Matasuegra

Castigo eterno

Añez prometió cambios, “pero los mismos vicios se están repitiendo, al menos en lo que respecta a la corrupción, abuso de poder y nepotismo”.
sábado, 30 de mayo de 2020 · 00:00

Willy Camacho Escritor

 

En situaciones de emergencia, generalmente los estados asignan presupuestos extraordinarios y se facilita la adquisición de insumos que son necesarios en estos casos; lamentablemente, y esto ha sucedido en Bolivia muchas veces, hay funcionarios públicos que aprovechan el desconcierto para robar al país.

Recordemos que cuando sucedió el terremoto de Aiquile y Totora, hubo adquisiciones absurdas y con sobreprecio con el pretexto de que eran para ayudar a las víctimas de la tragedia. Solo por citar un ejemplo. 

Pues ahora hemos vuelto a las viejas prácticas. Si en condiciones normales estos hechos son delitos repudiables que causan indignación y merecen el rechazo general, dada la situación que atravesamos, sin la bonanza económica de pasados años y en plena pandemia, con un sistema de salud precario, sin suficientes implementos de bioseguridad para policías, militares y, fundamentalmente, para personal de salud, que haya actos de corrupción, de robo al Estado, no solo indigna, sino también enfurece, lastima y frustra.

Es que para los que queremos creer en los seres humanos, el caso de corrupción en la compra de los respiradores españoles, con un sobreprecio de alrededor de 20.000 dólares por aparato, nos causan una decepción depresiva. Personalmente, me es imposible entender que haya gente tan inescrupulosa, tan insensible, tan maleante que esté pensando en robar en estos momentos de angustia y miedo.

“En arca abierta hasta el justo peca”, reza un dicho popular. Creo que la persona que acuñó esta frase lo hizo para justificar su propia miseria y mezquindad, porque no se aplica a las personas honradas, realmente honradas, quienes jamás meterían mano en dinero ajeno, por más abierto esté el cofre. 

Y esto no justifica tampoco a quienes dejan abierta el arca, pues el dinero público debe ser administrado y cuidado por todos los servidores. Si bien en este caso hay culpables, los que directamente cometieron el delito, también hay responsables, los que contrataron a los corruptos, los que relajaron los controles, etcétera.

Este hecho de corrupción, esta infamia debe ser investigada y juzgada respetando la independencia del órgano judicial, pero solicitando desde el ejecutivo que se agilicen los procesos, ya que no se puede permitir aberraciones de este tipo que, repito, en condiciones normales ya ameritarían que estuviésemos pidiendo la cabeza de los responsables, y en la situación actual no sé qué más podemos pedir, pues no hay forma suficiente para castigar un acto de criminalidad e inhumanidad inefables.

He escuchado y leído a gente que pide que la presidenta Añez renuncie a su candidatura y que se dedique a comandar la crisis de salud; que el gobierno debería conducir mejor los asuntos administrativos para evitar este tipo de actos y, por lo tanto, debería concentrar todo su esfuerzo en la gestión de gobierno y no dedicarse a la campaña electoral. 

No sé si eso sería una solución adecuada, porque tiemblo al pensar lo siguiente: si un gobierno que pretende ser reelegido en una elección muy cercana no sabe guardar las formas, no sabe simular decencia durante unos meses y comete actos tan burdos de corrupción y de abuso de poder, cómo sería si ya no estuviera obligado a guardar las apariencias, si solo tuviera que dedicarse administrar y, es más, si únicamente tuviese que hacer gestión de gobierno pensando que le quedan apenas tres meses más para hacer dinero extra… No sé si esto genera más miedo que el propio coronavirus.

Obviamente, toda generalización es mala. No todos los personeros del gobierno son corruptos (quiero creer que no lo son), pero los actos de corrupción cometidos por unos cuantos manchan toda la gestión y generan sospecha legítima, justificada, hacia el actuar de las autoridades, no solo de parte de los opositores, sino de toda la ciudadanía.

Claro que la investigación recién comienza, y seguramente habrá varias versiones, como la que dio Ignacio Mazarrasa, representante de IME Consulting (empresa intermediaria que firmó el contrato de venta de los respiradores cuestionados). Según este señor, no hay sobreprecio alguno, que todo es legal; sin embargo, solo por sentido común, es difícil creer que un equipo cuyo costo original es poco más de siete mil dólares, llegue a costar 28 mil, y que en ese margen de 20 mil dólares no haya algo chueco, o cuanto menos raro.

Quizá esta empresa estafó al gobierno, que es otra línea de investigación, pero en ese caso, salta la pregunta: ¿es que acaso no tenemos funcionarios públicos con sentido común que sean capaces de darse cuenta de semejante diferencia de precios? Pues al parecer los hubo, pero renunciaron luego de que sus observaciones a este proceso de compra fueron desestimadas y no quisieron ser parte de un hecho que, de inicio, apuntaba a escándalo.

Esto me hace pensar que quienes más cambios prometen son los que más defraudan. Nos pasó con el MAS y el proceso de cambio, que durante sus primeros años auguraban transformaciones profundas, pero la angurria de poder y la codicia desvirtuó un proyecto importante. 

De manera similar, el gobierno de la presidenta Añez prometió cambios, sin embargo, ya caímos en cuenta que los mismos vicios se están repitiendo, al menos en lo que respecta a la corrupción, abuso de poder y nepotismo, entre otras prácticas nocivas que fueron criticadas en el anterior gobierno y en todos los gobiernos que se han ido sucediendo desde la creación de la república.

Ojalá que las investigaciones lleguen pronto a la verdad, aunque eso no será suficiente para compensar la desmoralización que ha provocado en el pueblo este hecho despreciable. Luego de dos meses de esfuerzo colectivo, la conducta criminal de unos pocos puede echar por tierra la esperanza de millones.

No importa el partido, no importa si van hacia la izquierda o hacia la derecha, al parecer, los políticos se solazan en su mezquindad y sueltan albricias cuando les toca criticar los pecados del rival, sin considerar los propios. Y esto me hace recuerdo otra cita famosa, que, en el caso boliviano, es una suerte de premonición agorera: “Aquellos que son tan inteligentes como para no meterse en política sufren el castigo de ser gobernados por los más estúpidos”. O por los más corruptos, añadiría yo.
 

 

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