Filosofía

Teoría crítica y pensamiento negativo de Mario Farina

El pensar por constelaciones y la preferencia por el ensayo en la construcción de la crítica filosófica me pareció esclarecedor, sostiene el autor.
viernes, 3 de julio de 2020 · 01:58

 Fernando L. García Yapur
Politólogo

Hace mucho compré dos libros de la colección dirigida por Manuel Cruz sobre pensadores clásicos de filosofía. Me interesaba el de Maquiavelo y el de Hannah Arendt en ese momento. Ambos los leí en formato físico a fines de año 2019 en el tiempo libre de la espera y recuperación de una dolencia.

 Luego, por algún azar del destino, me llegó toda la colección (más de 50 obras) en formato digital que me caía bien ya que en navidad volvieron a regalarme un iPad, pues el que tenía lo había perdido en uno de los viajes de La Paz a Cochabamba. 

Me puse a leer varias obras de manera simultánea: Freud, Heidegger y Spinoza que aún quedan pendientes concluirlas como muchas otras que están ahí esperándome. 

Luego por alguna decisión no planificada inicié la lectura del texto de Mario Farina sobre Theodor Adorno,  Teoría crítica y pensamiento negativo. Como normalmente sucede, el texto me atrapó, quizás porque me retraía a los años de estudiante de ciencia política en la UAM-Iztapalapa en México, cuando la facultad de filosofía organizaba seminarios sobre la Escuela de Frankfurt y entre los estudiantes organizamos grupos de estudio para discutir y conocer las propuestas de esta escuela. 

Eran los años iniciales de la década de los 90 y la caída del muro en Berlín era un contexto de angustia e incertidumbre para repensar, desde el marxismo o la izquierda, la deriva de los proyectos de emancipación y modernidad. Siempre he meditado que aquellas discusiones nos abrían a un abanico de problemáticas y que, como en aquellos momentos, son las que de una y otra manera seguimos pensando. 

El pesimismo y desencantamiento que provocaba la lectura de los textos de la “teoría crítica” eran una especie de muro de consuelo y, a la vez, dolor sin retorno sobre la caída de los proyectos e imaginarios románticos en los que uno había militado. 

Desde aquella vez había la necesidad de desconfiar de la razón como estructura lógica del lenguaje y del curso lineal que presuponía el discurso de la ilustración como filosofía de la historia, sea en su vertiente capitalista como de los proyectos experimentales del socialismo. 

Me sorprendía -ya en esos años- que la propuesta de emancipación sostenida por el primer grupo de la escuela de Frankfurt (Horkheimer, Adorno y Marcuse) ya no descansaba en la acción de las masas o bien de un sujeto trascendental como se había postulado desde la filosofía occidental o bien desde el marxismo vulgar. 

La salida que proponían frente a la expansión de lo que luego se denominaría razón instrumental (de medios-fines) era extremadamente elitista y, quizás, antipolítica por el solipsismo que presuponía el ejercicio de la crítica. 

La emancipación ya no podía ser un proyecto colectivo que encarne un sujeto, sino el despliegue de la crítica radical al asentamiento de la razón instrumental en las sociedades postindustriales. Hace mucho que había dejado de leer a la vieja Escuela de Frankfurt y el releer las reflexiones y análisis, a través del texto de Farina, me resultaba productiva y, a la vez, provocadora. 

Entendí con mayor claridad, mediante el argumento de Farina, la marcada influencia de Walter Benjamín en la Escuela y, en particular, en la obra de Adorno. El pensar por constelaciones y la preferencia por el ensayo en la construcción de la crítica filosófica me pareció esclarecedor. 

La crítica a la idea de progreso y, con ella, a la ilustración como proyecto de modernidad que configura una sociedad despolitizada, sumida en el goce consumista que todo lo engulle en tanto moda y relación mercantil, me traía al presente.

 Y, quizás, algo que no había percibido antes, la teoría y crítica del arte como una dimensión o mejor una grieta de emancipación. Así, Farina en su introducción a Adorno y la teoría crítica me permitió comprender mejor un ámbito no pesimista, individual o solitario de acción colectiva (política) de emancipación. 

Me sentí muy satisfecho de encontrar cosas que no había percibido antes y conocer más sobre la dialéctica negativa de Adorno.

 

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