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Pesados legados a revertir prontamente

Vivimos con miedo del otro, miedo de cualquier cosa que pueda afectar lo poco que se tiene; es el resultado de sembrar el miedo entre la población durante 14 años.
domingo, 22 de marzo de 2020 · 00:00

Pablo Zavaleta Reyles y Angel Arteaga  Una Nueva Oportunidad, UNO Plataforma ciudadana

La verdadera herencia del MAS: el odio y el miedo 

En una crisis las cosas se muestran tal cual son y no como creemos que son. La llegada del coronavirus a Bolivia muestra, de cuerpo entero, los resultados de los 14 años de gobierno del MAS. Una visión simplista dice que hay más canchas que hospitales (lo cual es cierto) y ya bastaría esta situación, en un país serio, para llevar a Evo y secuaces ante la justicia. Pero la situación, producto de la polarización que el MAS intencionalmente buscó, es mucho peor…

Lo que pasó en Santa Cruz, con la enferma que fue rechazada y no pudo ser atendida, no es más que una expresión de la división de la sociedad que el MAS ha buscado e impulsado. Hacerlo en un país con baja unidad nacional como el nuestro es peor que criminal.

Lo que pasó en Cochabamba y El Alto, donde supuestos vecinos bloquearon los centros hospitalarios para impedir que sean tratadas personas enfermas con coronavirus, es una expresión del miedo con el cual vivimos: miedo del otro, miedo de cualquier cosa que pueda venir a afectar lo poco que se tiene. Es el resultado de sembrar constantemente el miedo entre la población, aspecto en el cual el MAS ha resaltado durante los 14 años de su gobierno.

Lo que pasó en El Alto, con la paliza cobarde que le dieron personas del MAS a una mujer, es otra muestra más de la mentalidad fascista y abusiva que el MAS tiene y ha impuesto al país: la política del odio.

No nos engañemos: Bolivia siempre ha tenido problemas de racismo. Pero el MAS intencionalmente polarizó a la sociedad, fomentó el odio y separó a los bolivianos, generando una situación en la cual el racismo y la discriminación han crecido y están más presentes que nunca. 

La separación entre campo y ciudad, entre cambas y collas, entre blancos e indígenas, entre norte y sur, entre oriente y occidente, por más espuria e idiota que sea, existe y el MAS la exacerbó buscando poder gobernarnos mediante la división (¿recuerdan la máxima latina de divide et impera?).

Un gobierno boliviano serio debiera concentrarse en combatir el racismo y la discriminación. ¿Cuáles son los resultados de 14 años de gobierno del MAS? Una Bolivia en la cual se pega a una mujer en la vía pública y nadie, ni siquiera la policía que estaba cerca, hace nada por impedirlo; una Bolivia en la cual se impide el acceso a los enfermos a los hospitales.

¿Dónde quedó el espíritu solidario que nos permitió en tiempos pasados abrazar y socorrer a nuestros hermanos de la ciudad y del campo durante tantas tragedias? ¿Creen que es posible sobrevivir a las crisis que se nos vienen encima (de las cuales el coronavirus no es más que un adelanto) sin apoyarnos los unos a los otros?

Los resultados son los que cuentan y los de 14 años de gobierno del MAS son brutalmente claros: odio y miedo entre los bolivianos. Es lamentable que se requiera una crisis de salud, en la cual van a morir personas, para que nos demos cuenta de ello.

No en vano lo griegos identificaron que el odio y el miedo son hermanos (Deimos y Fobos, hijos de Ares, el dios de la guerra). Esa es la verdadera herencia del MAS: el odio y el miedo.

 

Dependencia y pérdida de soberanía alimentaria 

Salud y justicia son las áreas en la que se observa  de forma dramática las políticas fallidas e inoperancia de 14 años del gobierno demagógico e irresponsable del Movimiento Al Socialismo (MAS), situación que ahora los bolivianos estamos pagando muy caro. Sin embargo, de igual o mayor efecto negativo y peligroso es la situación actual del sector productivo, en especial  la producción de alimentos básicos de la canasta familiar como la papa, verduras y frutas que son producidos en su gran mayoría por pequeños productores parcelarios. Bolivia se autoabastecía y era autosuficiente de estos productos hasta el año 2006, pero desde hace unos 10 años se ha  retrocedido en este sector y como país hemos perdido soberanía alimentaria con gravísimas consecuencias.

Al respecto, las evidencias son contundentes. Según datos del Instituto Boliviano de Comercio Exterior (IBCE), el  año 2008 Bolivia importaba alimentos del exterior por 440 millones de dólares, el 2018 subió a 676 millones de dólares, lo que representa un crecimiento del 54%. Las compras de estos alimentos en su gran mayoría las realizamos a Argentina, Brasil, Chile, Perú y Estados Unidos, así mismo por la vía del contrabando ingresan 500 millones de dólares, totalizando un gasto en alimentos básicos de más de 1.000 millones de dólares.

Las causas de esta perniciosa situación  están en el estancamiento de la producción debido a la incapacidad del ex gobierno del MAS de formular estrategias productivas, programas y proyectos concretos orientados a fortalecer la producción y productividad de los alimentos básicos  desaprovechando la bonanza financiera.

 Por el contrario, se agotó en  enunciados de políticas públicas  genéricas y abstractas como muestran los Planes Sectoriales de Desarrollo Integral (PSDI) para el quinquenio 2016-2020, también está  el mal manejo de los recursos de la cooperación internacional excesivamente partidizados y con enfoque clientelar de los financiamientos, es el caso del fondo indígena y las acciones contraproducentes de   Emapa, la principal institución que en teoría debía apoyar la producción de alimentos. 

Paradójicamente, más bien se dedicó a importar debilitando el aparato productivo interno, mientras el gobierno masista ampliaba la frontera agrícola; no para producir alimentos básicos, sino para los cultivos agroindustriales destinados a la exportación. En la misma línea, la producción de la coca se incrementó, con destino dudoso.

Para evitar mayores secuelas debemos instalar nuevamente la agenda de la soberanía alimentaria y recuperar el autoabastecimiento, superar la dependencia de la importación de alimentos básicos y abastecer nuestros mercados con producción propia mediante programas y proyectos concretos intergubernativos.

 

 

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