Elecciones 2020

¡Cuidado con las mezcolanzas!

Una reflexión de la realidad del país, que enfrenta la simultaneidad de la pandemia con elecciones; el factor salud, la violencia, y los partidos.
domingo, 27 de septiembre de 2020 · 00:00

Gastón Ledezma Rojas
Abogado y profesor universitario

 

El diccionario de nuestro idioma registra el vocablo “mezcolanza, o mescolanza” para significar “mezcla extraña, confusa e inconexa y algunas veces ridícula”.

Estamos próximos a ver una serie de acontecimientos que por su trasfondo, ¡quién vaya a saberlo!, lo que resultará de la mezcolanza de factores, vísperas de elecciones en medio de la crisis que atraviesa el país a causa de la Covid-19  y sus complicaciones.

Existe la convicción generalizada de los politólogos, que “la historia de los sistemas electorales está llena de fracasos” al no cumplir con un mínimo de factores previos que viabilicen llegar a la realización de elecciones en libertad.

Para lograr este propósito, dicen, se requiere la vigencia de factores que se traduzcan, por ejemplo, en: un gobierno y administración central imparcial; un poder o sistema electoral independiente; partidos políticos debidamente regulados con programas definidos, factibles de realización; un organismo de control y cómputo debidamente regulado y respeto a las garantías constitucionales.

A la inversa, nuestra realidad confronta hoy la simultaneidad de la pandemia con las elecciones; régimen legal del factor salud; el TSE; las coaliciones políticas; convocatoria a la violencia. 

El factor de la salud. Por razones de contingencia, sabemos que nuestro país es víctima también de la pandemia de la Covid - 19 que agobia al mundo. Actualmente, Bolivia figura con más de 130 mil contagiados y cobró, penosamente, ya más de 7.000 vidas. 

En la Constitución, la salud es la problemática de primer orden que legalmente cubre casi la totalidad de la pertinencia del Estado en la atención de las tareas de gobierno. 

Por esta importante consideración, se impone que gobernantes y gobernados, tengan presente, como cuestión nacional, el principio que el gran jurista Guillermo Cabanellas inserta en su célebre Diccionario de Derecho,  salus populi suprema lex est, que el citado autor comenta así:

“La salvación del pueblo es ley suprema. Primer principio de derecho público romano. Se usa por los gobernantes para justificar ciertas medidas que violentan las normas habituales, y que infringen incluso el orden constitucional establecido”. 

Basta leer este texto para subrayar la incuria e irresponsabilidad del anterior gobierno que nada hizo por la salud del pueblo, pero sí, volcó su rudimentario embeleso en la trivialidad de sus obras de pacotilla.

Normativa y supremacía constitucional. El prestigioso tratadista German Bidart Campos en su obra sobre la Teoría general de los derechos humanos subraya que “La Constitución dotada de supremacía es una garantía para los derechos que ella declara o contiene”.

Por eso, se insiste que “ni la Asamblea Legislativa Plurinacional, ni ningún otro órgano o institución, ni asociación podrán conceder a otro órgano o persona (TSE, Poder Ejecutivo, etcétera) facultades extraordinarias diferentes a las establecidas en esta Constitución”, so pena de incurrir en la nulidad prevista por ley, en su Art. 140.

Nada más claro que, al margen de lo dispuesto, surge la inconstitucionalidad de lo extrañado, siendo más paradójico que ningún organismo que se precie de controlar, hubiese advertido la necesidad de dar estricta aplicación a las normas explicitadas y, más concretamente, invocando la acción de inconstitucionalidad, Art. 132, con su consecuencia de inaplicabilidad del Art. 133 del mismo texto básico legal.

El TSE. Precisamente, resulta irónico que se convoque a elecciones generales en tanto el pueblo se debate, en su lucha contra la persistencia de la Covid-19 para proseguir con sus estragos. Es  pues la institución de la salud –conjunto de normas jurídicas proclamadas por la Constitución– que resulta gravemente “afectada” por una convocatoria cuyo trayecto fue interrumpido in promptu.

En lo que corresponde al  TSE, es importante recordar lo señalado por Bidart Campos, que otro factor de natural incidencia es el referido a la presencia de un “poder judicial independiente que aplique debidamente la ley electoral”.

Sabido es que, en la materia, ese órgano judicial está acreditado como el TSE y es del caso referirnos a que esa “independencia” no existe, ya que a excepción del mencionado Tribunal en lo que corresponda, se encuentran sus equipos de planificación,  administración y de ejecución, que son los mismos que intervinieron en el célebre “fraude 19”. Estos equipos fueron del MAS y son hasta hoy inamovibles. En este caso, no existe la independencia exigida.

La violencia anunciada. No fueron suficientes los actos vandálicos para que los que se valen de gentes anarquizantes, acuden a obedecer a quienes, entre bastidores, dan las instrucciones para atentar otra vez contra las vidas y alientan las depredaciones de bienes públicos y privados, ¡pretendiendo luego el beneficio de una ley de indulto!

Los partidos políticos. Otro factor determinante para un satisfactorio desenvolvimiento electoral, es la concurrencia de un sistema de partidos políticos acorde con los programas que postulan para su realización. Mal podría decirse que en el país exista un sistema ordenado, porque durante los últimos 14 años se careció de un organizado sistema. Hoy no existen partidos: solo hay coaliciones circunstanciales.

Acoplar los términos “partido único con democracia”, parecerá a muchos un sacrilegio”, dice Duverger, términos que en nuestro medio se intentó hacerlo pero, podemos concluir que siendo el MAS un partido único, “oficial”, jamás permitió la simple idea de la coparticipación en democracia con sus similares.

Este mal del “unicato” ha dado lugar que ahora haya proliferado el esquema de lo que hace años se denominó “taxi partidos”. Muy bien se dijo que ante el silencio de la ley electoral al respecto, aquellas “agrupaciones” que dicen tener participación, debieran haber sido objeto de una cirugía electoral, evitando la proliferación. Las “coaliciones”, que  apenas llegan al 1% en las encuestas, ni debieran figurar en ellas.

Como coaliciones, carecen de programas; solo esgrimen enunciados.
 

 

 

 


   

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