Cambalache

Cuando los feos se vuelven lindos y los lindos feos

La Covid-19 agudizó un substancial cambio; los científicos se volvieron ideólogos, los tramposos se volvieron santos y los aislados se volvieron aisladores.
viernes, 19 de junio de 2020 · 00:00

Diego Ayo
Politólogo

Variedad de científicos y cantidad de intelectuales de renombre auguran una humanidad distinta una vez que concluya la pandemia. Viviremos en un planeta diferente. ¿Cuándo? Pronto, ni bien se vaya el virus. Del otro lado de la vereda, abundan los agoreros, aquellos que afirman que poco o nada cambiará. No hay un futuro prometedor y los cambios, aunque se den, serán menores. 

Entonces, ¿habrá que esperar para saberlo? Sí, claro que sí. Los futurólogos de la humanidad nos adelantan pues lo que sucederá: o cambiaremos mucho o no cambiaremos mucho. Vaya ingeniosos. ¿Se entiende? Claro que se entiende y, por tanto, más allá del resultado doble al que podemos aspirar, lo que garantiza ese futuro es la espera. Sí señor: debemos esperar. El futuro lo dirá. 

¿Es así? Seguro que sí. Sin embargo, para ser sinceros me quedo con la opción del cambio. Si creo en el cambio. He ahí mi primera confesión. ¿Algo más? Sí, mi segunda confesión: no creo en el cambio una vez termine la pandemia. Creo en el cambio ¡ya! Y no es un cambio menor: los desorejados bailan mejor que nunca, los pecadores se han tornado santos y los jugadores de fútbol hoy juegan cacho. ¿Sí? Sí, veamos:

Caso 1: Comunidad Ciudadana. Es difícil encontrar gente con mayor y mejor formación académica que los señores de este partido. ¿Verdad? La verdad no tanto, pero sirve para ejemplificar lo que pretendo decir: eran capos. Si venía algún masista y les decía que no son vendedores de cocaína, respondían que sí lo son, que se ha comprobado que el 94% de la coca del Chapare va al narcotráfico. Genial. 

Algún masista sugería hacer otro estadio y el mesista de turno le respondía que no, que sólo el 1,5%  del presupuesto público está destinado a salud y por tanto no vale la pena hacer estadios sino dar a la salud. Excelente. No se lo puede negar: nutridos de datos y tesis a discutirse. ¿Y hoy? Hoy no. Hoy tienden a reproducir mañas masistas. 

Se los critica y salen presurosos a calificarte de masista, prorroguista o jeaninista. ¿Qué tal? Incluso, alguno de los más estudiosos de sus filas escribía un ensayo científico citando fuentes y estudios, diciendo que en septiembre tendríamos una situación de colapso y en diciembre recién empezaríamos a salir del virus, pero ¡dice que debemos ir a votar en septiembre! ¿Síntesis? Los intelectuales se graduaron de bachilleres y los científicos se titularon de ideólogos. 

El cambio que sugerían, por tanto, se logró. Vaya que sí.

Caso 2: Movimiento al Socialismo. Estos señores vienen realizando una campaña internacional a favor de Evo Morales y su partido, afirmando que no hubo fraude electoral. Lo que hubo, mis estimados lectores, fue un golpe de Estado. Un golpe negado por la OEA que “tiene tan poca credibilidad”.

 A ver señores: a los aturdidos que creen que el fraude fue perpetrado en noviembre de 2019 cabe decirles que en esta elección vivimos un fraude técnico, ampliamente avalado por la OEA, pero “simplemente” eso: ¡un fraude técnico! 

Sin embargo, sólo algunos distraídos olvidan sucesos que merecen recordarse: el 21F deja en claro que el fraude ideológico comenzó en esta fecha: “hubo empate” dijo el matemático Linera errando una vez más en su capacidad sumatoria/restoria. 

No hubo empate: perdieron. El Tribunal Constitucional y el Tribunal Electoral “autorizaron” en 2017 y 2018 la siguiente elección. Y en 2019 se montó la consumación de estos elementos de fraude electoral. Ya vimos que los fraudes de esta época vienen en dosis pequeñas y, por tanto, en periodos largos.

 Pero, vaya sorpresa, el MAS subido al carro del golpe: ¡los actores de la pornografía política nacional convertidos en madres Teresas! Cabe advertir que ese rasgo “nuevo” no viene solo: los señores hipercorruptos denuncian la corrupción del actual gobierno, la Asamblea hipermuda hasta 2019 habla hasta por los codos hoy en día, los cocaleros que aplaudían ayer, no aplauden hoy, y así un largo etcétera de sugerente conversión. 

El coronavirus logró el cambio trascendental que se veía venir.

Caso 3: Juntos. Los señores que obtuvieron el 4% de los votos se comporta(ro)n como si hubiesen tenido el 65% de los votos. Y qué digo 65: ¡el 82% de los votos!, negando toda posibilidad de llevar adelante un imprescindible diálogo político. 

Confundieron su coyuntural luna de miel con una vida larga y abundante en elogios y aplausos. Creyeron, vaya vuelco-campana, que con ese reducido porcentaje de votos podían comportarse como los únicos jugadores del tablero. El bajito de un metro concursando a ver quién es el más alto del curso. Error garrafal: el diálogo era imprescindible. 

La Covid-19 agudizó este substancial cambio.

Ya ve, se sugerían cambios, y los cambios llegaron rapidito. Ah, y el país también cambió: del “auge” masista a esta realidad de des-auge partidario. Todo cambió y el virus, para qué negar, tuvo su efecto: los científicos se volvieron ideólogos, los tramposos se volvieron santos y los aislados se volvieron aisladores.

 

 

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