Contra viento y marea

El debate sobre los debates

Estas confrontaciones -dice el autor- no cambian sustancialmente las percepciones, pero permiten escrutar las capacidades de los candidatos.
domingo, 20 de septiembre de 2020 · 00:00

Augusto Vera Riveros   
Abogado

“Yo debato todos los días con el pueblo”, fue durante muchos procesos eleccionarios la frase con que la autodivinización de Evo Morales impidió un debate presidencial. Fingía estar algunos peldaños más arriba de sus rivales por la silla presidencial, como para tenérselas que ver con ellos y contrastar ideas sobre la administración del Estado, cuando la verdadera y única razón para su sistemática negativa a ello era una ignorancia absoluta de las problemáticas del país, y, en consecuencia, no había porqué poner en riesgo su siempre primer lugar en las encuestas de preferencia electoral. 

 Hoy mismo, a pesar de  la caída vertiginosa de su popularidad y un nuevo candidato, el MAS, conserva supremacía –ya más modesta– sobre toda otra propuesta política, por lo que no se puede negar que quien más riesgo corre en una discusión programática frente a los restantes candidatos este próximo 4 de octubre, es Luis Arce Catacora.

Pero ésas son las reglas constitutivas de la democracia, es decir, tener la capacidad de exponerse ante el escrutinio implacable del soberano. Un gobierno fuerte no es el que más reprime. Un gobernante serio es el que está revestido de virtudes morales y un programa de gobierno creíble, y quien ha de dirigir al país, debe poseer un equilibrio psicológico sin mancha. 

Algunas corrientes dicen que los debates son innecesarios.  Tengo la convicción de que estas confrontaciones no cambian sustancialmente las percepciones que las estadísticas y el propio votante les confieren a cada uno de los aspirantes, y aunque no tengo pruebas, tampoco tengo dudas de que permiten escrutar el perfil y las capacidades intelectuales de cada uno. 

Una evaluación integral es lo que el público, a través de una pantalla de televisión, hará de quien exhiba  dominio sobre las prioridades del conjunto de las personas, de manera que sea la oportunidad de, a tiempo de escuchar a cada uno,  evaluar la idoneidad de cada uno de ellos. 

Ningún debate del formato que veremos cambiará substancialmente las preferencias que hasta ese día haya alcanzado cada uno de los aspirantes, lo que no invalida su realización,   por el contrario, los debates no sólo deben existir, sino que dejando de lado la voluntad de los candidatos, debe ser imperativo legal para todos los elegibles. 

En nuestro contexto, su importancia se funda en que cada participante dirigirá su mirada a ese segmento importante de indecisos, que no significan otra cosa que gente desencantada de los políticos (que en verdad no hacen muchos méritos para ganarse su apoyo), pues ya sabemos que el voto duro que cada organización tiene no cambiará por mucho que esa noche los demás ofrezcan bajar el cielo y hacer de Bolivia una Suiza americana. En ese orden de cosas, quien más posibilidades de captar esa votación oculta o como quiera llamársele, es Comunidad Ciudadana (CC). La razón es simple, las encuestas le otorgan un cómodo segundo lugar y por tanto el único que puede obligar a una segunda vuelta, a estas alturas del partido, ya inevitable. 

Estaríamos muy equivocados si esperásemos que el salón del hotel en que se va a desarrollar el evento sea una réplica del ágora en los albores de la democracia. No hay que perder el horizonte de nuestra cultura y nuestra idiosincrasia. Quienes piensen que un debate puede modificar sustancialmente las previsiones previas, no están tomando en cuenta aspectos de relevancia política mayor. 

Se han dado casos en debates presidenciales, fuera de nuestras fronteras, en que confrontándose dos candidatos, uno de ellos haya remontado su posición luego del evento; mas hay que considerar que en nuestro caso tenemos una polarización marcada entre el MAS y varias candidaturas que encarnan entre un liberalismo secante, la derecha clásica y una visión más centrista entre ambas alas, esto es, un alineamiento en la socialdemocracia, en que CC se inscribe. 

Entonces, ¿por qué el esperado debate no podría modificar sustancialmente las posiciones hasta ahora alcanzadas por cada uno de los ocho aspirantes? Pues bien, la base electoral del MAS descansa en un voto inercial. Desde hace mucho antes de las fallidas elecciones, el MAS tenía una aprobación de alrededor del 30%  de preferencia, que no ha cambiado diametralmente con un candidato casi de emergencia cuya carta de presentación es el ilusorio desarrollo económico. Luego, una brillante participación suya en el debate no va a seducir al 70% restante porque, aun contando entre este porcentaje a los indecisos, es impensable que lo vuelquen hacia Luis Arce, en quien ven personificados la corrupción, el fraude y el despilfarro. 

Una de las últimas encuestas señala que más del 70% de los votantes estaría dispuesto a cambiar la decisión ya tomada de su voto. En ese rango, difícilmente podría tomarse en cuenta a esa votación dura del MAS, pero sí a los que hasta ahora pretenden hacerlo por la fórmula de Juntos, Creemos e inclusive por Libre-21, revisión que beneficiará indudablemente a Carlos Mesa y el voto útil que éste  pregona. Esto significa que, como el año pasado, una parte de su votación responderá a evitar que el partido de Evo regrese al poder, antes que un apoyo convencido a CC.  

Hay que tomar en cuenta que este tracto electoral, en los hechos es una continuación del fallido proceso; por tanto, las circunstancias de ese tiempo no han cambiado sustancialmente. De hecho, todo lo que en materia política ha acontecido entre el 20 de octubre de 2019 y el próximo 18 de octubre, ha ahondado la determinación de los detractores del MAS, de no permitir su regreso a la administración del Estado.

No hay que sobredimensionar ni minimizar la importancia del próximo debate, pero tampoco cifrar desmedidas esperanzas en la calidad oratoria de muchos de ellos.  Lejos están de aproximarse a la jerarquía académica e intelectual de Tamayo y Jaimes Freyre, exhibida en el histórico debate del hemiciclo del ex Congreso Nacional. La versación y asombrosa inteligencia de los contendores hicieron inútil cualquier improperio u ofensa. 

Por otra parte, ni el formato ni el reducido tiempo del que cada uno de los candidatos dispondrá, permitirá al elector informarse con exactitud de ningún programa de gobierno, pero los debates son siempre provechosos sobre todo a tiempo de considerar a quienes están a la cabeza de las posiciones.  
 

 

 

 


   

5
1