Medios estatales, informaciòn y propaganda

De la opulencia de Cambio a la insostenibilidad de Bolivia

El medio impreso del Estado enfrenta una severa crisis; con la desaparición del Ministerio de Comunicación, se ha cesado a todo el personal. Analistas sostienen que los medios estatales no tienen audiencia porque son instrumentos de propaganda y no pueden ser rentables sino a través de una subvención estatal que genera corrupción.
viernes, 19 de junio de 2020 · 00:04

Fernando Chávez Virreira
 Periodista

El periódico estatal Bolivia, que nació como Cambio en 2010, para contrarrestar las “mentiras” de los medios impresos independientes, vive una crisis institucional que lo obligaría a permanecer vigente solo  en el ámbito digital, si no es que a su cierre definitivo.

Cleidy Tórrez, su exdirectora, dijo a Página Siete que cesaron a todo el personal del diario el 8 de junio, aunque la directora de medios estatales, Claudia Paredes, aseguró que aún se espera una decisión del gobierno con respecto al futuro del impreso.

“Aún no se ha tomado una decisión. Lo que sí se ha manifestado es que se lo debe consolidar como un periódico digital. Esto todavía está en análisis, no lo puedo confirmar. Ha habido comentarios, pero en lo real el periódico aún existe; hay un DS que lo respalda y ahora estamos trabajando a media máquina hasta que el Gobierno tome determinaciones”, dice Paredes.

“Han cesado a todo el personal del Ministerio. Ninguna persona está ahora activa, salvo la ministra, ahora viceministra”, aclara la directora de medios. 

El periódico Bolivia, junto a Canal 7, la agencia de noticias ABI, Radio Illimani (bautizada como Patria Nueva en el gobierno del MAS) y una red de unas 100 radios comunitarias, conforman el conglomerado de medios estatales/gubernamentales.

Se sabe que Cambio funcionaba como un soporte propagandístico del gobierno de Evo Morales. Todas las instituciones estatales eran obligadas a publicar sus avisos, requerimientos y otros en ese medio para garantizar su funcionamiento y sostenibilidad. Pero en los hechos, los ingresos de ese medio provenían del Estado, solo se transferían de una cuenta pública a otra.

La imprenta donde corría la tinta de Cambio/Bolivia, es una de las más modernas del país. La Editorial del Estado Plurinacional –inaugurada en 2017– demandó una inversión de 75,3 millones de bolivianos. Está equipada con maquinaria alemana Heidelberg y puede imprimir 30.000 ejemplares en una hora.

 

Rol de los medios

Según Paredes, se pretendió a partir de noviembre de 2019 darles a los medios estatales un nuevo sentido para que cumplan su rol, de ser los contactos directos de parte del Estado con la población y lograr recuperar credibilidad. “Absolutamente todos los medios del Estado eran faltos de credibilidad, precisamente porque han sido instrumentos de propaganda durante el gobierno del MAS”, afirma Paredes.

“En noviembre recibimos cuatro medios estatales que se dedicaban específicamente a generar política y propaganda en el gobierno del MAS; iniciamos el trabajo buscando que estos medios sean renovados, cumplan su rol de ser el nexo con la población, a través de la información del Estado, y obviamente, lo más importante fue recuperar su credibilidad, que habían perdido en estos 14 años. Hemos trabajado en cada uno de ellos”.

“En el caso de ABI, hemos encontrado una estructura rígida, donde los periodistas hacían periodismo desde los escritorios y hemos comenzado a trabajar con ellos para llegar con información de primera a la población y esto lo demuestran nuestras redes sociales, hemos logrado consolidarlas y en estos seis meses hemos sido referentes para muchos otros medios privados, en cuanto a información de primera mano”, dice la directora de medios.

 

Credibilidad y audiencia

 Y, cuando se trata de medios, la confianza y credibilidad lo es todo. Como dice Rafael Loayza Bueno, director del Departamento de Ciencias de la Comunicación de la UCB, se ha transformado a los medios públicos –a lo que era antes Cambio y ahora es Bolivia– a ABI, a Canal 7, en “herramientas de la propaganda política y de la generación de ingresos”. “Hay muchos casos de corrupción por publicidad en Canal 7, no solamente en esos 14 años sino en los últimos meses también”, señala. 

“Creo que el problema es que los medios estatales no tienen audiencia porque son instrumentos de propaganda y no pueden ser rentables sino a través de una subvención estatal que genera corrupción. La muerte del periódico Bolivia es porque pasó de ser azul a verde y porque la gente necesita informarse libremente. Muchos de estos periódicos que eran paraestatales (no quiero decir nombres) ahora han recuperado credibilidad porque han empezado a interpelar al poder, que no lo hacían antes”, sostiene.

Para Loayza, esa tiene que ser una labor permanente. “James Curran dice que la misión de los medios tiene que ser interpelar al poder, porque el Estado es la institución a la que más hay que temer porque tiene el control de la fuerza legítima. Han destruido a los medios públicos porque les han quitado credibilidad, los han subvencionado. Y cuando llegan épocas de crisis como la actual, cortas el presupuesto donde menos rentabilidad tienes”, explica.

Este académico sostiene que “es preferible tener medios independientes que te saquen la mugre pero que gocen de credibilidad, aun cuando estén protegiendo intereses, que medios que están comprometidos con visiones políticas, partidos o el Estado, que no sean capaces de interpelar al poder político. Hemos tenido durante años medios acomplejados y la lógica de que la información gubernamental no tenía que ser para satisfacer las necesidades de información de la gente, sino para hacer propaganda”.

Loayza recuerda que, durante los años 90, años de la democracia pactada, o del neoliberalismo, “dependiendo del cuadrante donde uno esté, había bastante pudor y conciencia sobre la responsabilidad de los periodistas de interpelar al Estado”. 

“En esas épocas los presidentes, o los políticos, no se peleaban con los medios, trataban de interactuar con ellos. Había, desde mi punto de vista, un gran respeto a su labor. Pero a partir de la irrupción del MAS, el Estado comenzó a atacar a los medios para competir con su credibilidad. Después de 14 años de menospreciar su labor, de reducirles su presupuesto a través de publicidad, quedaron diezmados en su credibilidad”, reflexiona.

“El periodo más interesante para mí fue cuando el Estado decidió contratar periodistas independientes para que administren la generación de noticias. Así fue el nacimiento de PAT”.

Según Loayza, había la idea de que los medios públicos debían satisfacer las demandas informativas de la gente. Después se fue asentando esta necesidad de utilizarlos como mecanismos de propaganda y la inversión mayor en medios públicos se dio cuando se diezmó la credibilidad de los medios privados. “En los 14 años del gobierno del MAS, se los chantajeó y extorsionó”. 

“El libro de Raúl Peñaranda, Control remoto, es profundamente elocuente en ese sentido. Se redujo la credibilidad de los medios, se los atosigó con impuestos y se diezmaron sus ingresos. Así se comenzó a fomentar el crecimiento de los medios estatales y los paraestatales invirtiendo un montón de plata. Entró mucha plata a muchos medios, no quiero decir cuáles, y no deberían estar en crisis en estos momentos. Hay un canal de televisión que está quebrado, hay un periódico que está quebrado, siendo que han recibido ingentes cantidades de dinero, lo que demuestra que las administraciones tampoco cuidaron a la empresa”, agrega.

Según el análisis de Edgar Pomar Crespo, director de la carrera de Comunicación Social de la UMSA, el tema de los periódicos –no solo de Cambio/Bolivia– pasa por una crisis mundial, una crisis latinoamericana, y una crisis boliviana. “Todos estos meses, los periódicos, no solo estatales, sino privados, han dejado de imprimir, se han vuelto digitales un buen tiempo y luego han empezado a salir semanalmente. Hay una crisis porque este medio es físico, no es como la televisión o la radio, así nació la prensa”, dice.

En el periódico Bolivia, afirma Pomar, hubo un choque. “En noviembre cambió de razón social y eso no hace bien a los periódicos. A ninguno, ya sea estatal o privado. Un periódico que era una identidad, una forma, un logotipo, un nombre. Hasta volverse a insertar en el mercado tiene su tiempo y sus problemas. Eso le ocurrió al periódico Bolivia. Cuando cambió de nombre, y de orientación, volver a retomar eso lleva tiempo y, claro, le agarró la pandemia, como a todos los periódicos, y creo que ese ha sido el plus para esta crisis”.

 

Una política comunicacional de Estado

Según Claudia Paredes, “se tenían unas líneas comunicacionales desde noviembre hasta febrero, como el derecho a decidir, apoyando a todo el proceso democrático; paz para sanar, que era la segunda línea, que era básicamente el hecho de que volvamos a encontrarnos como bolivianos y generemos un apoyo conjunto para seguir adelante, después de los hechos de noviembre”. 

“El problema es que ha venido de sorpresa la cuarentena y ésta ha obligado a priorizar otros temas, específicamente la emergencia sanitaria, la salud, y la generación de información sobre esta pandemia que afecta todo el mundo. Eso ha hecho que el Ministerio se concentre más en lo que le preocupaba al Gobierno, y lo que preocupa aún, que es encarar este problema sanitario”.

Pero Rafael Loayza afirma que nunca ha habido una política de Estado que trascienda a los distintos gobiernos. “Este intento de institucionalizar las comunicaciones públicas, que vino con la incorporación de Mesa en los 90, fue un intento de decir vamos a entregarle la información pública a periodistas independientes, lo que pasó después con Mesa ya es otro asunto”. 

En el ejemplo de Loayza, si hoy el Estado dijera “vamos a institucionalizar la información pública y vamos a contratar a medios independientes, a Amalia Pando, a Lupe Cajías, para que se hagan cargo y eso trascienda un gobierno, esa sería una política de Estado”. Pero ésta tiene que partir de un principio rector y el más altruista, que es aquel que pretende satisfacer las necesidades de información del ciudadano y de fiscalizar al poder público. Fiscalizar al poder público, pero a partir de la defensa de los intereses del ciudadano. Eso tienen que hacer los medios públicos, como sucede con la BBC y otras iniciativas públicas; son medios que son poderosos”.

Loayza sostiene que, en la economía política de los medios, el régimen competitivo permite garantizar la libertad de expresión. Si se tiene un medio estatal independiente, autónomo en el sentido de la producción de noticias, va a llegar a tener audiencia que lo va a sostener, porque la interpelación al poder siempre es rentable. Con una autonomía económica podría prescindir de sus lazos de dependencia con el poder constituido, con el gobierno.

“Si el principio fuera garantizar la libertad, el derecho a la información, con una política de Estado de autonomía en gestión de noticias, sí podría funcionar, pero Bolivia es un país muy concentrado en la mezquindad política. Los gobiernos sucesivos a la década del 90 han empezado a encontrar utilidad en el control de los medios estatales, por lo menos para contener las críticas. Y esto se ha vuelto una hegemonía de terror con Evo”, asevera.

Y agrega que, lamentablemente, el principio en el país es utilizar a los medios estatales “como instrumentos de propaganda, de asentamiento de líneas y tendencias de opinión y de utilización proselitista”.

Sobre estas políticas de Estado en materia informativa, Edgar Pomar sostiene que el gobierno actual no tiene una estrategia comunicacional. 

“Se pensaba que era solo de transición, pero vino la pandemia y no les ha alcanzado para hacer una estrategia, Un periódico estatal tiene que ser un medio que informe más que publicite. Los medios estatales, desde antes, ahora y seguramente después, tienen que tener una política de información a la población y no de publicidad y relaciones públicas. Una política de información del avance de una gestión de gobierno, del Estado, eso es lo que falta; estrategias estatales y no coyunturales”. 

“Recuerdo que una vez, en el periódico Cambio, la foto del presidente salió en cada página. Eso no le hace bien a ningún periódico. La gente espera información, fidedigna, con buenas fuentes, creíble. La verdad de las cosas. En vez de buscar noticias debemos buscar la verdad”, dice. 

Y es que, como sostenía el intelectual y periodista estadounidense Walter Lippmann, “la misión de los periódicos no consiste en quitar a éste y poner al otro, sino en informar al lector para que saque sus conclusiones. Los políticos insistirán, sin embargo, en bombardearnos con propaganda partidista y mensajes prefabricados para tratar de tapar todo aquello que no les gusta ver publicado. La prensa libre no es un privilegio, sino una necesidad vital en una sociedad”.

 

 

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