Reconocimiento

La Corporación Boliviana de Fomento

El 14 de septiembre de 1942 se fundaba esta institución, que fue el pilar del desarrollo del país, hasta el decreto 21060, que la eliminó.
domingo, 27 de septiembre de 2020 · 00:00

Rodolfo Becerra de la Roca
 Edirector jurídico de la CBF

Con la Corporación Boliviana de Fomento (CBF) se inició un verdadero despegue del desarrollo económico e industrial de Bolivia.  En efecto, fue esa entidad la que construyó la obra civil más  grande e  importante que nunca antes se había emprendido en el país, la carretera Cochabamba-Santa Cruz.  En este departamento construyó una red de caminos, empresas de beneficiado de arroz, de la madera  y acometió en plena selva la industria cañera que creó la burguesía agropecuaria cruceña y construyó  el Ingenio Azucarero Guabirá; instaló talleres, promovió pequeñas y medianas empresas. Todo esto exigió   todo un esfuerzo y movilización de personal, especialmente cochabambino.

La incipiente ganadería del Beni fue impulsada a través del Proyecto Fombeni y del Departamento de Transportes Aéreos, incrementando la ganadería cárnica que abasteció al país de carne  y  a los centros mineros con su flota de Curtiss y B-17,  en que descollaron pilotos bolivianos en viajes de leyenda, contribuyendo también a la creación de una aviación comercial.

Hay que recordar esa epopeya del arreo desde Brasil de ganado cebú que sirvió para aumentar la ganadería beniana. Constituyó la Empresa Beneficiadora de Castaña incorporando este producto a la exportación.

Construir los ingenios azucareros de Bermejo fue otra hazaña de la CBF, donde los ingenieros paceños  Jorge Yung, Enrique Alurralde y otros, pueden contar odiseas de trabajo espectaculares. Otro tanto se puede decir de la industria del cemento y de la leche y mantequilla, cuyo consumo masivo por la población fue  promovida por la CBF. 

La colonización interna con los regimientos coloniales en Santa Cruz: la apertura del camino hacia Alto Beni y su colonización; en fin, toda esta movilización de trabajadores requirió  gran capacidad, nunca antes promovida. Y todo ello fue fruto del empuje colla, mal pese a aquellos recalcitrantes regionalistas que no quieran reconocerlo. 

Si alguno de esos trabajadores que participaron en las obras de la CBF o sus hijos  lee esta nota, se inflamaran de emoción y llenaran de lágrimas sus ojos, al recordar su participación en esa gran epopeya de trabajo que lideró la CBF en el país, que ha sido sumamente ingrato con esta benemérita institución. 

Tuve ocasión de conversar con economistas y estudiantes de estas ramas que desconocían la existencia de la CBF. Las universidades deben instituir una cátedra donde  se enseñe la grande obra de trabajo de esta institución en beneficio del desarrollo de Bolivia.

Las instalaciones de todo tipo, la industria metal mecánica que iba agrandándose bajo la dirección de los ingenieros José Arias y Edgar García, donde podían construirse tanques y equipo militar para el ejército y barcazas para la Armada; la primicial instalación de ese gran complejo metal mecánico de Km 7 en Cochabamba, para el servicio de la carretera Cochabamba-Santa Cruz,  destruidas por la anarquía sindical y sus traspasos a las corporaciones regionales de desarrollo que fueron un fiasco, dieron fin a grandes emprendimientos. 

El ingeniero Jorge Mustafá Salazar, siendo director de industrias,  reclutó a sus alumnos en la planta de técnicos de la CBF,  donde muchos se perfeccionaron en las industrias del azúcar, del cemento, productos lácteos, del vidrio,  gran número de los cuales se destacaron en la empresa privada y bancaria, como Jorge Rada, Walter Antequera, Mario Catacora, Elizabeth Nava, Enrique Soruco y otros, ya que la CBF, constructora de empresas, fue también formadora de grandes profesionales en dirección de empresas.

Así como los bolivianos son ingratos con personas de bien y con instituciones descollantes, igual pasa hacia los países  que interesada o desinteresadamente han ayudado en todo momento a Bolivia en épocas de crisis políticas y sociales, de desastres naturales, inundaciones o sequías; sembrándose la ingratitud, enceguecidos por las consignas de los famosos politicastros de izquierda. 

Esta conducta hacia  Estados Unidos de América  es injusta, enteramente inmerecida, ya que en todos nuestros problemas, los norteamericanos fueron los primeros en acudir con su ayuda y cooperación. 

A comienzos de la Segunda Guerra Mundial, el gobierno de EEUU nos envió una misión económica presidida por Marvin L.  Bohan, que en seis meses elaboró el más certero plan de desarrollo de Bolivia, que lleva su nombre, y nos otorgó un préstamo para su implementación, recomendando la creación de la Corporación Boliviana de Fomento,  que se verificó mediante R.S. de 14 de septiembre de 1942. 

Si bien el Plan Bohan diseñó las líneas maestras de desarrollo, destinadas principalmente al autoabastecimiento de alimentos, fue la CBF quien estudió en cada caso la logística de ejecución de los proyectos, corrigiendo en cada caso el curso de los trabajos y su organización. Esta gran cooperación de  EEUU fue crucial.

El valor de la CBF es haber adquirido la capacidad de la organización de trabajadores y su gran movilización, inspirando en ellos una mística que acompañaría a lo largo de su existencia con ese espíritu de entrega y de trabajo, en algunos casos, con destellos de leyenda: Juan Milardovic, Ruddiger Trepp y otros que sería meritorio recordarlos. 

La disolución de la CBF, dispuesta por el DS 21060, precisamente por Víctor Paz Estenssoro, fue la medida mas desacertada y perjudicial para el país. Ese  gobierno se atribuyó, inmerecidamente, las obras de la CBF como realizaciones de su política económica; sin embargo fue quien la decapitó  con la más grande ingratitud.

Los últimos años de la CBF fueron muy dramáticos; el gobierno designó repetidamente como gerentes a personas incompetentes que solamente la desprestigiaron, como con aquella medida del monopolio de la venta de azúcar que un politicastro lo impuso como instrumento de corrupción y que la sumió en completo desprestigio.

 

 

 

 


   

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