. Si alguno de ellos se siente capaz de desafiar a los mejor posicionados, los organizadores podrían darle esa oportunidad a pesar de su bajo lugar en las encuestas.

Los votantes tenemos que concentrar nuestra atención en los candidatos con opción real de llegar a la Presidencia. En otro momento podremos escuchar el debate de los candidatos que solo buscan llenar algunos curules en la Asamblea en vez de retirarse de manera honorable ofreciendo su apoyo a alguno de los candidatos mejor posicionados.

Los temas del debate no deben ser sobre qué hacer sino sobre cómo hacerlo. Durante una primera hora cada candidato debe disponer de unos 20 minutos para exponer su respuesta de manera ininterrumpida. Las preguntas sobre tres temas urgentes podrían ser:

1) Cómo enfrentar los gastos de un Estado híper inflado ahora que los ingresos están cayendo estrepitosamente debido al desplome de los precios del petróleo; 2) cómo reordenar las instituciones del Estado, en particular la Fiscalía y la Judicatura; 3) cómo restablecer el juego limpio entre el gobierno y una oposición que sea capaz de fiscalizar y criticar la gestión estatal sin bloquearla por cualquier motivo.

Los temas más importantes a mediano plazo se pueden tratar durante la segunda hora, después de un breve receso, otorgando unos 20 minutos a cada candidato para que exponga su respuesta de manera ininterrumpida. Las preguntas de mediano plazo podrían ser tres:

1) Cómo superar una economía basada en la extracción de recursos naturales no renovables y pasar a una economía basada en un incremento y mejora en la producción de bienes y servicios exportables; 2) cómo restablecer la selección de funcionarios de carrera de todo nivel en base a méritos profesionales, sin descuidar la correcta selección del personal de la salud y la educación; 3) cómo dejar de tratar al oponente como enemigo y aprender a tratarlo como un leal adversario, sustituyendo la cultura política de la prebenda y la lisonja por una cultura política de servicio público honrado, transparente y eficaz.

Después de un segundo receso corto, la tercera hora se puede dedicar al libre intercambio de preguntas y respuestas sobre estos temas o cualquier otro tema por parte de los moderadores así como entre los candidatos, otorgando un minuto por pregunta dirigida a un candidato específico y tres minutos para cada respuesta por un total de 15 intercambios en 60 minutos.

Este formato requiere que los moderadores o entrevistadores sean periodistas o analistas muy respetados, capaces de mantener orden en el debate. Deben ser agudos y al mismo tiempo ecuánimes y neutrales. Conviene que cada uno tenga simpatía por algún candidato en particular, pero que no muestre parcialidad con ninguno de ellos durante el debate.

Es muy importante que los patrocinadores del debate sean respetados e imparciales, y que tengan un alcance nacional por su prestigio y su inserción en la sociedad. Todos los debates se deben transmitir en cadena por las principales radios y televisiones del país.

Una excelente opción es que el organismo electoral sea el que patrocine y organice los debates. También puede hacerlo alguna asociación de periodistas o de la prensa o alguna asociación de academias o universidades, siempre y cuando esas entidades sean capaces de ponerse de acuerdo en la logística, las preguntas y los entrevistadores, dejando de lado toda preferencia política. 

Otra opción puede ser un consorcio de los más respetados y más independientes medios de comunicación social, siempre y cuando sus propietarios se abstengan de influir a favor o en contra de algún candidato en el curso del debate. 

Hay que evitar que los patrocinadores traten de aprovechar el debate para proyectarse al estrellato, por lo cual es mejor escoger patrocinadores que tengan un amplio reconocimiento y respeto por parte de la población.

Todos los participantes en los debates deben ceñirse estrictamente a unas reglas pre-establecidas, las cuales deben ser formuladas con anticipación entre los patrocinadores, los candidatos y los entrevistadores o moderadores. 

Esas reglas deben determinar el número y lugar de los debates, las modalidades y los tiempos de participación, las modalidades y tiempos de interrupción de una presentación para hacer una pregunta o una aclaración. Las interrupciones deben permitirse solamente durante la tercera hora, que será dedicada al debate abierto.

Tanto los participantes como los entrevistadores o moderadores tienen que prepararse cuidadosamente para seguir las reglas pre-establecidas y para llevar a cabo el debate de una manera clara y efectiva. Todos tienen que tener muy en claro que el objetivo del debate es presentar a los votantes las opciones electorales de una manera clara y convincente.

Sea cual fuere el modelo de debate que se adopte, la máxima autoridad electoral debería revisar y autorizar las propuestas de debates para garantizar su adecuada organización.

 

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