Conflictos

El lenguaje de la bestia

Una reflexión sobre la necesidad de pacificar el país, ante la instigación a la violencia “desde el crimen organizado desde Buenos Aires”.
jueves, 20 de agosto de 2020 · 00:00

Milan M.A. Gonzales
Periodista y poeta

Según el filósofo John Dewey (1859-1952), el proceso reflexivo requiere de actitudes propias, tales como la apertura de pensamiento, la responsabilidad y el entusiasmo. Tras este proceso, existe la posibilidad de compartir ideas e incluso desaprender razonablemente posiciones asumidas previamente.

 En un entorno definido por la torpeza de quienes no logran controlar las riendas del país, el crimen organizado desde Buenos Aires a la cabeza de un alma en pena y otros secuaces con antecedentes terroristas, además de la Central Obrera Boliviana, otrora una institución digna con líderes como Juan Lechín Oquendo, se va definiendo la psique de un país que necesita a gritos detenerse a evaluar si tiene las actitudes básicas para desarrollar dicho proceso reflexivo.

 La población supervive amenazada, no es un peligro originado hace pocos años, es un cáncer que ha evolucionado y se ha extendido a lo largo y ancho del territorio el último siglo. Más de un centenar de bloqueos orquestados por personas enceguecidas por una perturbadora ignorancia, es la radiografía de la nación que sangra gracias a la bestia, cuya ilusión es regresar al poder a toda costa. Es responsabilidad de todos que la bestia del resentimiento, la ira, la corrupción, la codicia de unos y otros, muera. 

¿Por qué es esencial comprender qué significa reflexionar? Básicamente, porque no basta con las buenas intenciones en contextos donde nos jugamos la vida, segundo a segundo. Las propuestas deben ser de fondo y forma. Por ello, previo a la reflexión, e igualmente importante, son las dos fases de dicho proceso: una, la prereflexiva y segunda, la acción final. 

Entre una y otra fase existen cinco elementos que comprenden: las sugerencias, la definición de la dificultad, el uso de una sugerencia como idea conductora, la elaboración mental de la idea y finalmente la comprobación de la hipótesis mediante la acción real. ¿Cómo explicar esto a quien bloquea sin comprender el daño que ocasiona? ¿Cómo explicar esto a quien ha recibido la negra herencia del resentimiento y la violencia por respuesta? 

Montesquieu defendía las leyes de la naturaleza, ya que las mismas derivaban del ser, este manifiesto exige conocer al hombre antes del establecimiento de la sociedad, conocer al otro; es aquí donde se presenta la piedra angular del conflicto en cuestión; no nos conocemos o no queremos conocer al hombre de la nación, creemos hacerlo, mas no lo hemos reconocido íntegramente como parte de un nosotros y viceversa. 

Debido a este constructo, la situación nos exige desaprender lo que creemos que conocemos, para aprender a identificar al otro, y de esta manera, también encontrarnos a nosotros, aprender a comunicarnos dejando la mofa, la diatriba, la difamación, o la maldad que practicamos contra nuestro prójimo; es grotesco y nauseabundo, que éste sea el lenguaje que predomine tanto en las negociaciones, como en las redes. 

Nuestra tarea debe ser siempre la de pacificar, éste no es un simple entuerto entre dos frentes, es una diabólica realidad que necesitamos afrontar con decisión y sabiduría. 

Aquel que secuestra y golpea, que quema y bloquea es igualmente víctima de sí mismo, así como de un partido cuya bandera es el engaño permanente. No hemos comprendido que para la reflexión se exigen condiciones que son irreconocibles desde este presente, he ahí el verdadero desafío. 

Es irresponsable y facilista solicitar reflexión a quienes no comprenden la naturaleza y alcances de la misma. Un expresidente huyó, no merece más publicidad, una presidenta tiene la misión de gobernar de forma transitoria y colocar la banda presidencial a quien le corresponda, éste último definirá la nueva democracia que necesita el país para salir del coma en el que ha caído. Ese cambio tomará forma en 2025. 

Hasta entonces, en vez de proponer la reflexión sin son ni ton, tocará aprenderla. El infierno está asfaltado de buenas intenciones y las repeticiones indolentes hace tiempo que han rebasado el hartazgo y el sinsentido de quienes aman su terruño. En diversos recovecos del país, se preparan niños y jóvenes que no olvidarán la revolución pacifica que extirpó parte del mal del país tras 14 años, ellos definirán el sendero. 

Entretanto, queda esperar la muerte de la bestia, este híbrido de resentimiento, terror, venganza y pobreza que da coletazos en ese desquiciante impulso de supervivencia, la bestia de la ignorancia, y también de la arrogancia. La consigna es sentarnos en una vereda, en la bocamina, en las plantaciones de coca y de soya para escuchar, que no es lo mismo que oír, a quien la historia ha colgado el cartel de bloqueador, a quien parecería no comprender razones. 

Plantemos semillas de reflexión con coraje y seriedad, que cuando florece, tal como lo propone Dewey, se saborea la experiencia de satisfacción y goce. Ese el puerto al que Bolivia merece arribar.

 

 

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