Obituario

En memoria de Sandra Aliaga

Un homenaje íntimo a la periodista fallecida en diciembre, que destaca sus virtudes como profesional y como persona.
viernes, 14 de agosto de 2020 · 00:00

Mario Murillo Profesor de Sociología en la UMSA

Sandra Aliaga Bruch murió el 1 de diciembre de 2019. Fue en La Paz, de un ataque al corazón, un domingo por la tarde. Después de haber cocinado un almuerzo suculento para toda la familia, su muerte la encontró a ella jugando voleibol y a mí lejos de Bolivia. No pude despedirla. Cada día releo el cariñoso mensaje que ella me había enviado pocas horas antes de morir. La extraño tanto a mi tía. Creo que nunca en mi vida he extrañado tanto a alguien.  

 No voy a referirme a su brillante trayectoria profesional. Trabajó para instituciones y organizaciones nacionales e internacionales con un tema que la apasionaba, los estudios de género. Como periodista, editó semanarios, fue autoridad en tribunales de ética, formó parte de directorios de medios de comunicación. Sus investigaciones eran alumbradoras. Como esa historia de la salud reproductiva en Bolivia titulada No fue fácil para nadie, o sus trabajos sobre el aborto. Escribió biografías de mujeres.

 Como las de Lidia Gueiler o Ana María Romero –libro inédito, que Sandra llegó a terminar antes de morir–. Tampoco es éste el lugar donde aquilatar su noble, fecunda actividad como maestra. Fue docente universitaria de grado y postgrado en universidades locales e internacionales. Sandra inspiró a tantas personas, a lo largo de Bolivia y en muchos lugares del mundo. 

Aquí quiero referirme a la mujer que conocí de cerca, día a día, desde que nací. Una mujer excepcional, honesta y enorme. Sandra, hermana de mi madre, fue también mi madre y la madre de mis seis primas y primos. Quiero recordar a Sandra Aliaga, cuya memoria brilla por la honestidad, decencia y solidaridad con la que pasó por este mundo.

Apasionada por vivir, poseedora de una feroz inteligencia y de un agudo sentido del humor –para ella no había agudeza sin ferocidad–, la existencia de Sandra estuvo marcada por la consecuencia y la solidaridad. Me vienen a la memoria innumerables escenas que me lo recuerdan con reiteración, con insistencia. Estoy seguro de que otro tanto les ocurre a casi todas las personas que tuvieron la felicidad de conocerla.

Sandra era una persona extremadamente generosa. Con nosotros, con su familia, esa generosidad conoció formas desmesuradas. La movía una obsesión constante por hacernos sentir bien todo el tiempo. 

Cuando era niño, me daba un libro para leer y una semana después yo tenía que contarle la historia. Me escuchaba con atención, discutía mis ideas, me hacía pensar. Mi autor favorito era por entonces Antonio Paredes Candia. Me gustaba tanto que con Sandra fuimos a buscarlo, y entre anaqueles de libros me presentó al escritor boliviano cuya fisonomía me era ya familiar por las fotos de contratapa. Conversamos un buen rato; aún conservo el libro dedicado por don Antonio. 

Sandra era una persona de opiniones contundentes y fuertes convicciones. Un día, allá por los años 90 –yo todavía era adolescente–, sentada ella y sentado yo frente a la lápida de mi abuelo, su padre, me contó por qué era de izquierda y por qué en su juventud se había afiliado al Partido Comunista. Me explicó sus principios políticos, pero también su mirada sobre la vida.

Ninguna pose, ninguna pretensión vanguardista en sus palabras. Sólo absoluta y genuina convicción íntima y personal. Muchas veces discutimos de política. A pesar de lo encontradas que pudieran ser nuestras diferencias, de lo enfrentadas que fueran nuestras recíprocas vehemencias, Sandra estaba siempre dispuesta a escuchar y discutir con argumentos. Sus valores centrales, aquellos que la vertebraban interiormente, no cambiaron jamás.  

Sandra era profundamente honesta. Esa actitud signó cada día de su existencia, sin tregua ni prisa ni pausa. Honestidad en el rehusarse, rotunda, a abonar una simple coima al varita de la esquina, honestidad integral en el obrar cuando le tocó, dos veces, trabajar en puestos de importancia en el aparato público del Estado. 

Entrevistando a quienes vivieron sus mismos tiempos, cuando me documentaba para mi tesis sobre los años 80 en Bolivia, encontré una y otra vez pareja admiración ante su trabajo consecuente en el gobierno de la UDP. 

Los testimonios también daban fe de su firmeza de propósito para democratizar los medios del Estado cuando, dos décadas después, fue directora de comunicación en el gobierno de Carlos Mesa. Desde 2005, e incluso antes, acompañó el proceso de cambio con una esperanza que supo mantener verde aun en tiempos rancios, y el 21-F ella, que jamás jubiló a las utopías, votó por la posibilidad de su continuación (no perpetuación) en el tiempo. 

Sandra era una persona a quien le encantaba enseñar lo que sabía, y cuánto sabía. La recuerdo tan solidaria en sus clases. En una ocasión la acompañé a un rodaje de Roberto Calasich. Habíamos ido porque una alumna le había rogado que la viera actuar en vivo. 

Recuerdo a tantas personas entrando al escritorio de Sandra para hacerle entrevistas, para pedirle consejos. Su entrega, en especial con quienes hacían sus primeras armas en el periodismo, era enorme. 

Sandra era una persona muy querida. La veo ahora dichosa, rodeada de familiares y amistades, celebrando su cumpleaños. No importaba qué día de la semana cayera la fecha ese año; ella celebraba siempre en el día exacto. Tampoco invitaba a nadie de antemano, solo a los que llamaban ese mismo día. De todos modos, la casa siempre se llenaba de gente, que se arremolinaba a su alrededor cantando: “Ay, Sandrita, es tu día, cuántos años has cumplido, ay, Jesús María”. 

Entre tantos rostros se me aparecen Luis Ramiro Beltrán cantando coplas de los soldados en la Guerra del Chacho, Javier Torres-Goitia recordando los avatares de los Comités Populares de Salud. 

Estoy absolutamente convencido que soy muy afortunado por haberla conocido tan de cerca, por haber sentido tan intensamente su cariño inmenso, su apoyo constante. Por eso agradezco a la vida, y brindo con Sandra, por el regalo que recibimos quienes tuvimos la suerte de compartir nuestra existencia con ella.

 

Sobre la última encuesta de Página Siete

Si usted es de los que necesita estar bien informado, puede acceder a la encuesta electoral completa de Página Siete, suscribiéndose a la aplicación PaginaSietePro que puede descargar de App Store o Google Play

 


   

31
9