Visiones

Las tensiones entre democracia y juventud

Dos jóvenes exponen su posición sobre el papel de las nuevas generaciones en política y sobre el sentido de la democracia.
viernes, 12 de junio de 2020 · 00:00

Diego Miranda C.  Estudiante de filosofía 
Erika J. Rivera Filósofa y Magister DAEN

Diego Miranda C. (DMC)

La democracia en esencia tendría un origen que se remonta a la antigua Grecia y en la que se pueden diferenciar varios elementos un tanto ajenos a los que se aprecian en lo contemporáneo. Esta consistía en un sistema político que defendería y priorizaría al pueblo y su derecho a tomar decisiones, lo que terminaría involucrando de forma directa a los ciudadanos. 

   En ese sentido, se podría evidenciar que en esencia la democracia consistiría en proporcionar un mayor grado de participación a la sociedad. Hoy en día hemos reducido esta actividad a la mera participación electoral, donde se pretendería relegar nuestras responsabilidades ciudadanas a un grupo determinado de representantes, cuya probidad especulamos y exigimos a la vez.

Este concepto de democracia a lo largo de la historia ha atravesado una ingente cantidad de trasformaciones amplificando ciertas características en desmedro de otras, las que se constituían como eje central de la representación. 

Nuestra incapacidad de dialogar y buscar un circunstancial consenso a partir de la deliberación sería uno de los principales problemas al momento de pretender construir una verdadera democracia. 

Erika J. Rivera (EJR)

   Los procesos de modernización y democratización de las últimas décadas han producido en América Latina y en Bolivia un orden social muy complejo, que como tal muestra elementos de inestabilidad e ingobernabilidad. Debido a esta situación no es conveniente aplicar una teoría maniqueísta, que analice la realidad social contraponiendo a dos fuerzas únicas que mutuamente tratan de destruirse. 

En el caso boliviano la oposición radical entre “pititas” (derecha) versus “masistas” (izquierda) no es adecuada, porque muy diversos actores han intervenido durante el último tiempo en la política nacional, creando un universo ideológico y político cambiante y difícil de reducir a un solo tipo de explicación interpretativa.

   La constelación boliviana actual puede ser vista como una primera reacción muy vigorosa contra un régimen autoritario que pensaba perpetuarse en el poder, pero esta corriente estaba constituida por actores plurales sin una coordinación visible entre ellos.

El principio común ha sido probablemente un intento de retornar a la democracia pluralista y multipartidaria que existía hasta 2005, con el aditamento de un fuerte factor ético, como ha sido la lucha contra la corrupción y la manipulación gubernamental del aparato judicial y de la administración pública.
 
DMC

  Las nuevas generaciones que pretenden aventurarse a la actividad política se encuentran claramente condicionadas por el fanatismo dogmático que les imponen los diferentes partidos políticos, el espíritu crítico queda al margen de cualquier planteamiento que no se inscriba en las doctrinas al interior de cada partido, en nuestro medio actualmente la lucha entre (Pititas) sector de derecha que habría sido parte de las protestas de noviembre y los (Masistas) sector de izquierda que tendría una nueva representación electoral para estas elecciones se enfrascan en una lucha de la cual se beneficiarían de forma inmediata las viejas castas políticas para que después estos grupos terminen siendo instrumentalizados y que terminen, como decía Zavaleta, en “morir como perros para que otros coman como chanchos”.

EJR

   Sobre la participación de las nuevas generaciones en política es indispensable en nuestro contexto reflexionar acerca de la llamada revolución de las pititas, la cual no ha modificado la estructura institucional del Estado boliviano, pero sí un empoderamiento mayor de grupos urbanos juveniles con una pluralidad de orientaciones ideológicas. 

El resultado de todo este proceso es incierto, por lo que se puede afirmar que la coyuntura política contemporánea es altamente volátil. 

La postergación de las elecciones generales, la irrupción de la pandemia del coronavirus y la consecuente amortiguación de toda actividad política nos impide un análisis exacto de la coyuntura actual. 

Las pocas actividades de la Asamblea Plurinacional con efectos práctico-políticos nos muestra precisamente esa ambivalencia mencionada de la coyuntura actual: por un lado el Poder Legislativo parece facilitar un entendimiento con otros sectores al aprobar una ley consensuada para las elecciones, pero al mismo tiempo este órgano estatal se dedica a obstaculizar irracionalmente una componenda política de largo plazo, como por ejemplo el debate sobre la agricultura transgénica, la situación de la salud pública, la protección del medio ambiente y otros temas neurálgicos.

 

 

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