Matasuegra

La utilidad de las encuestas

Los sondeos pueden lograr lo que los actores políticos son incapaces de hacer: que la ciudadanía se una para evitar que el MAS retorne.
domingo, 20 de septiembre de 2020 · 00:00

Willy Camacho
Escritor

Los resultados de las últimas encuestas coinciden en algo: el MAS sigue siendo la principal fuerza política, su voto duro se mantiene intacto, ronda el 30%. Ese es su piso de votación y, quizá también, su techo.

Partir con alrededor del 30% de intención de voto es muy bueno, mejor aún si ese porcentaje no varía por nada. Si el MAS promovió los bloqueos en plena pandemia, si a consecuencia de esto murieron más de 30 personas por falta de oxígeno, sin contar los que van morir o enfermar gravemente (con las secuelas consecuentes) tras haberse contagiado en estas movilizaciones irracionales, no importa, el voto duro se mantiene. 

Si por fin hay serios indicios (casi pruebas) de los bajos instintos de Evo Morales, de quien ya se sospechaba (por muchas denuncias y por su propia boca) que tenía inclinación hacia las adolescentes, casi niñas, igual no importa, el voto duro permanece en el mismo porcentaje. Si cada vez se descubren más irregularidades y hechos de corrupción cometidos durante los 14 años consecutivos de gobierno del MAS, importa mucho menos, porque por ahí dicen, “mejor que robe un indio”.

En pocas palabras, ese voto duro no va a cambiar en el corto plazo, porque está profundamente cimentado. Primero, hay que considerar que el área rural siempre fue olvidada y postergada, ese fue el gran error de los gobiernos republicanos. Y no es que con Morales la situación haya sufrido, en lo material, un cambio drástico, pero esas canchitas tan criticadas, esa pila de agua, ese tingladito, etcétera, son obras que crearon la ilusión inclusiva: los sectores que siempre habían sido postergados, con una canchita se sintieron integrados e incluidos en el proyecto de Estado. Y también se criticó que Morales hiciera campaña constante, usando recursos públicos, y viajara por todo el país inaugurando obras mínimas, con el solo afán de hacerse notar, de darse baños de popularidad. Pero para la gente de esos pueblitos a los que ni siquiera un diputado suplente había llegado alguna vez, tener al presidente del Estado seguramente fue muy significativo. Esa gente debe atesorar las fotos que se sacaron junto a Evo, y así también notan algo evidente: “Evo es como nosotros”. Es que no se puede negar el factor étnico, la identificación que también apuntala la lealtad del voto duro.

Si bien es algo natural, el MAS hizo bien su tarea y durante 14 años destinaron recursos a consolidar en el imaginario rural la idea de la división campo-ciudad, y la consagración de Morales como el líder originario que encarna a los mártires de las rebeliones indígenas de la época colonial. Más que eso: se encargaron de erigir la figura de un mesías andino, a fin de generar una devoción casi religiosa. Y como ocurre en las sectas, aunque el líder abuse de las hijas, se acueste con las esposas de todos, despilfarre los fondos comunes, los seguidores siguen encandilados y dispuestos a ofrendar sus vidas si el líder así se los pide, algo similar ocurre con el voto duro del MAS, pues ya no cabe la racionalidad, sino el fanatismo.

Ese es su piso de votación, un piso alto e inamovible, por el momento. Recordemos que luego de la Reforma Agraria de 1953, el MNR capturó la lealtad del campesinado y tuvo igual un piso alto y firme durante varias décadas. Y ya sabemos cómo está ese partido, que transformó Bolivia estructuralmente, con sus luces y sombras. Nada es para siempre.

En el escenario actual, ese piso es suficiente para otorgarle a Luis Arce Catacora una ventaja importante sobre su inmediato perseguidor, Carlos Mesa, y los demás no tienen impulso ni para lograr medalla de bronce, están muy alejados. No obstante, aunque estén alejados, dispersan el voto, favoreciendo los planes de retorno al poder del masismo. 

Los que ocasionaron este posible descalabro son Luis Fernando Camacho y Jeanine Áñez. El primero porque, sin llegar a cumplir un año en la presidencia del Comité Cívico Pro Santa Cruz, creyó que la coyuntura era una señal divina para que él diera un gigantesco salto al palacio de gobierno. Las masas pueden ser seducidas, pero también son seductoras, y Camacho sucumbió al canto de las sirenas. Aseguró que su lucha no era para proyectar una candidatura, sino por la democracia, y luego supimos que mentía. 

En el caso de Áñez, no fueron las masas, sino sus asesores quienes le calentaron el oído y la llevaron a faltar a su palabra, porque ella también había asegurado que no sería candidata en las nuevas elecciones, con el agravante de que los actores políticos y el pueblo le habían confiado una misión específica: pacificar el país mientras se organizaba nuevos comicios. La presidenta defraudó esa confianza y ahora la ciudadanía le está haciendo conocer que no tolera semejante falta de ética (además de los hechos de corrupción que, indudablemente, han desgastado su credibilidad e imagen).

El error fue creer que el MAS estaba derrotado, que las nuevas elecciones se disputarían sin la nefasta influencia de Evo Morales. De ahí en adelante, todo lo que hicieron las fuerzas políticas fue dispersar la intención de voto, ante el beneplácito del masismo, que solo tenía que mirar de palco y simular decencia para cobrar el premio gordo. 

Claro que el disimulo duró poco. El bloqueo de caminos y en el Legislativo, además de las indignantes declaraciones de Morales desde Argentina, sin contar la irresponsabilidad durante el inicio de la pandemia (haciendo circular el rumor de que le virus no existía) contuvieron el “renacimiento” del MAS, le restaron impulso.

El MAS no puede despegar de su alto piso de votación por errores propios, no por virtudes de los demás frentes. Carlos Mesa, con cierta soberbia, se niega a ceder cuotas de gobierno para lograr una eventual alianza que concentraría el voto; los otros se atrincheran en sus propios intereses. Pero las últimas encuestas pueden lograr lo que los actores políticos son incapaces de hacer: que la ciudadanía se una para evitar que el MAS retorne al gobierno.

Es probable que el “voto útil” vuelva a ser decisivo, como en 2019. Los que se manifiestan indecisos en las encuestas podrían definir su voto a partir de estos resultados, precisamente, además que mucha gente que pensaba votar por Camacho y Áñez también podría reorientar su voto para que toda la lucha por la democracia no se derrumbe. No hay que olvidar que el voto duro de Creemos, Juntos y CC es muy bajo.

En este escenario, si bien el piso de Mesa está por debajo del de Arce, su techo todavía no está definido. Todo depende de las encuestas, que, en esta elección más que en ninguna antes, influirán en la orientación útil y responsable del voto.
 

 

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