Visiones

Las élites y el Estado Plurinacional

viernes, 26 de junio de 2020 · 00:00

Pablo Mamani Ramirez 
Sociólogo

Mediante lenguaje escrito cierta intelectualidad devela sus estados de ánimo para hacernos notar sus profundas obnubilaciones mentales y su visión de la historia. Uno de esos artículos que se publica en este medio es la de Medinaceli Soza quien bajo el título “El fracaso del Estado Plurinacional”, expone que los 14 años, así lo deja entender, son un error de la historia. Y varios columnistas hacen lo propio. Tomaremos esto para dejar notar un tipo de discurso o visión de la historia de un pequeño sector de la sociedad boliviana, pero influyente. 

Existe una línea de desprecio a la población indígena, o india del país, que habita ahora mayoritariamente las grandes ciudades y áreas rurales. En dichos artículos se lee un profundo odio a ese Otro, aunque en ese intento pierden fácilmente la exquisitez y su culto lenguaje

. ¿Pero cuáles son los “argumentos” del susodicho fracaso del Estado Plurinacional? 

Medinaceli Soza fantasea. La pregunta es: ¿Hubo Estado Plurinacional? Y la respuesta es: no hubo. Lo que existió es el mismo Estado republicano con elementos simbólicos de lo indígena. Sólo símbolos. Aunque lo del símbolo no es ciertamente inocuo. 

Y esa narrativa del desprecio del indígena contrasta con esa culta y buen sentido del gusto de la gente “decente”. No importa que el indio sea ahora posiblemente el nuevo espíritu de la nación. En la línea anterior se afirma: “Lo que sí se dio en el Estado Plurinacional es la creación de una nueva burguesía burocrática y comercial alrededor de la emergencia de los movimiento (sic) sociales, favoreciendo a dirigencias parasitas junto a ideologías prebéndales y populistas”.

El objetivo es borrar de la historia al sujeto indígena y popular, como ocurrió  antes. Porque en todos estos relatos, el indio aparece como cocámano, sucio, irracional, que no piensa, no tiene sutilezas; en fin, es ignorante. Tal vez han vuelto a las lecturas de Conde de Buffon de Francia de 1780, porque se animaliza al hombre; especialmente a ese Otro. Para ello se valen de la crítica al MAS. 

“Impusieron… el fanatismo de la descolonización, dejando de lado exprofesamente lo más preciado del hombre, la salud; impulsando una educación arcaica donde se valora el pachamamismo antes que la ciencia; aplicando en el Parlamento insultos, chicotazos, en vez de ‘parlare’ escupir ‘pijchus’ de coca, vegetal que descaradamente introdujeron en la CPE, siendo materia para la cocaína”. 

Tal vez tengan razón en el tema de la salud y pachamamismo. ¿Pero, los pijchus? En Sucre, en 2007, asambleístas mujeres de pollera fueron echadas de los hoteles porque justamente pijchaban coca. Y los argentinos del Norte también pijchan coca. Es en ese contexto que se justifica el adjetivo de “salvajes”.    

Frente a esa realidad, el MAS fue muy tibio. No construyó un Estado realmente Plurinacional porque mantuvieron los fueros y los estatus establecidos. Se hizo una cierta reforma simbólica con elementos del nacionalismo revolucionario del 52. Lo cual incluso legitimó a ese Estado que históricamente es antinacional. Aunque hoy para la gente esos 14 años fueron un hecho histórico, para  este sector fueron  un error histórico.  

Y, ¿qué es el Estado hoy? Vivimos en una especie de reino medieval. Se exponen mentalidades azarosas de ojos azules, de gente que se autorrefiere blanco y de cabellos crespos, y de quienes quieren poner letreros en   los enfermos de Covid-19. Y hablan de los “salvajes”. 

El Estado está dado por un gobierno de familias, corporaciones, y de nuevos latrocinios agravados. ¿Dónde quedó la recuperación de la democracia y la lucha contra la corrupción?  

Aquí otra pregunta. ¿Han reducido la historia a una visión corta de sólo a los 14 años? ¿Y qué paso con los 181 años (y con los 20 años antes de 2006), en los que  han explotado los recursos naturales y han robado al Estado? ¿Esa historia era brillante? ¿Entonces queremos volver allí?

 Seguro. Porque con ello volveríamos a la brillantez de nuestra Historia. Aunque esta historia no es tabla rasa, hay excepciones. Y ante esa necesidad, curiosamente exponen un odio visceral  hacia el indio.

Esa narrativa del error de la historia no es ingenua; es para volver al Estado neocolonial y republicano, aunque el Estado Plurinacional es un Estado republicano. Uno de los medios para ello es cambiar la Constitución de 2009, por cualquier medio, y restablecer el Estado “blanco” de 1994. 

El artilugio del error de la historia es perfecto. ¿Y si así fuera, el resto del país, en un 70 o 75%, quedaría nuevamente fuera de la historia? Efectivamente, sí. Hay una lectura de la historia en la línea de F. Hegel. Sienten que en los 14 años han quedado fuera de la historia y entonces, para borrar a esa historia, hay que volver a la Historia con H mayúscula, aunque todos sabemos que esa historia es la Historia del existencialismo del país. 

El de ser o no ser; que siguiendo a Hegel sería una gran paradoja. Bolivia y América Latina como África no son Historia para Hegel. Están fuera de ella. Y entonces ¿quedaríamos doblemente fuera de la Historia Nosotros y Ellos? 

La coartada de la corta duración de la historia a los 14 años es brillante. Porque gobernar usufrutuando de la tierra, de los indios, de la República colonial y de la mano de obra de esos Otros, es lo pertinente. 

Sin embargo, la obnubilación de las cultas narrativas en especie de mentalidades transliteradas, niega todo ese detalle. Aunque eso no importa, igual quieren vengarse de la historia de los 14 años. Porque de por medio está ayudar a instaurar la vieja historia de exacciones violentas, masacres y  genocidios, tantas veces repetida en Bolivia. 

En ese relato no importa que antes de 2006 el país haya sido fuente de grandes tragedias humanas y de lujurias de la casta. Por eso, Arguedas, Antelo, o Moreno, han expresado un profundo existencialismo. El ser o no ser; para finalmente ser la Nada. El país de la Nada. Y lo que el MAS hizo frente a ello es muy poco. Por eso se lo criticó. Porque este país sigue viéndose como un país oscuro y violento.

 

 

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