Covid-19

Chile y Costa Rica, estrategias diferentes contra el virus

Las periodistas Maricel Sequeira, de Costa Rica, y Riitta Alanen, de Chile, relatan cómo sus gobiernos y sistemas de salud enfrentan la pandemia.
viernes, 5 de junio de 2020 · 00:00

Carlos Decker-Molina
Periodista boliviano radicado en Suecia

Si hubo dos países que tenían un desarrollo social parecido han sido Costa Rica y Chile. El primer país, a diferencia del segundo, no tiene fuerzas armadas, pero sí una policía muy poderosa. Su pacifismo y su democracia pueden compararse con las que tuvo Chile antes de la dictadura de Pinochet. Dos democracias con un contenido social importante, dos sociedades con sentido de la equidad. 

Algo pasó luego de la llamada década perdida (1980-90), Costa Rica fue el país rodeado de conflictos armados y Chile sufrió la dictadura. Recuperarse antes de fines de siglo impuso políticas económicas que hoy nos muestran la diferencia.

El ministro de Hacienda de Costa Rica, Rodrigo Chaves, explicó en una videoconferencia de prensa que los esfuerzos del Gobierno están enfocados en “evitar que una recesión profunda, pero temporal, vaya a causar un daño muy grande”.

Según las proyecciones oficiales, el déficit financiero cerrará el 2020 en el 8,6 % del Producto Interno Bruto (PIB) y el déficit primario (sin intereses de la deuda) en un 3,41 % debido al coronavirus.

Antes de la pandemia, la proyección era del 6,1 % y del 1,3 % respectivamente, lo que hubiese sido el menor déficit primario de la última década.

Los indicadores de Chile, según fuente oficial, son provisionales. El gobierno chileno había previsto en enero un alza del PIB de 1,3% para este año. Según el informe de Finanzas Públicas el precio del cobre caerá a 2,36 dólares por libra. La economía chilena caerá un 2% en 2020 y el déficit fiscal se estima será un poco mas del 8% del PIB.

La distribución socioeconómica es más igualitaria en Costa Rica que en Chile. La respuesta de los chilenos a la inequidad se vio en las calles, las protestas comenzaron a fines del año 2019 y, a pesar de la pandemia, han continuado.

Para tener una idea más objetiva sobre ambos países en tiempos de la pandemia conversé en exclusiva para Página Siete con dos colegas periodistas que ilustrarán sobre la estrategia de cada gobierno para combatir la pandemia.

Maricel Sequeira, de Costa Rica

“Desde el inicio de la pandemia, el gobierno optó por la estrategia de demorar o aplanar la curva, de manera que los 29 hospitales del país tuvieran capacidad para enfrentar la emergencia. En ese sentido, se invirtieron 10 millones de dólares en comprar cerca de 300 respiradores para sumarlos a los 350 con que ya cuenta el país. Además, el país tiene 5.500 camas de las cuales se destinó el 30% solo a atender casos de Covid-19.

Un hospital de rehabilitación fue remodelado para atender solo pacientes infectados del coronavirus y se instalaron hospitales de campaña en varias partes. Se importó equipo para protección de personal. En segundo lugar, se tomaron medidas sociales como la de evitar los abrazos y besos y en poco tiempo se decidió cerrar escuelas, comercios, playas, hoteles, fronteras, y enviar a la gente a trabajar desde sus casas, cuando esto es posible. El resultado sigue siendo positivo: hasta este miércoles 20 de mayo se contabilizaban 897 casos confirmados, según el informe oficial”.

 

Riitta Alanen, de Chile

“El gobierno de Sebastián Piñera está tratando de controlar la propagación del virus con medidas restrictivas. Se estableció un “estado de catástrofe” el 18 de marzo, lo que se traduce en cierre de las fronteras, impidiendo ingreso de extranjeros al país, y un toque de queda nocturno de las 22 a las 5:00 horas en todo el país. 

Los supermercados funcionan con horario reducido y solo pueden entrar pocas personas a la vez. En los barrios acomodados han aumentado pedidos a domicilio de alimentos listos.

Se puede conseguir salvoconductos por internet que otorga la policía para ir al médico, a la farmacia o a hacer compras, a visitar familiares de tercera edad, o a pasear el perro.

El uso de mascarilla es obligatorio. Es mal visto no usar mascarilla cuando se sale a la calle, por lo menos en Santiago.

Las cifras se han disparado en la última semana: Ya son más de 65.000 contagiados y casi 700 fallecidos. Mucho indica que en realidad estas cifras son más altas. Siete de cada diez chilenos desconfían en la información del gobierno sobre la pandemia”.

Vecinos  de La Pintana, en Santiago, en una parada de buses.
Foto:EFE

¿Quiénes dirigen, los políticos o los expertos?

Marisel, desde Costa Rica, dice: “El liderazgo lo lleva el ministro de Salud, Daniel Salas, un médico epidemiólogo de 43 años que, desde un inicio, dio señales de tener claro lo que debía hacer, sin importar si sus decisiones le darían un rédito político o no. Salas hizo una dupla perfecta con Román Macaya, doctor en química y presidente de la Caja Costarricense del Seguro Social. A ambos se le atribuye el éxito que ha tenido el país en la lucha contra la Covid-19”.
 
¿Y en Chile cómo es?

“Las primeras cuarentenas fueron anunciadas a fines de marzo, cuando los contagios llegaron a mil casos. Varios especialistas han criticado fuertemente al gobierno, entre ellos la presidenta del Colegio Médico, Izkia Siches. Ella participa en una “Mesa Social por la Covid-19”, constituida por miembros del gobierno, especialistas del mundo de la salud, de municipios y académicos. 

Siches sigue acusando al gobierno, sobre todo al ministro de Salud, Jaime Mañalich, de falta de transparencia y credibilidad, y “exige un cambio en la forma de enfrentar la pandemia”. El ministro Mañalich es un médico de discutida reputación, expulsado en 2015 del Colegio Médico por faltas a la ética”.
El sistema de salud en Costa Rica

“El país cuenta desde 1941 con un sistema de salud universal regido por la Caja Costarricense del Seguro Social que cubre a un 95% de la población”. Por supuesto hay muchas quejas por el servicio de consulta externa, que incluye la atención y distribución de medicamentos, pero la población confía plenamente en la calidad del personal cuando se trata de internamientos y cirugías. Pocas cosas hay por las cuales la población costarricense estaría dispuesta a salir a las calles, la seguridad social es una de ellas. Hablar de privatizar la seguridad social no es algo aceptable en este país. Sin embargo, existe la medicina privada sin ningún problema. No está regulada por el Estado, simplemente el que tiene dinero paga”.

El sistema de salud pública en Chile

“Aproximadamente el 80% de los chilenos están afiliados al sistema de salud pública, FONASA, y menos de un 20% al sistema privado, las llamadas ISAPRES. 

Al cotizar en FONASA uno debe obligatoriamente destinar el 7% de su sueldo bruto mensual al fondo y puede incluir cargas legales, es decir hijos hasta 25 años. 

En el caso de las ISAPRES (son varias), normalmente se paga más del 7% para tener un mejor “plan de salud” y para poder incluir otros miembros de la familia en el plan. La gran mayoría de la clase más acomodada está afiliada a las ISAPRES.

FONASA y las ISAPRES ofrecen los mismos servicios en cuanto a consultas médicas y exámenes, pero la gran diferencia es el tiempo de espera para ser atendido. Los afiliados al FONASA tienen que esperar meses, a veces años para ser operados, mientras los que tienen un plan de ISAPRES, pueden tener su operación incluso el día siguiente, en clínicas privadas.

Los afiliados al FONASA son más perjudicados durante esta pandemia, ya que los hospitales públicos están a punto de colapsar: faltan camas, personal médico y respiradores mecánicos.

En el caso de las ISAPRES (son varias), normalmente se paga más del 7% para tener un mejor “plan de salud” y para poder incluir otros miembros de la familia en el plan. La gran mayoría de la clase más acomodada está afiliada a las ISAPRES.

Una trabajadora   en la clínica Carlos Durán en San José.
Foto:EFE

Y ¿los marginados en Costa Rica?

Hay varias iniciativas mixtas en San José para atender a los indigentes. El Estado habilitó un gimnasio donde pudieran dormir sin estar hacinados. Se trata de más de 200 personas que deambulan por la ciudad y que ahora pueden acudir a cuatro centros de atención creados por diferentes instituciones públicas y alguna organización privada. Entre todos ellos les dan baño, comida, atención médica. Según el alcalde de San José, Johnny Araya, es prioritario atender a este grupo de habitantes no solo por su vulnerabilidad social y de exclusión, sino también para evitar que se conviertan en vector de contagio para sí mismos y para otros”.

Inequidad social en Chile

La crisis sanitaria golpea a Chile en un momento muy complejo. El estallido social, que comenzó en octubre del año pasado, con marchas multitudinarias contra el sistema y por cambios sociales profundos, está en pausa, no ha desaparecido, se han agudizado por la pandemia. Se dijo que la cesantía y la pobreza llegarán a los dos dígitos.

En los últimos días han surgido varias protestas e incidentes en comunas donde hay mucha pobreza. La gente que se encuentra en cuarentena sin poder a salir a trabajar alega: “no nos mata la pandemia, nos mata el hambre”.

En los barrios vulnerables ha golpeado con fuerza la pandemia. Con la ausencia del Estado, los narcotraficantes aprovechan la crisis para hacer crecer su influencia.

Por ejemplo, en La Pintana, una de las comunas más pobres del Gran Santiago, las autoridades municipales están preocupadas por la “narco-beneficencia”. Los narcos prestan dinero, financian equipos médicos y regalan alimentos a los vecinos.  

El apoyo del presidente Piñera, que subió levemente en las primeras semanas de la crisis sanitaria, volvió a bajar a un 20%. La desconfianza hacia el gobierno y las autoridades en general es altísima.

En octubre se debería efectuar el referéndum sobre una nueva Constitución, se ha postergado. Una nueva prórroga solo alimentaría el fuego del descontento, encendido el año pasado.

Hace unos días, durante la crisis, la palabra “hambre” fue proyectada en un costado de uno de los edificios de la emblemática Plaza Italia, rebautizada como Plaza de la Dignidad el año pasado, tras las manifestaciones semanales en ese lugar.

Tras una masiva viralización y un éxito rotundo en redes sociales, el día siguiente proyectaron las palabras “Solidaridad” y “Humanidad” en el mismo edificio. Estas fueron “borradas” por unos potentes focos, directamente apuntados al edificio.

¿A que hemos llegado, si borran la palabra “Humanidad”?  preguntó acertadamente un sociólogo en Twitter.

 

 

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