Pandemia

¿Elecciones? O salud

Las condiciones objetivas tienen que ver con el control del coronavirus. Se debe evitar una transmisión masiva.
viernes, 5 de junio de 2020 · 00:00

Fernando Rocabado Quevedo
Médico salubrista  y epidemiólogo

El gobierno de Jeanine Añez se encuentra cada vez más acorralado por el pedido casi generalizado de los partidos de oposición por realizar las elecciones nacionales prontamente. El tiempo fue planteado por la presidenta de la Asamblea Legislativa Plurinacional, Eva Copa, cuando el 30 abril promulgó la Ley de Postergación de las Elecciones Generales, que fija un plazo de 90 días para la celebración de los comicios. Esto significa que las elecciones debieran realizarse a comienzos del mes de agosto.

En el momento confluyen dos problemas que deben ser considerados de la manera más razonable, antes de lanzar una fecha definitiva. El primero es el desgaste que va sufriendo el propio Gobierno por sus errores políticos, de gestión de la crisis de la pandemia y los relacionados con actos de corrupción, mismos que inciden de manera negativa en su imagen. Es la imagen de un gobierno transitorio que fue entronizado para cumplir el objetivo primario de conducir la transición democrática a buen puerto y, de manera secundaria, enfrentar con las mejores estrategias y recursos la emergencia sanitaria, que empezó a azotarnos casi simultáneamente.

Esto quiere decir que para cumplir con el primer objetivo debemos considerar el segundo, que actúa como un condicionante del primero. En este sentido trataremos de responder a la pregunta generalizada, ¿podremos votar en el mes de agosto?

Para esto debemos considerar, primero, la marcha de la epidemia de Covid-19, que tiene una tendencia rápidamente ascendente, por lo menos en las grandes ciudades. 

La epidemia en Bolivia comenzó con más de un mes de retraso con respecto a Europa, que ahora, recién, comienza un desescalonamiento cauto y mesurado. Ese retraso en la presentación de la epidemia nos dio la ventaja de actuar pronto y establecer la cuarentena con bastante anticipación, amortiguando la escalada de casos. 

Pero esta ventaja nos conduce también a la necesidad de desescalonar las medidas de contención antes de que nuestra curva haya llegado a su pico máximo, en plena subida. Después de la cuarentena dinámica, se ha fijado el 1 de junio como fecha del inicio del relajamiento de las políticas de confinamiento de manera regionalizada, bajo la conducción de los gobiernos departamentales y municipales, que tomarán las decisiones pertinentes. 

Algunos gobiernos departamentales ya han prolongado la cuarentena estricta hasta la mitad de junio, tal es el caso de Santa Cruz, que es el foco de mayor difusión del virus en el país. Con seguridad que el Beni le seguirá los pasos, al ser el departamento con mayor incidencia de coronavirus. Tarija, de la misma manera y por precaución ante el aumento de casos, ha prologado su cuarentena. 

Cochabamba, que en la práctica se bate sin gobierno departamental ni municipal, tiene la epidemia con mayor crecimiento en el país, ocupando ya el tercer lugar en casos nuevos registrados. Su epidemia es dispersa, con casos en buena parte de sus provincias, entre las que llama la atención la presencia de un caso en Bolívar, la provincia más pobre y alejada del departamento; y la presencia de 83 casos en la región del Chapare, lo que la convierte en una bomba de tiempo mal regulada. Lo mismo sucede en El Alto, que se muestra con una población poco disciplinada o no preocupada con lo que acontece con el virus.

 La curva de contagios

En síntesis, si bien podemos hablar de promedios nacionales y fijar una curva para el país, en los hechos, la tendencia de la epidemia será diversa, con diferentes ritmos de crecimiento por departamento y por región. 

Utilizando el indicador del Número de Reproducción (Ro), nosotros habíamos calculado que, con un Ro de 1,25, el pico de la epidemia llegaría aproximadamente a la mitad de julio. En los mejores momentos del programa de mitigación el Ro llegó a esos valores. 

Sin embargo, dado el desborde de la población en los últimos días, en algunos casos por necesidad de subsistencia y, en otros, por indisciplina o intencionalidad política del MAS, se ha roto el principio fundamental de la cuarentena, cual es de mantener el distanciamiento social; el índice Ro, ha subido, siendo en este momento de 1,6; o sea, cada infectado es capaz de contagiar a 1,6 personas susceptibles de contagio, lo que significa un aumento exponencial que puede ser incontrolable. Índice que podría todavía aumentar desde el primer día de junio, cuando se permita una mayor movilidad de la población. 

Con el Ro observado en el día, podemos estimar que el pico de la curva podría llegar a su punto máximo en la última semana de junio (o un poco antes si el Ro sigue aumentando). Existe otro estudio, de Alcides Franco, que estima, con un Ro de 2,05, que el pico máximo se alcanzaría el 9 de agosto, fecha en que la curva comenzaría a aplanarse y terminaría el 10 de enero 2021. 

Sucede, entonces que, así como la curva subirá en tres a cuatro meses, tardará otro tanto en descender, dependiendo siempre de las condiciones de control de la pandemia. Su descontrol total, podría significar un repunte de la curva en cualquier momento.

En este vaivén de la curva de tendencia del coronavirus, ¿se podrá votar libremente, en paz y de manera meditada? En otras palabras, ¿existen las condiciones objetivas y subjetivas para ir a elecciones?

Es lógico que habrá un sector de la población, no el mayoritario, que tratará de votar a como dé lugar, sin mucha conciencia de lo que se vive y con el ánimo de acelerar el cambio político. Pero existe otro sector, considero que el más numeroso, que será más cauto y pensará dos veces antes de proponer una fecha de votación. 

En este grupo inscribo de entrada al millón de mayores de 60 años, cuya participación es de alto riesgo; es el grupo que aporta con el 60% de los muertos en la emergencia (con los mayores de 40 años aportan el 90%). Demás está decir que en este grupo se inscriben casi todos los candidatos y, alguno de ellos, con mayor vulnerabilidad por tener antecedentes de enfermedad crónica.

 

Campañas y logística

En Bolivia, las elecciones no consisten simplemente en ir a depositar el voto, que muchos países lo podrían hacer por internet. Primero hay que considerar que son obligatorias y, segundo, que tienen un proceso de preparación y de campaña que son la sustancia de nuestras elecciones, mismas que hay que vivirlas y hacerlas participativas; vivencia que las redes sociales no podrán suplir, primero porque un grueso sector de la población no tiene acceso al internet y, segundo, porque la gente quiere ver a los candidatos en concentraciones de carne y hueso. 

Los medios de comunicación podrían suplir de alguna manera el contacto directo con el candidato, aunque quitándole lucidez e interés a la campaña. A nivel local, los partidos quieren abrir sus casas de campaña, para organizarse, recibir material de propaganda y programas, lo que las convertiría fácilmente en potenciales focos de infección, al igual que a cualquier intento de concentración.

Los mismos programas que presenten los partidos postulantes tendrán que partir de sus propuestas para enfrentar la pandemia y de cómo salir de la crisis económica y social en la que nos estamos hundiendo. Las propuestas, que fueron presentadas en octubre, tendrán que renovarse casi por completo para ser el centro de atención de los votantes.

Si la campaña es dificultosa, el problema mayor se presenta operativamente el día de las elecciones. ¿Habrá suficiente cantidad de gente que se presente como delegado de mesa, ante la sola convocatoria del TSE? ¿Los que se presenten, habrán evaluado el riesgo que corren sentados en la mesa durante, por lo menos, 10 horas? Los más de 100 mil delegados tienen que ser entrenados en protocolos de votación, preparados con visión de bioseguridad, en cursos no presenciales, por lo que será difícil alcanzar a todos de manera igualitaria. 

Los jurados tendrán que ser provistos de equipos completos de bioseguridad, esto quiere decir, mascarillas de plástico para la cara; barbijos N95 (por lo menos dos para unas 12 horas de trabajo); gorros y guantes para ciertas operaciones (está demostrado que su uso es peligroso), en este caso para el votante y para el vocal de mesa, quien tendrá que saber sacarse y ponerse con técnicas correctas. La mesa debe contar, además, con una buena cantidad de gel con alcohol, jabones y toallas desechables, amén de bolsas de plástico para acumular los desechos. Se debe considerar su alimentación higiénica durante el día y la forma de dotarles de refrescos o agua. 

Por otro lado, los votantes tienen que tener condiciones de seguridad; no pueden asistir sin barbijos, que tendrán que quitárselos (¿?) al momento de presentarse frente a la mesa para ser reconocidos; antes de hacer la fila debe tomárseles la temperatura y responder a un pequeño cuestionario; en la fila debe respetar el metro y medio de distanciamiento; mejor si tienen una fila de entrada y otra de salida, para evitar cruzamientos riesgosos.

En el momento de votar se debe tener el menor contacto con los de la mesa (en lo posible ningún contacto físico directo): mostrar el carnet a distancia, usar bolígrafo diferente para cada votante, evitar los cuadernos y materiales comunes; las salas de votación deben ser aireadas, con superficies limpias y desinfectadas para cada persona; el votante debe lavarse las manos con gel al entrar y al retirarse.El momento del recuento de votos debe ser también bien pensado; la sala donde se realice debe ser ventilada, considerando la distancia entre los actores, se debe evitar el público; los materiales del recuento deben ser desechables. En fin, creemos que es una misión no muy fácil y de mucho riesgo la del delegado de mesa.

Estamos, entonces, frente a una cruel encrucijada. O vamos a elecciones como estipula la Ley del MAS, o las postergamos racionalmente hasta cuando se den las condiciones objetivas y subjetivas para una amplia participación ciudadana.

 

 Control de la pandemia

Las condiciones objetivas tienen que ver con el control del coronavirus. Aunque persistan pequeños focos, debemos tener la capacidad de controlarlos y evitar su transmisión masiva. Esto quiere decir, capacidad para detectar, testear, aislar, tratar a los enfermos y rastrear a sus contactos. Tenemos que haber reducido al mínimo cualquier riesgo de brote, y haber subido el nivel de compromiso e información de nuestra población.

Las condiciones subjetivas tienen que ver con la preparación mental y el nivel de conciencia post coronavirus que adquiera el ciudadano después de esta tremenda experiencia.  Queremos votar en paz y pensando en la mejor opción para salir del atolladero.

No somos el único país en esta situación, más de 39 elecciones, para diferentes instancias de gobierno, se han postergado en el mundo desde el inicio de la pandemia, y aquellas que han persistido en su intento no han logrado ni el 50% de participación ciudadana. Chile, de entrada, postergó sus elecciones parlamentarias para el 25 de octubre, que están en veremos ante el súbito crecimiento de su curva pandémica.

 

Ciencia y política

Como se ha repetido en cada uno de estos casos, donde la Constitución lo permite, la fundamentación para cualquier postergación debe basarse en conceptos científicos antes que en caprichos políticos. En este sentido, y observando las proyecciones de nuestra epidemia, no creemos posible la realización de elecciones antes del mes de noviembre, so pena de arriesgar un aumento de casos y una nueva subida de nuestra curva, que para ese entonces se habrá regionalizado con diferentes tendencias departamentales. Considerando la necesidad de una renovada campaña y nuevos candidatos, tal vez la mejor fecha sea a los comienzos de 2021.

En medio de esta encrucijada, el gobierno transitorio está haciendo aguas por sus propios errores, que trata de pasarlos culpando a terceros. O sea, el incordio eleccionario es el propio gobierno que, si se percata el momento en que estamos atravesando, debe dar algunos golpes de timón a su gestión gubernamental. 

El primer golpe es que debe decidir con claridad meridiana si su prioridad principal es enfrentar al coronavirus o hacer campaña eleccionaria; siendo su opción la pandemia, no debiera dudar en abandonar su campaña y concentrarse en esta prioridad.  

Para cumplir con ella, lo primero de debe hacer es convocar a un acuerdo nacional, donde de manera conjunta, y velando los intereses comunes, todas las fuerzas políticas y sociales deben lograr un compromiso que permita la gobernabilidad, tanto para este gobierno de paso, como para el que venza en las elecciones y tenga que enfrentar el futuro cercano, que no es nada prometedor.

 

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