Jeanine, Veltzé y Guido Vildoso

Los calculistas políticos en el centro del debate

Del 2006 al 2020 vivimos el modelo de nacionalismo comunitario y hoy vivimos la fase final de este modelo, sostiene el autor.
viernes, 5 de junio de 2020 · 00:00

Diego Ayo  Politólogo

¿Qué tiempo estamos viviendo hoy en día? Podemos asustarnos del coronavirus, pero no es esta enfermedad lo peor que nos podía ocurrir. Lo peor de este mal es que nos impide ver lo que debemos ver: el final de un modelo, aquel que se edificó en 2005 y que hoy está muriendo. 

El coronavirus es terrible y lamento profundamente el padecimiento de miles de bolivianos. Empero, hay algo nefasto de este mal que pasamos por alto. ¿Qué es? Qué nos hace creer que sólo existe él. Y lo cierto es que no. Antes de su existencia, el modelo político, económico y social vigente, estaba ya viviendo su último estertor. Ya estábamos en esa carrera fatal que atestiguaba como lo viejo no terminaba de morir y lo nuevo no terminaba de nacer. El “modelo comunitario masista” daba su último respiro, pero sin posibilitar que surja su reemplazo. 

¿Qué observamos? Cabe iniciar con la tesis central: del 2006 al 2020 vivimos el modelo de nacionalismo comunitario y hoy vivimos la fase final de este modelo. En este escenario, la aparición súbita de la señora Añez no supuso en verdad un cambio. 

El modelo comunitario comenzó su rumbo en 2006 y ascendió (con dificultades de 2006 a 2009) constantemente hasta 2016, precisamente hasta febrero del 2016. He ahí la fase de ascenso. 

Sin embargo, desde ese febrero fue cayendo hasta 2019. En ese año tuvimos una elección fraudulenta y la caída fue más aguda. 

Que la señora Añez haya sido designada presidenta en 2020 supuso un leve repunte. Una luna de miel. Mucha gente puede creer que su gobierno fue un gobierno nuevo, y lo fue, pero bajo el disfraz viejo. Te pusiste el antifaz de quien salió maltrecho de la fiesta. 

Lo que tuvimos antes de Jeanine fue un cuerpo agónico, y después de Jeanine, el mismo cuerpo agónico, aunque maquillado. Maquillamos al enfermo. Nada más, pero sigue ahí y seguimos viviendo el final del nacionalismo comunitario. ¿Hacia qué modelo iremos? Aún no lo sabemos y, al parecer, no lo queremos averiguar.   

¿Qué pasó en otros periodos? Lo propio. Sepamos que Eduardo Rodríguez fue el último presidente del periodo neoliberal que vivió su curva de legitimación de 1985 a 2000. De 2000 a 2005 la caída fue abrupta, pero el modelo siguió vigente. 

Y, en ese escenario, ¿quién fue Rodríguez Veltzé? El artífice del cambio de modelo, desde aquel modelo de democracia representativa de mercado que duró de 1985 a 2005, al modelo de nacionalismo comunitario que duró (y dura aún) de 2006 a 2020. 

¿Vivimos algo parecido a lo largo de nuestra historia? Sin dudas. El general Guido Vildoso fue el antecesor y émulo de Rodríguez. El país vivió el periodo de la fase del nacionalismo revolucionario de 1971 a 1978 con una euforia de precios que fue concebida como de “éxito económico”.

Nada más lejano a la verdad, que fue aprovechado por la dictadura para mostrar ese “éxito”. La debacle comenzó en 1978, tuvo su apogeo en 1982 y su continuidad de 1982 a 1985 bajo el mando de la UDP. Pasamos del nacionalismo revolucionario al neoliberalismo. 

No fue solo un cambio de gobierno, fue un cambio de modelo. Dicho en breve: pasamos del nacionalismo revolucionario a la democracia de mercado con el apoyo de Vildoso, y pasamos de esta democracia de mercado al nacionalismo comunitario con el apoyo de Rodríguez Veltzé. 

Insisto: una hueste de militares precedió a Vildoso de 1978 a 1982. Una misma hueste de civiles precedió a Rodríguez de 2000 a 2005. Los tiempos cambiaron, los errores permanecieron. 

El largo listado de militares que copó la presidencia en aquel tiempo (78-82), mutó por el largo listado de civiles que copó la presidencia en este tiempo (2000-2005). Afortunadamente, este recordado hombre de armas hizo lo que nuestro recordado hombre de leyes hizo: ceder el poder y convocar a elecciones. La ecuación varió de no querer convocar a elecciones y ceder el mando, a convocarlas y ceder. Aquel era un militar que quería ser militar, pero fue presidente, éste fue un abogado que quería ser abogado, y fue presidente. Vaya fortuna. Y ya en su rol de mandatarios, volvimos a soñar. 

El sueño no duraría mucho, vaya pesar, aunque el infortunio del futuro inmediato, del 82 al 85, con la dualidad izquierda-derecha y, del 2006 al 2009, con la dualidad oriente-occidente, no fue su responsabilidad. Hicieron lo que debían hacer cuando debían hacerlo. Fueron los parteros del modelo de democracia representativa de mercado y del nacionalismo comunitario.

Hoy requerimos que suceda similar fenómeno y necesitamos el partero del nuevo modelo. ¿Hacia qué modelo? No lo sabemos, aunque podemos estar seguros de que ese nuevo modelo tomará en cuenta a las ciudades, el medio ambiente, la salud y la descentralización. 

Y es eso lo que debemos empujar como país. No el simple oportunismo político electoral. Hoy quizás estamos de retorno en 1978 y en 2000. Reiniciamos como Bolivia con nuevos modelos en 1985 y en 2009. Queda pues mucho por recorrer y mucho por errar. Todo puede pasar y, por supuesto, lo mejor que podría pasar es equivocarme.

 

 

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