Análisis internacional

El coronavirus y el juego de la confianza

El virus representa hoy no solo una amenaza a la salud pública global, sino también un torpedo directo a la confianza, y con ello a la economía.
domingo, 8 de marzo de 2020 · 00:00

David Castells
Economista. Doctor en Economía y profesor de la Universidad Autónoma de Barcelona Latinoamérica21

La economía es un juego de confianza. Las empresas, así como las naciones, crecen, se estancan o caen en función de la confianza que haya en ellas. Confianza por parte de los productores, inversores, socios y consumidores. Siempre ha sido así, pero hoy, en el sistema en el que vivimos, en el que la imagen está por delante de todo, donde la competencia es cada vez más fuerte y donde todo se cuestiona, la confianza es fundamental. Y este juego de confianza es hoy uno global. 

Con la globalización, las posibilidades de inversión y venta se han multiplicado para empresas y nacionales por igual. Pero a su vez, se ha multiplicado la interdependencia, la competencia y el riesgo. En el mundo globalizado, la confianza puede subir o caer a escala mundial, y con ella hacerlo la economía global en su conjunto.

El coronavirus representa hoy no solo una amenaza a la salud pública global, sino también un torpedo directo a nuestra confianza, y con ello a la economía mundial. Antes de que la amenaza del Covid-19 se materialice en más contagios y muertes, el golpe a la confianza, y con ello, a la economía, ya se ha dado. Y es que en el sistema económico en el que vivimos hoy la confianza va por delante. Si las expectativas son positivas, la economía crece. Pero si el miedo se expande, la economía colapsa. Y tanto el positivismo como el miedo se refuerzan así mismos. Bien lo saben los mercados financieros; el entusiasmo excesivo genera burbujas, así como el miedo de unos pocos puede desencadenar una espiral de pánico peligrosamente destructiva.

Los números ya muestran la alarma. El “Índice del Miedo” (o índice VIX, cotizado en la cámara de futuros de Chicago) ha alcanzado valores cercanos a lo que se consideraría como “pánico total”. Las principales bolsas mundiales han mostrado estas últimas dos semanas las peores caídas en muchos años. 

El Down Jones estadounidense cayó un 12% en menos de una semana. El EUROSTOXX y el IBEX-35 español lo hicieron en 11%, las mayores caídas desde 2008. Otros indicadores bursátiles muestran caídas similares. Por sectores, el turismo es uno de los que más está siendo afectado. En el conjunto de la Unión Europea, las pérdidas por la baja en la llegada de turistas provenientes de China se cuantifican en 1.000 millones de euros al mes.

Pero como con muchos choques externos, imprevisibles, como lo es el coronavirus, los efectos son desiguales; unos ganan y otros pierden. Ante el actual ataque de pánico global, en el que muchas empresas sufren, otras se están beneficiando de forma espectacular; farmacéuticas y supermercados están vendiendo hasta agotar sus stocks, y con ellos productores de múltiples sectores están incrementando sus ingresos. Como bien dice el refrán, “a río revuelto, ganancia de pescadores”. 

El coronavirus ha llegado ya también a Latinoamérica. Y con él, también llega el riesgo de pánico en la región. China es hoy ya uno de los principales socios comerciales de los países latinoamericanos. La amenaza del coronavirus se traduce, por ejemplo, en dificultades para las empresas para recibir suministros, algo que ya afecta por ejemplo a más de la mitad de las empresas del sector energético brasileño. 

También significa un serio riesgo para el sector exportador chileno y peruano, muy dependiente de metales como el cobre, y cuyo precio ya se está desplomando. En Ecuador, con varios casos ya confirmados, se han empezado a suspender eventos masivos. Dada su dependencia del comercio exterior, Ecuador, junto con Brasil, Chile y Perú, han sido señalados por entidades como Goldman Sachs como los países latinoamericanos más vulnerables, en términos económicos, por la amenaza del Covid-19.

A nivel global, diferentes fuentes privadas, así como instituciones internacionales, ya prevén un menor crecimiento de la economía mundial. 

Grandes empresas e incluso economías nacionales pueden presentar contracciones peligrosas. Y en primera línea de batalla está obviamente China. No solo por ser el origen del virus, sino por ser la segunda mayor economía nacional global y la locomotora del crecimiento económico mundial de las últimas décadas. 

Si China cae, caemos todos; las interdependencias de la globalización hacen que nos podamos enfrentar a una nueva crisis económica mundial. O no. Dependerá de que tanto sufra nuestra propia confianza en el sistema. 

En definitiva, el impacto del Covid-19 en la economía global dependerá, al menos en el corto plazo, de nuestra capacidad de mantener la calma y el optimismo. Si nos invade el miedo, el daño ya estará hecho y podrá ser importante.

 

 

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