Ignorancia de alta intensidad

En la coyuntura que atravesamos, quienes alguna vez exploramos las redes sociales nos hemos dado cuenta de un resurgimiento de los guerreros digitales del MAS, desde los primeros días de la emergencia sanitaria.
lunes, 20 de abril de 2020 · 13:55

Willy Camacho, Escritor

El denominado Socialismo del Siglo XXI ha alentado una práctica para desestabilizar gobiernos u opositores: la guerra de baja intensidad. Esto, básicamente consiste en ejecutar varias acciones de manera casi simultánea: bloqueos, huelgas, marchas, denuncias, campañas de desprestigio, brotes de violencia supuestamente social, etcétera Los adscritos a esta ideología políticas (que tiene tintes sectarios), consideran que aprovechar una crisis, grande o pequeña, es importante para el éxito de la guerra de baja intensidad.

Así, por ejemplo, es bastante probable que en 2003, esta estrategia se hubiera puesto en marcha. Aprovechando el descontento popular por algunas políticas del gobierno de Gonzalo Sánchez de Lozada, sospecho que se alentó (e incluso financió) la revuelta social escalonada que condujo a la renuncia del mandatario. El saldo: más de 60 fallecidos, pero claro, para los estrategas radicales, se considera una guerra ganada sin necesidad de disparar un tiro. Es que los disparos fueron hechos por el gobierno, no por los socialistas del siglo XXI, y las muertes seguramente constituyen bajas razonables considerando el objetivo final: la toma del poder.

En todo esto, eso es lo importante, que el caos provoque muerte, ya que eso inclina la balanza, pues la opinión pública suele inclinarse a favor de las víctimas. Y en esos instantes de convulsión, es difícil darse cuenta de que el verdadero victimario no es quien dispara, sino quien alienta el enfrentamiento. En otras palabras, mediante la guerra de baja intensidad se propicia violencia que puede derivar en muertes, y se culpa de esas muertes al gobierno u opositor que se quiere eliminar.

Pongo un ejemplo para ilustrar lo que digo: digamos que un vecino tiene un perro bravo para resguardar su propiedad. En sus muros, tiene varios carteles de advertencia, para desanimar a potenciales ladrones. Un ladrón, que no está dispuesto a arriesgar su integridad, convence a un niño que no sabe leer que salte el muro y robe lo que pueda, a cambio de comprarle un juguete. El niño, motivado por la recompensa prometida, salta el muro, pero el perro lo descubre y lo ataca. El niño queda muy mal herido. ¿Quién tiene la culpa, el ladrón instigador o el dueño del perro? El sentido común apunta hacia el ladrón.

En la coyuntura que atravesamos, quienes alguna vez exploramos las redes sociales nos hemos dado cuenta de un resurgimiento de los guerreros digitales del MAS, desde los primeros días de la emergencia sanitaria. La desinformación fue la primera fase de la estrategia, decir que el coronavirus es un invento de la derecha para postergar las elecciones, entre otras mentiras; luego se recurrió al desprestigio, memes y otros recursos para minar la imagen de la presidente Añez y la conducción de la crisis; y luego se arriesgaron a la convulsión en la frontera Bolivia-Chile, que estuvo a un pelo de generar heridos y quizá muertos, luego de que un grupo de agitadores, mimetizados entre compatriotas que realmente quieren volver a Bolivia, incitaron una agresión brutal contra efectivos militares e incluso llegaron a robar un fusil.

A eso se suma la activa labor de parlamentarios y de la Defensora del Pueblo, Nadia Cruz, quien ya no disimula su aversión contra el actual gobierno y su afinidad con el MAS, y se dedica a lanzar declaraciones incendiarias y a desinformar. Hace una semana, por ejemplo, en pleno conflicto en la frontera, declaró que también había muchos bolivianos dentro del país que querían retornar a sus regiones y que no lo pudieron hacer porque las medidas del gobierno fueron abruptas, lo cual demostraría la improvisación en el manejo de esta crisis.

Para empezar, la prohibición de viajes interdepartamentales no fue de un día para otro, se dio un plazo prudente, de modo que la señora Cruz falta a la verdad. Por otra parte, obviamente que se está improvisando, porque ningún país estaba informado de que se venía esta pandemia, todos están improvisando, algunos con mejores resultados que otros. Y en eso también miente, o al menos desinforma, la señora Cruz, pues, según ella, hace dos años se sabía que este virus iba a circular a nivel mundial, lo cual es falso. Sin embargo, en ese afán agitador, Nadia Cruz hace gala de su falta de sentido común, ya que si hace dos años se sabía del coronavirus, quiere decir que su líder político y espiritual, Evo Morales, no hizo nada para preparar el sistema de salud del país.

Y ya que de hablar sin pensar se trata, Evo Morales es quien lleva la batuta. A su larga lista de evadas, los últimos días ha añadido algunas perlitas, como esa de que si “la derecha tiene algo de coherencia, debería vender los aviones y helicópteros para atender las necesidades de salud, y debería habilitar la casa grande del pueblo para los infectados de coronavirus”.

Primero, en esta época, los precios de los aviones y helicópteros están por los suelos, no es lo que más se demanda, de modo que sería un pésimo negocio para Bolivia. Segundo, no se puede habilitar cualquier infraestructura para atender enfermos, de hecho, luego de una inspección a la sede de la Unasur (otro de tantos derroches sinsentido del gobierno de Morales), se verificó que no reunía las condiciones para que casos sospechosos fuesen aislados.

Y por último, si de coherencia se trata, ¿qué pasó con el “patria o muerte”, don Evo? Hizo repetir ese eslogan humillante para nuestras Fuerzas Armadas, pero resultó ser una frase vacía de sentido para usted, que ante el rechazo popular al fraude electoral que orquestó, la patria le valió un pepino y prefirió huir para vivir en mansiones de México y Argentina. Y así cayó en otra trampa de su propia lengua, pues él mismo dijo varias veces que “quien huye es un delincuente confeso”. Entonces, que sea coherente él y acepte su culpa en el descalabro que desde octubre atraviesa Bolivia.

No contentos con tanto disparate, ahora aparece el candidato títere del MAS y propone impuesto a la riqueza y tope salarial para funcionarios públicos, entre otras cosas. Su partido tuvo la oportunidad de transformar estructuralmente Bolivia, de realmente hacer una distribución más equitativa de la riqueza, pues tenían tres tercios en el parlamento (que solo les sirvió para perseguir opositores y hacer leyes a su medida y beneficio), con lo que el camino estaba allanado para un cambio trascendental.

Lo obvio y más fácil hubiera sido reformar el sistema tributario, pero ni para eso tuvieron voluntad ni cabeza, se fueron por las medidas populistas, como el doble aguinlado, con el que solo ampliaron más la brecha entre quienes tienen más ingresos y los menos favorecidos.

El MAS, con Evo en la presidencia y Luis Arce comandando las finanzas, fue el ejemplo más triste de incoherencia ideológica y discursiva, sin mencionar que se pasaron la ética por las axilas. De educación y salud ni hablar, ahora estamos padeciendo las consecuencias de un plan maquiavélico, cuyo fin fue siempre tener una masa votante inculta, incapaz de cuestionar los caprichos de un líder que, en los últimos años, asumió las poses de un semidiós y como tal quería que se le obedeciera sin chistar.

Precisamente en esta crisis vemos como la ignorancia alentada durante casi tres lustros es la peor cara de los bolivianos. Hemos sido testigos impotentes e indignados de un hombre peregrinando con el cadáver de su madre por varios cementerios, ya que la gente le impedía cumplir con el entierro. Hemos visto personas que no dejaron entrar a sus respectivos domicilios a una doctora y una enfermera, ya que podían “transportar” el virus debido a sus profesiones.

Más preocupados, antes y ahora, por sus guerras de baja intensidad, los masistas nos han dejado un legado oprobioso que, debido a una ignorancia de alta intensidad, hoy se empecinan en reclamar como logro. En tal sentido, no es de extrañar que Morales haya declarado, con mucha satisfacción, que “la china ganó la tercera guerra mundial sin disparar una bala”. La ignorancia mezclada con la vanidad y los vapores del poder nublan su razonamiento, le impiden ver que, aunque no se ha disparado ni un arma, hay miles de muertos en todo el mundo, miles de familias llorando sus pérdidas, millones de personas sumidas en el miedo.

Viéndolo en perspectiva, ¿cómo hemos tolerado a este personaje tan nefasto durante 14 años? Es inexplicable. Pero si hemos sido capaces de superar a un ser tan dañino, también podremos reponernos de la crisis del coronavirus. Ánimo y fuerza.

En tiempos de cuarentena y restricciones usted necesita estar bien informado. Por eso, Página Siete pone temporalmente a su disposición de forma gratuita, nuestra edición de papel en versión digital. Para verla haga clic aquí.

Este servicio, con contenidos especiales y enfoques propios de las principales noticias del día, será parte de la App que lanzaremos próximamente. 

18
1