Matasuegra

La ilusión del sentido común

Añez y Copa le dieron la espalda al país y optaron por los intereses políticos que cada una persigue. A partir de ahí, no hay diálogo posible.
viernes, 26 de junio de 2020 · 00:00

Willy Camacho
Escritor

Hubo un momento en que, aun sin quererse, Jeanine Añez y Eva Copa se dieron la mano y estuvieron de acuerdo en llevar a cabo un proceso de pacificación. El país estaba atravesando una profunda crisis y la violencia entre ciudadanos era creciente. No era el inicio de una amistad, menos de una alianza, pero al menos nos hizo concebir la esperanza de que el sentido común imperaba entre las dos mujeres que comandarían el ejecutivo y el legislativo.

Copa se mostraba independiente, libre, decidida, desafiante. No le interesaba seguir los pasos del “ala dura” de su partido. Mantenía su ideología, pero parecía rechazar todo aquello que había conducido a Bolivia al borde del precipicio, y en particular, parecía disconforme con la rosca que había acaparado espacios de poder, relegándola a ella y a otros asambleístas a la condición de “levantamanos”, aunque García Linera, con uno de sus dislates eufemísticos, prefiera llamarlos “soldados”.

Por su parte, la presidenta Añez fue casi una figura maternal para el país, entre firme y tierna, generó credibilidad y certidumbre en momentos de mucha tensión. Igual se mostró librepensante, decidida a cumplir una transición hacia un nuevo gobierno elegido en elecciones limpias. Parecía que estaba tratando de desmarcarse de la politiquería, de lo que su predecesor había hecho tantas veces: empeñar su palabra y luego mofarse del pueblo.

Parafraseando a Zabalita (personaje memorable de Vargas Llosa), cabe preguntarnos: ¿En qué momento se jodió todo? Podría ser el momento en que la señora Añez se dejó convecer (o se autoconvenció) de que ella era la candidata ideal y se embarcó en una aventura similar a la que Morales había comandado en sus afanes prorroguistas. Cuando anunció su candidatura, Jeanine Añez dejó de ser concertadora y se convirtió en adversaria, en blanco. Y desde entonces, todos le apuntan, con o sin razón, eso es lo de menos. No se respetó su compromiso de dedicarse enteramente a la pacificación y la realización de elecciones y eso ya la rebajó a la altura de los cabecillas del anterior gobierno.

Sin embargo, creo que, simultáneamente, la señora Copa también fue tentada por el lado oscuro. Desde Buenos Aires hicieron sana-sana con la rebelde (quizá le prometieron la candidatura a la Alcaldía de El Alto) y Eva comenzó a discursar como su homónimo masculino, dejó de ser soldado para convertirse en cabo con aspiraciones a suboficial, quizá creyendo que de ahí a ser capitán o coronel es solo cuestión de saber jugar sus cartas.

En resumen, ambas le dieron la espalda al país y optaron por los intereses políticos que cada una persigue. A partir de ahí, no hay diálogo posible. Todo lo que haga la presidenta del Estado será condenado por la presidenta del Senado, y viceversa. El problema es que esto nos lleva a una situación de estancamiento que en cualquier otro tiempo sería soportable, pero en la actual crisis es insufrible.

Casi todo lo que propone el Ejecutivo es bloqueado en el Legislativo. Claro, se asume que si las cosas le salen bien al gobierno, es punto a favor para la campaña de Añez, de modo que, aunque cueste vidas, el MAS se está empeñando en frenar la gestión de la presidenta.

Los cálculos políticos predominan, la salud es secundaria. La fecha de las elecciones la deciden las encuestas, y los estrategas, no el estado de la pandemia. Cuando el viento soplaba a favor de Áñez y una encuesta filtrada revelaba que su popularidad iba en ascenso, el MAS se empecinó en que se fijará una fecha para los comicios cuanto antes. 

La idea era que mientras más tiempo pasara, la presidenta podía aumentar su caudal de votos, por lo tanto, había que ir a las urnas de inmediato. Pero con los casos de corrupción, el desgaste de la imagen presidencial fue repentino y el MAS vio por conveniente postergar las elecciones un poco, para que Añez se fuera “quemando” sola.

Y así llegamos al intercambio epistolar en el que ambas señoras se señalan como responsables de los males de la patria. Añez, intentando volcar la opinión pública contra el MAS, le pidió a Copa que le hiciera llegar “el estudio médico y científico (el estudio epidemiológico) en el cual se basa su decisión y la del MAS para impulsar las elecciones el 6 de septiembre”. 

Y Copa le respondió a Añez con un estilo sarcástico (más propio del Gringo Gonzáles o de Gustavo Torrico), apuntando los dardos hacia la falta de palabra de la mandataria (como si su jefe no hubiera hecho cosas similares más de una vez) y acusándola de haber abandonado a las familias de bajos ingresos y a los pueblos indígenas, los grupos más vulnerables en esta crisis.

No le falta razón en muchos puntos a la presidenta del Senado, pero peca de cínica al hablar de sectores vulnerables, cuando fue gente de su partido la que se aprovechó de la ignorancia y falta de conocimientos de los más vulnerables precisamente, para implantarles la idea de que el coronavirus no existe, que es un invento de la derecha. El objetivo era claro: que fracasen las medidas drásticas impuestas por el gobierno, aunque eso cueste la vida de los desprotegidos; de hecho, mejor si cuesta la vida de muchos desprotegidos, porque así se podrá endilgar la responsabilidad a la presidenta Áñez.

Y sí es responsable en parte, ya que todo este conflicto político en medio de la pandemia se debe a su decisión de hacer campaña y gestión al mismo tiempo, a su decisión de dar marcha atrás y borrar con el codo lo que escribió con la mano.

Ambas son responsables visibles del descalabro, pero son solo la punta del iceberg. Hay muchos más por detrás echando leña a la hoguera, deleitándose con el aroma de la muerte que, en sus perversas mentes, se traduce en votos.

La esperanza de que el sentido común (y por ende, el bien común) primara se esfumó. Ambas son solo una extensión de una tradición política que indigna, pero, lamentablemente, no sorprende.
 

 

Mensaje de Raúl Garáfulic, Presidente del directorio de Página Siete

El coronavirus ha causado la peor crisis económica que me ha tocado vivir en casi 40 años de experiencia profesional y algunos expertos anticipan que la recuperación podría tomar un par de años.

La dramática caída de nuestros ingresos ha puesto en riesgo la estabilidad financiera de Página Siete.

Para salir de la crisis necesitamos reinventarnos hacia contenidos digitales y un paso en esa dirección es nuestra nueva aplicación PaginaSietePro, que está disponible en Apple Store y Google Play.

La aplicación contiene información en tiempo real, la versión completa del periódico impreso y próximamente, información y servicios exclusivos que no estarán disponibles en otras plataformas.

Tu suscripción a la aplicación nos permitirá seguir ejerciendo un periodismo de calidad, con la información completa y el análisis y contexto que nos caracteriza.

Medios de comunicación independientes y valientes son imprescindible para la vida en libertad y democracia. Página Siete lo demostró en varios momentos difíciles que nos tocó vivir durante los últimos años.

Muchas gracias por tu apoyo.

Para suscribirte, descarga la aplicación de Apple Store o Google Play haciendo clic en uno de los siguientes botones:

Apple Store

Google Play

Consultas


   

24
13