Crimen organizado

El delito y el terrorismo sin cuarentena

Bandas colombianas, milicias urbanas brasileñas y carteles mexicanos están demostrando su poder y aprovechándose de la pandemia.
viernes, 19 de junio de 2020 · 00:00

Carlos Decker-Molina
 Periodista boliviano radicado en Suecia

Hace unas semanas se publicó una noticia que quedó atrapada en la tela araña de la normalidad pandémica, la fuente era la Interpol y decía: En el marco de la operación Pangea XIII, en la que la policía, los servicios de aduanas y las autoridades reguladoras en materia de salud pública de 90 países llevaron a cabo una acción colectiva contra la venta ilícita en línea de medicamentos y productos médicos, se decomisaron mascarillas falsas, geles hidroalcohólicos de calidad insuficiente y medicamentos antivirales no autorizados.

El secretario general de la Interpol Jürgen Stock dijo entonces a la prensa: “Una vez más, la operación Pangea muestra que los delincuentes están dispuestos a todo con tal de obtener beneficios”

El comercio ilícito de artículos médicos falsos, instrumentos, medicamentos e incluso respiradores tuvo un cierto apogeo en los primeros meses de la pandemia, debido al pánico de la gente, pero también al apuro de algunos gobiernos que adquirieron, sin licitaciones, artículos como mascarillas falsas o los llamados “kits contra el coronavirus”. “Es solo la punta del iceberg de la industria de la falsificación”, sostuvo Jürgen Stock.

Un poco más tarde la BBC World sostenía: “Las estructuras del crimen organizado en América latina, desde las bandas criminales colombianas a las milicias urbanas brasileñas y los carteles mexicanos, están demostrando su poder y aprovechando de la pandemia”.

Mientras en Europa la delincuencia es cibernética, en América latina se ha establecido en “pueblos o barrios pobres” capturados por los narcotraficantes.

En el medio oriente la delincuencia se metamorfosea en las filas del ejército irregular del Estado Islámico (ISIS). 

Sus primeras proclamas tenían un carácter absolutamente religioso, Abú Hamza al Qurashi, portavoz de ISIS sostuvo que la Covid-19 ha sido enviada por la “la mano de Dios” como castigo por “luchar contra su religión y sus protectores”, pero, llamó a sus soldados a reagruparse, “la pandemia distrae a las autoridades y dejan vacíos en la lucha antiterrorista”.

Hay otras formas más sofisticadas, como el engaño y el robo bajo el pretexto de la ganancia en juego de azar. 

La pandemia produce inestabilidad económica, hay empleados y obreros que al no recibir sus salarios o al recibirlos tardíamente buscan fuentes de ingresos en el juego. De acuerdo con los controles europeos, las apuestas se han triplicado al extremo de que en algunos países han comenzado a regular las cantidades de las apuestas en la red con controles impuestos por los gobiernos.

En América Latina, se creyó que los narcotraficantes iban a entrar en una crisis existencial porque los precursores químicos no llegaban, los puertos y fronteras estaban cerrados. Las ventas callejeras habían desaparecido y los convenios entre narcotraficantes habían quedado obsoletos por la pandemia.

Aparte de que los narcos se concentran en determinados países, casi en todos tienen aliados en las poblaciones más indigentes donde el Estado no tiene presencia. Las instituciones del Estado están ausentes, la policía no entra en esos sitios si no es para reprimir. 

El ejemplo más didáctico lo dio el exministro de Brasil, Luiz Henrique Mandetta. La prensa brasileña informó en abril que el “gobierno federal trabaja un plan piloto en una favela (no se dijo el nombre) buscando un diálogo con las milicias narcotraficantes”. El ministro citado por O Globo aclaró: “Entiéndase que esas son áreas donde el Estado esta frecuentemente ausente, en donde narcotraficantes y milicias están a cargo de los servicios. ¿Cómo construimos ese puente en nombre de salvar vidas? ¿Diálogo por la salud? … Sí … con narcotraficantes, porque también son seres humanos y también tienen que colaborar, ayudar y participar”

Luiz Henrique Mandetta ya no es más ministro, no se sabe si hubo acuerdo o no, pero lo interesante es que en otros países como Chile y Colombia por ejemplo los narcotraficantes han asumido el rol del estado.

“No nos mata la pandemia, nos mata el hambre” dijo una pobladora de un suburbio chileno. La misma expresión se escucha en todas las barriadas del continente donde habitan los “informales”, aquellos que no pueden quedarse en casa porque implica dejar de vender sus baratijas o ausentarse de un trabajo mal pagado que no le reconoce el salario por su ausencia obligada.   

La pandemia y sobre todo las cuarentenas dejaron desnudas a las sociedades fracturadas. El vacío que dejó el Estado ha sido llenado por los narcotraficantes, por ejemplo, en La Pintana, una de las comunas más pobres del Gran Santiago, entró en vigor la “narco-beneficencia”, los delincuentes prestan dinero, financian la compra de barbijos y otros equipos de protección personal, regalan alimentos o financian ollas comunes. 

En México son más audaces, pues la narco-beneficencia tiene logos con la cara del capo del cartel que “gobierna” en la zona.

En un par de llamadas telefónicas a Bolivia y Argentina se comenta “la desobediencia de los barrios pobres a los protocolos de seguridad y de cuarentena”. Del comentario se pasa a la acusación: “Son ignorantes, qué saben de virus y qué les importa la cuarentena”.

Si se pregunta a los “ignorantes” éstos responden de diferentes maneras:

Se escucha la voz del niño en el reportaje televisivo que dice a su madre: Podemos dormir hasta tarde para saltarnos el desayuno, comemos algo a las 3 de la tarde y un tecito en la noche.

Otra voz: Cómo pues me voy a quedar en mi casa, ¿quién va a traer la comida a mi casa?

Otra persona: Los ricos van al súper y hacen colas con distancia, nosotros compramos en la calle, si no hay vendedoras ¿dónde carajo vamos a comprar el arroz y los frijoles?

El connotado economista Branko Milanovic alto directivo del departamento de investigaciones del Banco Mundial, analista y académico en centros de estudio y universidades de EEUU y Europa, dice en referencia concreta al caso chileno. “Ha tenido un éxito indiscutible en su tasa de crecimiento económico”. 

Chile era percibido hasta hace unos meses como el país más eficiente, menos corrupto que otros y con una sociedad moderna. Milanovic dice que el país es considerado el “poster boy” del éxito neoliberal. Pero … según el mismo economista: “Chile es uno de los países más desiguales del continente”.

La pandemia descubrió la cara oculta del modelo chileno, “los más ricos en Chile ganan como los más ricos de Alemania y los más pobres como en Mongolia” sostiene Branko Milanovic.

En esas condiciones sociales es muy fácil que el narcotráfico y la delincuencia se establezcan en esas barriadas pobres que, a falta de la presencia política (se supone que no van a las urnas) asumen actitudes delincuenciales, incluidos los destrozos y saqueo cuando se manifiestan.

 

 

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