El candidato de Creemos no conquista al occidente

Luis Fernando Camacho, el liderazgo radical emergente que exacerba el regionalismo

El aspirante a la Presidencia no enfrenta una situación diferente de otros liderazgos cruceños anteriores, que les ha costado mucho o nunca han logrado conquistar a occidente. Analistas consideran que esta lógica regionalista muestra que hay una cultura democrática pendiente de construirse en el país.
domingo, 27 de septiembre de 2020 · 00:01

Fernando Chávez Virreira
 Periodista

Con un discurso provocador y amenazante que contrasta con su aspecto juvenil, Luis Fernando Camacho, el líder cruceño que atrajo la atención del país en octubre y noviembre de 2019, despierta tanto odios como pasiones y su estrategia de campaña ha puesto nuevamente en discusión la regionalización del voto.

Camacho no pasa desapercibido en ningún escenario desde el importante rol que jugó durante su contribución al restablecimiento del sistema democrático. Pero esta semana declaró a un canal de televisión que “ya sacamos al MAS una vez y no será un problema volverlo a hacer”. Según el periodista cruceño Carlos Valverde, por este tipo de “torpezas”, la gente no lo quiere,  lo que no significa, sin embargo, que deba bajar su candidatura. 

Y fue más lejos al afirmar que “la diferencia entre Mesa y yo como presidentes, es que si Evo vuelve, yo lo meto preso y Mesa no”. Según Bolivia Verifica, que consultó a juristas, “solo una orden judicial te puede llevar a detención”. La detención se da dentro de un proceso, no por una  orden del Ejecutivo.  

El comunicador Rafael Loayza dice que “nunca he visto tal cantidad de lovers”.  “Él es cantinflesco, incoherente, pero la gente lo adora; y ese grado de adoración no tiene que ver con un sentimiento racional de preferencia electoral, sino más bien puramente emocional. Es el mismo sentimiento del voto étnico hacia Evo”, afirma.

Loayza publicó esta semana un post que encendió las redes; dijo que “Camacho es un Bolsonaro que cantinflea, con el sexapeal de Pepe Cortisona y con el talento de Saxoman”. Tal afirmación causó revuelo en Santa Cruz y atrajo la atención de los medios, que entrevistaron al comunicador y el público le reclamó por ser “anticamba”.

“Camacho está apelando a la regionalización del voto, para endurecerlo más, transformando esto en una batalla entre cambas y collas. Mesa es visto en Santa Cruz como un ‘comecambas’, no lo quieren. Entonces los spin doctors de Camacho han empezado a azuzar esta idea de que La Paz no vota por Camacho, ni por Ortiz porque odian a los cambas y eso ha empezado a funcionar”, dice Loayza. 

Fuentes políticas hablan de Walter Chávez, exestratega político del MAS, como el autor de  este discurso en la campaña de Camacho. “Es un especialista; el que ha etnificado el voto del MAS en 2005 ha sido él. Son intentos precisos para regionalizar el voto”, sostiene Loayza.

Aunque Chávez, al igual que la agrupación Creemos,  desmintieron en mayo pasado que el estratega trabaje para la campaña.

“El fondo de mi crítica iba a que Camacho es un incompetente para ser presidente e inmediatamente me atacaron porque soy un colla que no quiere que un camba esté en la Presidencia; eso es demasiado sintomático. Se están jugando esa carta que es súper peligrosa y por eso Camacho es un fenómeno exclusivo de Santa Cruz, mostrando que Mesa y el MAS son lo mismo, porque en el fondo son collas”, explica.

Según Loayza la emergencia del voto de Camacho es la rearticulación de un voto en extremo regionalista, pero de un regionalismo que no solo tiene raigambre cultural sino también étnico y racial.

“El discurso de Camacho es el mismo discurso masista, solo que desde el otro lado, ya no desde la posición indígena, sino desde la posición no indígena, pero camba. Por eso tiene éxito”, sostiene.

 

Liderazgo emergente

En ese mismo sentido, la politóloga Jimena Costa afirma que Camacho representa un liderazgo emergente que enfrenta, como históricamente ha sucedido, las dificultades de los candidatos de La Paz para entrar en Santa Cruz, o viceversa. Las visiones regionalistas existen y persisten.

“En Santa Cruz piensan que todo paceño es centralista, como muchos de los paceños consideran que todos los cruceños piensan en la nación camba; hay visiones regionalistas que entorpecen el paso de la cordillera de un lado a otro: entonces, Camacho no tiene una situación diferente de otros liderazgos cruceños anteriores, que les ha costado mucho o nunca han logrado entrar a La Paz, como hasta ahora existen liderazgos desde el occidente que tienen dificultades para entrar a Santa Cruz”, afirma Costa.

Agrega que esta lógica regionalista muestra que “hay una cultura democrática pendiente de construirse en el país; todavía predominan las visiones parciales, ya sea indigenistas, regionalistas, que están jugando detrás de la política, lo cual no nos hace bien desde ningún punto de vista, ni desde un lado ni desde el otro”.

“Camacho enfrenta estas dificultades, por eso al ver su intención de voto en las encuestas uno mira que tiene un fuerte apoyo en Santa Cruz, que puede entrar a Beni y a Pando, pero que en los otros departamentos su respaldo es muy bajo o casi inexistente”, sostiene.

Para Costa, Camacho significa un liderazgo de renovación que surge en la coyuntura de la crisis de octubre-noviembre de 2019, pero que a pesar de ser un liderazgo de renovación, no escapa a esas condiciones, visiones y limitaciones históricas de los regionalismos, “lo que es lamentable”.

Según el análisis de la politóloga, el liderazgo de Camacho surge en un momento tremendamente delicado para la democracia, ya que esta no es una elección normal, no es una elección en la que haya posibilidades de ver entre candidatos, programas y campañas u opciones; es una elección en la que existe una fuerte polarización, pero sobre todo hay una lectura de realidad desde diferentes ángulos que implica o continuar con la visión que el MAS trató de imponer, o restablecer una visión institucionalista democrática.

“Esa visión anti MAS se da en un entorno desfavorable para el surgimiento de un líder de renovación como es el de Camacho, porque en el momento de la toma de decisión, si bien todo el mundo pide renovación, es una coyuntura en la que el elector quiere apostar a lo seguro en el sentido de que ‘tengo que asegurarme de que no vuelva el MAS’. Hay mucha gente que incluso lo ve como un tema se sobrevivencia, en términos de si vuelve el MAS nos van a perseguir a todos los que no hemos apoyado su permanencia durante estos meses”, explica. 

“El tipo de acción política que ha llevado adelante el MAS en la crisis con los incendios de las casas, de los Pumakatari, con las agresiones constantes, ha generado una conciencia de que el retorno del MAS implica persecución y violencia. Es un momento de emergencia de la democracia en el que la sociedad está menos abierta a ver nuevas opciones; lo que está la sociedad dispuesta a ver es quién tiene mejores condiciones para evitar el retorno del MAS”, reflexiona Costa. 

Más allá de que el cruceño pueda haber tenido un rol interesante durante la crisis, enfrenta esta coyuntura particular en la cual la sociedad “se pone más pragmática”. “Aquí ya no se trata de me gusta Mesa porque es colla, o no me gusta Camacho porque es camba, o al revés. No. Eso pasa a cuarto plano. Tampoco se trata de si me gusta Mesa o no; eso también pasa a segundo plano. El criterio que la sociedad está buscando es quiero que vuelva el MAS o no quiero que vuelva el MAS”, afirma. 

Por eso Camacho surge como líder en un momento adverso.

 
El momento de un presidente cruceño

Según el analista cruceño Paul Coca, Camacho es un candidato “atípico” que entra en el escenario electoral nacional emergiendo de una lucha cívica “bastante criticada y alicaída”.

“El Comité Cívico fue muy criticado y no tenía un líder que trascienda. De pronto viene Camacho y hace una lucha, que hay que reconocer, y entra en el escenario nacional; al extremo de que todo el mundo sabe quién es, tengan un buen o mal concepto, saben quién es Luis Fernando Camacho; no es para nada un desconocido en vida política boliviana y ha emergido de esa lucha cívica. Por eso es un candidato atípico que está en un tercer lugar en las encuestas”, dice.

“Hay que decir que Santa Cruz siempre ha sido el modelo y el motor económico de Bolivia, y ese es un paso para el poder político, y Santa Cruz quiere ser el poder político, habida cuenta que el último presidente cruceño fue en 1997, con Hugo Banzer. Hay la sensación de que un cruceño debe gobernar el país”, afirma Coca, para quien el caso de Camacho es interesante porque es un líder que tiene gran fortaleza en Santa Cruz y que  ha duplicado su respaldo.

“Ha logrado meter la idea a la gente de que si votan por él se puede pelear la segunda vuelta; se ha hecho un voto identitario, un voto regional, con un sentimiento cruceño muy fuerte, pero mientras más miramos  al occidente, ahí vemos que el respaldo hacia Camacho no es fuerte; ni siquiera en Potosí, dado que su acompañante es un líder cívico potosino; a Marco Pumari no lo apoyan ni los propios potosinos”, sostiene.

Según este analista, Camacho es un líder del oriente que está dando el salto nacional, no lo ha dado aún, hay que ver los resultados, pero el hecho de que esté presente con un discurso sobre el tema religioso, de que el MAS no vuelva al poder, está haciendo sumar cierto tipo de respaldo. Pero su talón de Aquiles es el occidente y es un hecho de que no se puede ser presidente sin por lo menos ganar dos de los tres departamentos del eje troncal, o en su defecto ser segundo en Cochabamba o La Paz, por el tema poblacional. Y ese objetivo no lo está consiguiendo Camacho.

¿Se puede decir que es un Bolsonaro boliviano?  “El tema de Bolsonaro tiene dos efectos, uno el efecto que Bolsonaro tuvo en la campaña; y el segundo el que tuvo en los resultados;  es decir, lograr patear el tablero electoral; haber arrancado con un 2% en las encuestas; ese es el detalle. En el punto uno sí, porque Camacho tiene un discurso joven, con su famosa gorrita, pero para decir que es el Bolsonaro boliviano no solamente hay que referir el tema de la campaña, que de por sí ha pateado el tablero, sino al tema de cómo le va a ir en los resultados oficiales; esas dos características son las que van a englobar si es o no un Bolsonaro boliviano”, sostiene Coca.

Consultada sobre el mismo aspecto, Jimena Costa dice que “no quiero ponerle ningún calificativo y probablemente para algunos sectores de la población ese discurso radical funciona, pero creo que la mayoría de los bolivianos no son radicales; como hay sectores muy radicales en el MAS, también hay sectores muy radicales en el antimasismo, pero en ambos casos no son la mayoría, son unas minorías eficaces que no representan las expectavivas de la mayoría”.

Según Costa, a pesar de su fuerte liderazgo en Santa Cruz, Camacho solo tiene un 31% de preferencia o intención de voto en esa región. “No ha logrado llegar al 50% o a un tercio de la votación en su propio departamento. Más allá de sus virtudes o defectos, o de su discurso, lo que está primando en esta elección es una lectura más pragmática de la sociedad, la mayoría se vuelca a pensar quién puede evitar que vuelva el MAS”, agrega. 

 Para Costa, las decisiones que vaya a tomar en estas semanas Camacho son las que van a definir si va a ser un liderazgo fuerte en el mediano plazo, o si  va a desaparecer. Si persiste en continuar con una candidatura que no tiene opciones de llegar en segundo lugar,  su intención de voto bajará.

Punto de vista
robert brockmannPeriodista y escritor


 “Todo en él grita incoherencia”

Camacho se ganó su lugar en la historia de los 21 días, qué duda cabe. Fue un catalizador importantísimo; sus plazos, aunque parecían absurdos e irrealizables, colocaron gran presión sobre el gobierno. Sin él, es posible que Evo Morales hubiera renunciado mucho más tarde y con muchos más muertos, o que no hubiera renunciado en absoluto. Esa fue su hora estelar. 

En su momento me pareció incluso una posibilidad. Pero de ahí en adelante todo fue de bajada, dando tumbos. Los héroes de gestas como la de los 21 días suelen traducirse mal a la política sistémica. 

Su grabación subrepticia a Pumari, su compañero, su insensata “confesión” de que su padre había sobornado a los uniformados, su manifiesta falta de formación. Su discurso disonante, de que él es la renovación y la juventud, pero se rodeó de toda la vieja política del siglo XX. Todo él grita incoherencia. Y ahora, para peor, apunta todos sus cañones no contra el MAS, que es el enemigo a derrotar, sino contra Mesa, cuyos votos descontentos espera cosechar, de mala manera. 

Ese spot en el que apela a la valentía contra la cobardía, me da vergüenza ajena. Es apelar a lo más primitivo de la política. Polariza igual y hasta peor que Evo Morales, si ello fuera posible. He manifestado públicamente que mi voto será para el segundo, así fuera un mono con peluca, porque es el segundo quien podrá disputarle el poder al MAS, no el tercero. Pero con ese spot, aun si Camacho fuera un sólido segundo, me la pensaría hasta tres veces. 

Y el grueso de su electorado, de alguna manera que me es imposible de entender racionalmente, traduce una cuestión de trascendencia nacional –que no vuelva el MAS– a la idea de que ha llegado la hora cruceña, y que, si el 70% de Santa Cruz vota por Camacho, logrará ese cometido. Pero ni el 70% votará por él, ni, si lo hiciera, le alcanzaría. Los números no le dan. Es el triunfo del hígado sobre el cerebro.

 

 

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