Debate y controversia

Médico Vs médico: las dos caras del dióxido de cloro

Un inmunólogo cuestiona el uso de este químico y sostiene que hay una gran diferencia entre un reactivo industrial y un medicamento; mientras que un especialista en rehabilitación asegura que es exitoso en el 99,9% de los casos.
viernes, 31 de julio de 2020 · 00:04

Fernando Chávez Virreira
Periodista

El consumo en Bolivia del dióxido de cloro, o CDS, para curar varias enfermedades, incluso la Covid-19, ha generado debate y polémica dentro y fuera del país. Hay quienes cuestionan su efectividad, rigurosidad científica y la falta de investigación y muchos otros que, desde la experiencia empírica, defienden la sustancia y proclaman sus grandes beneficios para muchos tipos de dolencias.

En busca de esclarecer cuáles son los beneficios y cuáles los riesgos en su consumo humano, Ideas confrontó las posiciones de dos especialistas: Roger Carvajal, médico con un doctorado en inmunología y David Rosso, especialista en medicina deportiva, psicoinmunología y rehabilitación.

¿De qué tipo de sustancia hablamos cuando nos referimos al dióxido de cloro? ¿Representa su consumo algún tipo de riesgo para la salud? ¿Qué enfermedades cura? ¿Por qué está prohibido? Son algunos de los ejes de la discusión.

Roger Carvajal (RC): El dióxido de cloro no es un medicamento, es un reactivo industrial. Por tanto, no tiene un blanco farmacológico sobre el cual actuar; interacciona químicamente (oxidando) con todo con lo que se encuentra desde su ingreso. 

Como es un biocida y es un gas, se difunde en el tracto intestinal afectando la flora microbiana y las células del intestino. Si entra a la sangre, hace lo propio con las células con las que se encuentra.  Hay una diferencia entre lo que es un reactivo quìmico y un medicamento

David Rosso (DR): Estudios amplios realizados en EEUU señalan que el uso del dióxido de cloro ha sido positivo. Yo lo uso no solo porque hay un respaldo científico del área de salud en EEUU, sino porque este producto es conocido hace más de 20 años en los que se han realizado muchas investigaciones, con muchos pros y contras.

 RC:  No hay evidencias científicas de una supuesta oxigenación celular; al contrario, por su estructura química se debiera esperar una oxidación celular de las estructuras de la superficie celular o membrana.

 DR: El dióxido de cloro elimina virus, bacterias, hongos, parásitos y la mayor parte de las infecciones en el cuerpo se dan por este tipo de células. Tiene otras ventajas, la gente que tiene Covid-19 no necesita los famosos respiradores mecánicos, porque el producto evita la coagulación por la oxigenación que presenta. 

Otra de sus grandes virtudes es que al tener dos moléculas de oxígeno y una de cloro, lleva mayor aporte de oxígeno al cuerpo, lo que implica que, por ejemplo, en un poliglobúlico en altura, hace que el paciente respire mejor. Todos los poliglobúlicos que lo consumen, a la semana cambian el color de piel y empiezan a irrigar mejor.

Tiene además muchas más aplicaciones:  pie de diabético, bronquitis, resistencia a antibióticos. La lista es enorme. Bajo ese principio de oxigenación, de antiviral, se solucionan muchísimos problemas.

 ¿Es peligroso?

RC: A las dosis que administran sus promotores parece no tener ningún efecto, ya que es un gas que se dispersa desde el líquido en el que preparan y lo reposan. Por tanto, esa dosis ultrabaja no tiene ningún efecto, ni tóxico ni terapéutico. Solo se puede esperar un efecto placebo (que ocurre normalmente con cualquier sustancia ya que se puede lograr un efecto en el 30-40% de la población por impactos de orden psíquico). 

DR: Si yo fuera una autoridad en salud, nunca diría que es un producto nocivo, o que trae problemas hepáticos y pulmonares. 

Yo digo todo contrario porque he probado el producto. Hay mucha gente que no tiene acceso a un médico, hay gente pobre para la que es su único recurso y de pronto tiene la solución a su alcance. ¿Quién, entonces, tiene la razón? El sentido común nos dice: probaremos, qué podemos perder. 

Cada día aprendemos más del dióxido de cloro; que hay que tener precauciones, sí. Tiene que provenir de una fuente confiable. La concentración debe ser la correcta. Todo esto se va a normar una vez que sea legal en el país, se realizarán controles de calidad, lo producirán los laboratorios certificados y los que prescriban sean los médicos y no la gente. Hay muchas formas de mejorar su uso para el beneficio de mucha gente.

Sobre las investigaciones y los respaldos científicos:

RC: Sabemos que el 80% de la población que se infecta con el virus SARS-CoV-2 se cura sola, por su propia capacidad inmunológica. Administrándole cualquier producto esto ocurrirá en ese porcentaje. Para saber si era el producto debe hacerse investigación de tipo clínico que eluda el problema del efecto placebo. 

Eso hasta ahora no lo han hecho los promotores. Solo muestran los testimonios, sin controles. Las evidencias de tratamiento solo serán objetivas con una investigación clínica en los términos y rigor metodológicos que se acepta a nivel mundial y que se publique en una revista que evalúa por pares. Antes, todo es especulación.

DR: Tengo una lista interminable de pacientes a los que hemos ayudado. Son experiencias satisfactorias en un 99,9%. Se usa en todo el mundo, está disponible en Amazon y Ali Babá. En Argentina, en Brasil. En Ecuador, donde había cadáveres en las calles; cuando comenzaron a utilizar el producto, daban de alta de 1.500 a 2.000 pacientes por día.  

Sobre este producto yo me juego mi prestigio al decir que es espectacular. Algún día siempre llega la verdad. Algún día Andreas Kalcker (el biofísico alemán que promueve el uso del dióxido de cloro) va a ser premiado con un Nobel.

 RC: Todo esto está dentro de lo que se conoce como la farmacología moderna molecular, que estudia la interacción del fármaco desde su ingreso al cuerpo y la interacción del fármaco y su blanco. Para cada blanco farmacológico hay una serie de estudios de cómo actúa, qué modifica, en qué condiciones.

 Luego de una amplia investigación, se respalda la inscripción de un fármaco como agente farmacológico en cualquier país. Esa licencia sanitaria exige estudios preliminares, estudios en animales, fases clínicas. Todo este proceso es muy complejo y costoso y está vinculado a normas; acá hay una ley del medicamento para que el Estado le dé seguridad a los ciudadanos en términos de su uso. En el caso de este producto, no ha seguido este proceso. 

DR: Conocí este producto durante un congreso en Miami. Me interesó porque mi madre padecía nefropatía diabética, un trastorno del riñón ocasionado por la glucosa alta. Se recuperó  y era inexplicable desde el punto de vista de la medicina tradicional. Luego de administrarle el producto, mi madre estaba al 100%, hicimos todas las pruebas de laboratorio. Tiene una vida normal hasta hoy, tomando todos los días una cantidad mínima de este producto.  No tiene ningún tipo de infección,  está más lúcida y no tiene dolores.

 

“El CDS es una especie de culto”

Elmer Huerta, de la Universidad George Washington, dijo recientemente a CNN que “el dióxido de cloro no cura nada, mucho menos este nuevo coronavirus”. “Está yendo mucho más allá de una sustancia química, usándose para la Covid-19. Es como un culto, una especie de adoración que miles o millones de personas en el mundo le tienen a este producto”.

Según explica Huerta, el fundador de este movimiento del dióxido de cloro es Jim Humble, un ingeniero norteamericano que dijo alguna vez  que “él había nacido en la constelación Andrómeda y que había pedido a sus ‘pares’ que lo pongan en la nave espacial, que iba a vigilar la Tierra”. 

Escribió un libro en 2006, El milagro mineral del s. XXI, “y de allí salió esta idea de esta solución milagrosa mineral, o el dióxido de cloro, que según él cura todo que se pueda imaginar, desde el cáncer hasta el sida. En EEUU causó muchos problemas con el autismo, los niños se intoxicaron”.

La UMSA advierte los efectos adversos

A principios de julio, la UMSA advirtió sobre los efectos adversos que causa en la salud la ingesta del dióxido de cloro si se lo utiliza como un supuesto tratamiento contra el coronavirus, y solicitó al Gobierno recursos económicos para realizar investigaciones sobre tratamientos alternativos.

“El dióxido de cloro es utilizado en el tratamiento de aguas residuales y como blanqueador de la pulpa de madera para la fabricación de papel. Es utilizado también para fumigar frutos como arándanos, fresas y otros, que desarrollan hongos y levaduras”, se pronunció el Departamento de Investigación y Posgrado de la UMSA.

Se debe tomar en cuenta que el dióxido de cloro no es un fármaco, ya que actúa como un “activante oxidativo”. Además, advierte que produce reacciones adversas al organismo, como náuseas, vómitos, incluso afecciones cardiacas y respiratorias.

La UMSA remarcó que diversas agencias internacionales de salud emitieron alertas donde advierten que no existen antecedentes científicos que avalen las condiciones preventivas o curativas eficaces del dióxido de cloro, “por el contrario su uso representa un serio riesgo para la salud de las personas”.

En ese sentido comparte el criterio científico de la Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA), que indicó que no se recomienda su ingesta, al igual que la compañía Erco Worldwide de Canadá, quien tiene más de 100 años de experiencia, y califica al dióxido de cloro de “explosivo y fuertemente oxidante”, y que puede producir quemaduras, severos daños sobre la piel y los ojos, y que podría ser letal inhalarlo.

La UMSA remarcó que el uso experimental del dióxido de cloro frente al Covid-19 debe tener el aval de comités de bioseguridad y vigilancia toxicológica, e indicó que es necesario que el Ministerio de Salud asigne recursos para realizar estudios de productos con los que se podría enfrentar el coronavirus.
 

El   dióxido de cloro alrededor del mundo

Una publicación del International Journal of Environmental Research and Public Health destacó que el dióxido de cloro es un oxidante fuerte que puede inhibir o destruir microbios. Se aplica en numerosos campos, como el tratamiento de aguas o aguas residuales, la desinfección del medio ambiente y los alimentos, y la medicina.

  La aplicación de productos de dióxido de cloro, o su contacto con los alimentos o el cuerpo humano, “es un problema grave si los productos contienen altos niveles de impurezas, mismas que son causadas principalmente por reactivos impuros”.

El 8 de abril, la Administración de Alimentos y Medicamentos de EEUU (FDA, publicó un comunicado que indicaba que “no tiene conocimiento de ninguna evidencia científica que apoye su seguridad o eficacia”, después de haber advertido por primera vez a los consumidores sobre este producto en 2010.

 Según la Organización Mundial de la Salud, “hasta ahora ningún medicamento ha demostrado prevenir o curar la Covid-19, aunque haya varios ensayos clínicos en marcha, tanto de medicamentos occidentales como tradicionales”. Por lo tanto, no recomienda automedicarse con ningún fármaco, incluidos los antibióticos.

Hugo López-Gatell, subsecretario de Prevención y Promoción de la Salud de México, dijo que no existe evidencia científica que pruebe que el uso de dióxido de cloro es adecuado para el control, prevención o tratamiento de Covid-19. “No existe evidencia científica, ni en México ni en el mundo, que muestre que el dióxido de cloro es un producto eficaz y tampoco necesariamente seguro para el control, prevención o tratamiento”, dijo

Según un comité  del Ministerio de Salud de México, “el dióxido de cloro es una sustancia utilizada como desinfectante de superficies y blanqueador de materiales orgánicos. Su ingesta tiene diversos efectos secundarios, entre los que figuran fallas respiratorias, trastornos sanguíneos, presión arterial baja, falla hepática”, entre otros.

 

 

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