Lo que la Covid-19 se llevó

Las consecuencias políticas de la pandemia

Sobre la base de las encuestas, el autor ensaya un escenario electoral del voto anti MAS entre Mesa, Añez y Camacho y los indecisos.
domingo, 20 de septiembre de 2020 · 00:00

Carlos Guevara Rodríguez
Columnista

Llegó la Covid-19 y se llevó el proyecto de poder cruceño, siendo su primera víctima la candidatura de Jeanine Añez. La última encuesta de Ciesmori la sitúa en un 10%, 7% más bajo que en su punto más alto. La apuesta de reemplazar a Carlos Mesa como la alternativa al MAS parece haber fracasado. 

Fue extensa la crítica a Añez por revertir su decisión original de no postularse, pero si la Covid no se cruzaba en su camino y la elección hubiera sido en mayo, tal vez hubiera podido disputar el segundo lugar a Mesa en primera vuelta con la virtual certeza de ganar en la segunda.

Evidentemente, ser árbitro y jugador al mismo tiempo le restó autoridad moral y efectividad al gobierno de Añez para enfrentar la Covid y la consecuente severa contracción económica. Los actos del gobierno fueron juzgados por la opinión pública, justificadamente o no, como contaminados por el cálculo político. 

Pero más importante aún fue la apreciación de que no se pudo evitar un desastre. Que el legado del MAS sea una infraestructura de salud deficiente, o que el parlamento del MAS bloquea prestamos del exterior, también por cálculo político, no importa porque la mayor parte de la percepción popular, ya sea del fracaso o del éxito, la acarrea el gobierno de turno.

A esto hay que añadirle un acto de justicia divina: la candidatura de Luis Fernando Camacho. Camacho es a Añez lo que Añez fue, en su momento, a Mesa: el factor que impide que se perfile como la candidata anti MAS con el mayor apoyo del voto anti MAS, al restarle el voto del bloque oriental, principalmente de Santa Cruz. La justicia divina es completa: al igual que Añez, Camacho también declaró que no sería candidato. 

La Covid-19 es el elemento que patea un tablero electoral cuya principal característica precede al virus. El factor determinante de esta elección es que el electorado está dividido en dos partes irreconciliables: el candidato del MAS y el candidato genérico anti MAS. El intento de Evo Morales de eternizarse en el poder polarizó el país aún más de lo que ya estaba, a tal punto que para la mayor parte del electorado cualquier opción que no sea el candidato del MAS que le pueda ganar al MAS es preferible a su primera preferencia; el famoso “voto útil” es prueba de ello. 

La segunda víctima de l Covid fue la identidad bicéfala MAS-Evo Morales. Usar como pretexto el alargue de la fecha de elecciones por el TSE para oponerse al mismo y desatar un bloqueo de caminos a nivel nacional, el cual derivó en docenas de muertes por falta de oxígeno y enormes pérdidas y perjuicios a todo tipo de actividad económica, fue desastroso para su imagen.

 Las acusaciones de estupro contra Evo Morales remataron esa percepción. Su candidato, el palo blanco Luis Arce Catacora, bajó de 33% a 26% en las encuestas de Ciesmori.

El potencial beneficiario de este escenario es Carlos Mesa, potencial porque las tres encuestas de Ciesmori, que lo mantienen casi fijo en un 17%, demuestran que hasta ahora no ha podido capitalizar la disminución en la preferencia del voto de sus principales contrincantes, Añez y Camacho, en el campo anti MAS. ¿A dónde se ha ido esa preferencia del electorado? 

Aquí juega el otro elemento determinante de esta elección. También según la encuesta de Ciesmori, alrededor de un 30% del electorado no ha escogido a uno de los actuales candidatos, un enorme porcentaje tan cerca a las elecciones, aunque sólo cerca de un 17% se declare formalmente indeciso. Aun asumiendo conservadoramente que sólo dos tercios de ese 30%, un 20%, llegue a votar efectivamente por uno de los actuales candidatos, es claro que el resultado de las elecciones está en sus manos.

Sin embargo, la existencia de un caudal tan grande de electores que no ha elegido a algún candidato lleva en primera instancia a una conclusión engañosa: cualquier candidato puede captar ese caudal y el candidato que lo logre sería el ganador.

Si vemos que la disminución de la preferencia electoral de Añez y Camacho suma aproximadamente 10% (Añez 7% y Camacho 3%), y que ese porcentaje de votantes no ha ido a aumentar las preferencias de votación de los otros candidatos anti MAS, podemos deducir que han ido a hacer parte del caudal sin candidato. Dado que ese 10% proviene de la facción más dura anti MAS, vemos que mínimamente la mitad de los votantes aún sin candidato irán a parar en algún candidato anti MAS. Aunque no ha pasado hasta ahora, Carlos Mesa debería ser el candidato al cual gravite ese 10% desilusionado, por la condición de anti masista duro de ese electorado y porque encarna el “voto útil”.

La situación del MAS es más precaria: si no gana en primera vuelta no gana. La evolución de las preferencias del electorado no le favorecen, su voto “duro” se ha ido “ablandando”, desde tal vez un 45% en la elección de octubre del 2019 al actual 26%. La mayor parte del electorado indeciso es anti MAS. 

Los votantes desilusionados con el MAS podrían votar en blanco, o en el extremo votar por algún candidato del anti MAS. La única esperanza que le queda al MAS es volver a atraer a ese 7% que perdió en tiempos de la Covid-bloqueo y estupro, y a otro tanto de votos que no sean militantemente anti MAS, una proposición muy difícil de lograr.

Ante este escenario, la estrategia del MAS reside, por una parte, en distanciarse del otrora intocable jefe máximo, y por otra, de la oferta programática de su actual candidato. La primera parte de su estrategia corre el riesgo de alienar la parte de su electorado que es incondicional de Morales. Respecto a la segunda, las propuestas programáticas generalmente son secundarias para la gran mayoría de los votantes al momento de elegir, más aún ahora, con un electorado que es visceralmente anti o pro la marca mefistofélica, para algunos, del MAS-Evo.
 

 

 

 


   

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