Pandemia y economía

Un largo y doloroso camino

Históricamente, la economía boliviana ha mostrado poca capacidad de reacción rápida ante recesiones.
viernes, 10 de julio de 2020 · 00:00

Oscar Antezana Malpartida
Economista

 

La  Covid-19 es tal vez el shock económico más brutal en la historia boliviana. En base a datos disponibles, los años 1929-1932, la tasa de crecimiento per cápita anual promedio fue aproximadamente -8,20% (fuente: José Peres Cajías, 2018) y en 1983 -5,96%. Para este año el Banco Mundial pronostica un crecimiento de -5,9%,  o aproximadamente -8,1% en términos per cápita. Creo que será más, veamos.

Para el 2021, el pronóstico del Banco Mundial es de un tibio 2,2% (o alrededor de cero en términos per cápita). Los supuestos incluyen que las medidas de mitigación doméstica se relajarán a principios del segundo semestre del año, lo que marcará el comienzo de una recuperación de la actividad, y que los precios de los productos básicos se estabilizarán a medida que la demanda mundial se estabilice.

Sin embargo, recién el 25 de junio el gobierno hizo conocer un Plan Nacional de Reactivación del Empleo. Es inexplicable, en febrero ya se conocía el impacto del coronavirus en las economías europeas y un mes más tarde en Estados Unidos. Se deperdiciaron valiosos meses, incluyendo la cuarentena de más de 100 días. Pero eso no es todo.

Se ha anunciado que los reglamentos del plan estarían listos en diez días más. Luego se tendrá que esperar la buena voluntad del Legislativo (que no la tiene) controlado por el MAS que preferirá la inacción que es lo que más le conviene políticamente. Luego vendrán las campañas electorales y en septiembre las elecciones. El Ejecutivo estará preocupado y ocupado en tales afanes y no estará concentrado en despegar el Plan.

Pero toda esta situación que es de nuestra entera responsabilidad y creada por nosotros mismos, tiene como contexto general a la pandemia. Ésta, si bien no la hemos generado, ha habido muchas falencias para controlarla. A julio habrán pasado siete meses desde que se identificó al Covid-19 en China, pasarán nueve meses hasta que se sepa quién asume el nuevo gobierno, y pasará un año hasta que el nuevo gobierno asuma el poder. 

Con el transcurrir del tiempo, la incertidumbre actual habrá calado más hondo y empeorará. El desempleo y la pobreza se haran más visibles, la población estará más desencantada y el MAS le pondrá todo el empeño (si no es gobierno) para azuzar más el descontento, que es lo que mejor sabe hacer. Este sería el inicio de su estrategia para volver al poder en cinco años. Mientras, el virus seguirá avanzando implacablemente porque no hay acciones significativas que el gobierno pretende ejecutar. 

Como comenté en mi anterior artículo, “¿Esperamos a la vacuna o hacemos algo?”, parecería que, casi por defecto, se está optando más por la primera. 

Ante esta situación, el coronavirus y el evovirus determinarán la velocidad a la que permitirá que la economía se recupere. Por ahora, enfoquémonos en la Covid-19. ¿Qué es lo que mejor puede hacer este gobierno para controlar la pandemia? 

Es decir, ¿qué puede hacer para que la demanda del consumidor se recupere, el aparato productivo arranque nuevamente y se retome la educación de los niños y jóvenes?  Realizar pruebas de manera masiva es fundamental, pero también el momento en que las aplicas. 

Desde la primera persona confirmada con coronavirus hasta el pasado 30 de junio, Bolivia ha realizado 681 pruebas por 100 mil  habitantes. El 20 de mayo, más de dos meses después de iniciada la cuarentena, recién se alcanzó a  hacer mil pruebas en un día  y, a partir del 9 de junio al presente, se han realizado por lo menos mil cada día. Es un buen avance pero la curva de contagios sigue creciendo.

Entre los países que realizaron oportunamente un número importante de pruebas y/o reaccionaron aceptablemente, y se encuentran en la parte baja de la curva de contagios y declinando gradualmente, están Corea del Sur (2.333 por cada 100 mi  habitantes), Taiwán (253), e Italia (8.902). (No existen datos disponibles para todos los países del mundo). Los primeros dos realizaron pruebas masivas en un inicio; al presente, en Taiwán ya no realizan pruebas diariamente. 

En Italia las pruebas las aplicaron tarde, en el segundo mes de cuarentena. Han logrado controlar el nivel de contagio pero a un esfuerzo mayor. 

En el Reino Unido tardaron en realizar pruebas; se hicieron 6.167 por 100 mil habitantes en el mismo período, pero se logró controlar. En Estados Unidos se realizaron 5.206 por cada 100 mil al 1 de junio, pero se empezó tarde y de manera intermitente. Finalmente, en Perú se realizaron 766 por cada 100 mil personas. 

En el caso de Bolivia, no se realizaron pruebas en un número significativo hasta casi tres meses después de iniciada la cuarentena. Ahora se necesitarán más costo y esfuerzo para controlarla. De todas formas, parece no existir otra opción que hacer pruebas porque mientras no se sepa dónde y cuantos son los infectados, lógicamente, no se frenará el contagio. Así de sencillo.

Históricamente, la economía boliviana ha mostrado poca capacidad de reacción rápida ante recesiones. En base a datos desde 1960, a Bolivia le ha tomado hasta cinco años en volver a una tasa de crecimiento per cápita anual mayor a 1% después de una recesión. 

Así, a partir del año 1983, Bolivia tardó tres años (1984-1986) en revertir a positivo las tasas de crecimiento per cápita y dos años más (1987-1988) para superar un crecimiento anual per cápita de 1%. A Argentina le tomó hasta 4 años (1999-2002) entre corralitos y grandes devaluaciones de por medio; a Brasil tres, a Chile uno (no ha tenido dos años consecutivos con tasas negativas desde los años 60), a Colombia dos y a Perú tres (incluyendo terrorismo de por medio).

A diferencia de Bolivia, estos países tienen una base productiva más diversificada y moderna, un acervo de capital considerable de inversión nacional y extranjera, y una fuerza laboral más calificada. 

Una gran lección de esta pandemia es adelantarse a los acontecimientos. Esperemos que las gestiones para tener acceso a las vacunas estén adelantadas.

 

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