Entrevista

«La educación hoy es resultado de un ensayo, de una improvisación iniciada con la Ley Avelino Siñani»

Amalia Anaya sostiene que la educación virtual requiere no sólo de instrumentos tecnológicos, sino de un alto grado de autonomía de aprendizaje. Resalta el avance que significó la Reforma Educativa en la formación; algunas de esas bases -recalca- siguen actualmente vigentes.
viernes, 14 de agosto de 2020 · 01:03

Fernando Chávez Virreira
 Periodista

La pandemia ha puesto a la educación escolar en crisis en todo el mundo. El Gobierno ha clausurado el año escolar. ¿Qué salidas hay, o qué alternativas? Ideas conversó con Amalia Anaya, exministra  de Educación durante el gobierno de Tuto Quiroga (2001-2002)  y una de las principales impulsoras de la Reforma Educativa desde 1989. 

Fue directora del Equipo Técnico de Asesoramiento a la Reforma Educativa (ETARE) y viceministra de Educación entre 1997 y 2001. 

¿Cómo ve la educación en Bolivia, a 26 años de la Reforma Educativa?

Hace 26 años fue promulgada la Ley de R.E. 1565, pero me parece que no es el punto de partida para evaluar el estado de la educación hoy. Esa Reforma fue pensada como una política de Estado y planificada -como todo proceso de cambio educativo serio- para ser desarrollada en un periodo de al menos 20 años, pero fue interrumpida a escasos ocho, mal se le puede cobrar resultados. 

La educación hoy es resultado de un ensayo o, más bien, de una improvisación iniciada con la Ley Avelino Siñani que no tuvo un correlato técnico, un programa que volcara en planes e instrumentos lo que esa ley contiene. Fue un proceso inverso al de la R.E. porque la Ley 1565 recogió en un instrumento legal una propuesta técnica de transformación del Sistema Educativo.

 La Ley AS, en cambio, contiene una serie de ideas y deseos, no todos coherentes entre sí ni factibles, que no han podido ser traducidos en planes e instrumentos. De ahí que muchos de sus enunciados quedan solo en eso, en una lista de adjetivos o simples consignas de discurso, como la descolonización de la educación o la educación plurilingüe. Como casi todo lo que fue ese Gobierno: puro discurso.

Veo la educación nacional de hoy con la misma preocupación que tiene la percepción colectiva. Y me remito a datos independientes como los de la Unesco en su informe “La Educación para Todos”, o el informe de Unicef “Niñez y adolescencia indígena”, que muestran retrocesos en la universalización de la primaria y en la educación bilingüe en Bolivia. 

Lo paradójico es que estos retrocesos se hayan producido durante un gobierno que se proclamaba indígena y de los pobres. Retrocesos de los logros obtenidos por una reforma a la que malintencionada o ingenuamente se la calificó de “neoliberal” solo por su coincidencia en el tiempo con el periodo neoliberal. Hay pruebas de que se la hizo muy a pesar de los neoliberales y peleando a diario con todos ellos dentro del propio gobierno. 

La supuesta mejoría en la disminución de la deserción en la primaria, que ha publicitado exitosamente el gobierno del MAS, es un juego de estadísticas pues redujeron la primaria de ocho años a seis, y el abandono aumenta a medida que se avanza en el sistema. 

¿Cuál es el principal problema estructural que enfrenta la educación en Bolivia?

Que no se haya constituido en una política de Estado. La incomprensión, la total falta de visión y compromiso con la necesidad de hacer de la Educación una política de Estado por encima de intereses partidarios, egos y gestiones de gobierno. En 1992 impulsamos un acuerdo político que firmaron los jefes de partido que tenían presencia parlamentaria para que la R.E. se constituyera en una política de Estado y no fuera interferida por los cambios de gestión de gobierno. Todos los firmantes incumplieron su palabra. Y los no firmantes que por azar llegaron a la Presidencia, como Carlos Mesa, siguieron esa misma línea. Él fue uno de los que le dio los últimos puntapiés a la R.E. a la que le había puesto cinco estrellas allá por 1998 o 1999 cuando era propietario y conductor de PAT.

Los países admirados por sus resultados educativos tienen muchas diferencias en sus currículos y enfoques pedagógicos. ¿Qué tienen en común? Que la educación es una política de Estado que se ajusta permanentemente para mejorarla, pero que no sufre cambios traumáticos ni paralizaciones cada que cambia la administración gubernamental. ¿En qué se expresa ese respeto de la educación como política de Estado? En la asignación prioritaria de recursos financieros al sistema educativo y en la calidad de los profesores fundamentada en una formación docente de excelencia y en una remuneración acorde con la importancia de ese ejercicio profesional. 

Pongo como ejemplo a dos países admirados por sus resultados donde se cumple lo que sostengo: Fin- landia y Singapur. Ambos llegaron a ocupar los primeros puestos de las evaluaciones PISA después de aproximadamente 60 años de procesos continuos y sostenidos de sus políticas educativas.

En el marco de la Ley Avelino Siñani, ¿qué opina de la “descolonización de la educación”? 

Como  dije, en esa ley no pasó del enunciado. Yo la reivindico como la afirmación y valoración de lo propio en el proceso de articulación con lo ajeno dentro de nuestras fronteras y lo universal fuera de ellas. Así conceptualizamos la interculturalidad en la R.E. Ninguna sociedad puede ni debe “encapsularse” como si compartir conocimientos e interactuar entre culturas la pusiera en riesgo de “contagio”. 

¿En qué sitial ubica a la educación en el país? 

Como ya lo he dicho, la educación se mueve en medio de carencias e improvisación permanente en lugar de ser una política de Estado. Es la cola del tren y debería ser la locomotora. Junto con salud, son los sectores más importantes pero víctimas de la negligencia estatal porque ninguno de ellos reporta rédito político inmediato. Su impacto es inevitablemente de largo plazo.

¿Qué opina sobre el manejo del tema educativo en la pandemia? ¿Qué consecuencias tiene el cierre del año escolar? ¿Se pudo buscar otra salida?

La pandemia ha puesto a la educación escolar en crisis en el planeta entero, y en mayor grado en las regiones menos favorecidas del planeta y en los sectores más pobres de cada país.

La pobreza es siempre una desventaja, lo es en circunstancias normales, peor en una situación crítica como la de la pandemia. No solo por las limitaciones materiales, sino también por las limitaciones de apoyo y orientación para el niño en la casa, ya sea porque el trabajo obliga al o a los adultos a estar todo el día fuera y/o por su bajo grado de escolaridad. Algún momento, pasada la crisis, habrá que revisar si la reducción de la pobreza de la que tanto se ufanó el gobierno anterior fue solo un ejercicio de página Excel y evaluar el verdadero alcance de su publicitada campaña de alfabetización.

Sin embargo, hay que tomar en cuenta que la educación virtual requiere no solo de instrumentos tecnológicos sino de un alto grado de autonomía de aprendizaje. Por esa razón se la inició en niveles de post grado y después se la desarrolló para nivel universitario. En el nivel escolar es de muy difícil aplicación y cuanto más se baje, más complicado. Los niños de primeros grados necesitan de mucho apoyo y atención del profesor. De ahí que incluso está normada la cantidad máxima de alumnos por aula. 

Todos los países, incluso los más ricos y desarrollados, se han visto en problemas con la educación virtual para el nivel escolar. En EEUU y Europa hay un considerable número de chicos que no tienen internet ni computadora (aunque uno lo crea), y un porcentaje considerable de los que los tienen no han seguido/asistido a las clases. Según el New York Times, hay reportes de maestros que dan cuenta de que menos del 50% de sus alumnos de secundaria han asistido a las clases virtuales.

Varios países han optado por usar materiales y metodologías de sus sistemas de educación a distancia que no suponen clases virtuales, sino material escrito y audiovisual para el estudiante y guías para que el adulto (mamá o papá) pueda apoyarlo si es necesario. 

Una vez más, habrá que llorar sobre leche derramada. Con la R.E. se produjeron materiales de excelente calidad que se distribuyó a todas las escuelas públicas: los módulos (textos) en cuatro lenguas (castellano, quechua, aymara y guaraní), las bibliotecas de aula para los estudiantes y las bibliotecas para maestros. Estos materiales fueron después almacenados en el Ministerio o destruidos para sustituirlos por materiales de propaganda doctrinaria y de pésima calidad educativa: los famosos “Evito”. 

He sabido de maestros de escuelas en municipios pequeños que durante la pandemia han tenido la iniciativa de producir cartillas y videos que han reproducido con apoyo de los padres de familia. Las necesidades educativas deben ser atendidas según las características y posibilidades locales, ese es el sentido de la descentralización del sistema educativo, de otra manera las soluciones a los problemas no son oportunas ni pertinentes. 

Se debería recoger esas iniciativas y difundirlas para estimular un desarrollo similar donde no se está haciendo nada, y apoyar esa tarea con materiales y orientaciones metodológicas. No sé si el Ministerio está en condiciones de hacerlo. No nos olvidemos que en los 16 o 18 años pasados se desmanteló la capacidad técnica que la R.E. había logrado desarrollar con selección por concurso y capacitación de personal que fue incorporado con estricto cumplimiento del Programa de Servicio Civil. Y el Ministerio de Educación fue -como otras áreas del Estado- pasto para el clientelismo, especialmente durante el gobierno del MAS. 

Cuentan que aumentaron el personal a tal punto que había escritorios hasta en los pasillos. Imagino que, en esas condiciones, la tarea de enfrentar la crisis producto de la pandemia hoy se le ha hecho al ministro cuesta arriba. 

Agencias de cooperación como Unicef han ofrecido ayuda, hay que usarla, y hay que usar otros medios de comunicación que tienen alcance nacional, como el canal BTV y la red de radios. No nos engañemos, no vamos a suplir la escuela presencial, no lo están pudiendo hacer en ningún país, no lo vamos a lograr aquí, pero cualquier cosa es mejor que nada.

¿Qué pasó con el proceso que usted llevaba adelante y que posteriormente fue ignorado por gobiernos sucesivos? 

Gran parte está ya dicha ya en las respuestas precedentes. Al gobierno que asuma la conducción del país  le toca hacer una evaluación seria y ver qué se puede rescatar y qué se debe mejorar o cambiar por completo. He sabido que hay profesores que han seguido aplicando lo que aprendieron en el proceso de la Reforma porque vieron resultados positivos en sus alumnos.  

Menciono algunos logros de esa Reforma que no se perdieron por completo. Gracias a ella, se ordenó el sistema y se eliminaron irregularidades que perjudicaban el funcionamiento del sistema y significaban pérdidas económicas de un presupuesto ya escaso. Me refiero a fenómenos como el de los “maestros fantasmas”, que eran salarios que iban a parar a manos de personas que no ejercían la docencia. 

Con ese ordenamiento se logró evitar desde 1996 los paros de cada mes en muchos distritos y a veces en todo el país por retrasos en el pago salarial a los maestros. Se logró aumentar las horas en las escuelas del área rural para igualarlas con el área urbana. Se construyó un sistema de información que sigue funcionando en el Ministerio y al que se puede acceder por internet. 

Ya mencioné la capacidad técnica que se alcanzó en el Ministerio. Esto le permitió hablar de igual a igual con Hacienda e Inversión Pública y dejar de ser la caja a la que se le entregaba lo que sobraba del presupuesto.  

Un concepto de los maestros bolivianos.

El trabajo docente, bien ejercido, es enormemente delicado, complejo y exigente; digno del mayor reconocimiento social. 

Tengo gran admiración por los maestros de vocación que, superando carencias de todo orden con creatividad y enorme sacrificio, logran resultados extraordinarios en el aula. Los hay y más de los que se piensa, pero menos de lo que se necesita. El maestro es el factor fundamental para contar con una educación de calidad.

 Si queremos buena educación, necesitamos tener buenos maestros, y para tener buenos maestros debemos asegurar un buen sistema de formación docente y de actualización permanente, pero también una remuneración acorde con la responsabilidad y resultados que se les quiere exigir en su desempeño. 

Este es el gran desafío por delante y supone una gran inversión de parte del Estado. Se la debió haber hecho en la década pasada cuando el país tuvo ingresos extraordinarios. Una oportunidad perdida y una obligación pendiente para el futuro.

 

 

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