Gestión escolar 2021

Planificar la educación, un reto urgente

En medio de la crisis, la autora propone medidas para recuperar una formación que combine la tecnología con las clases presenciales.
domingo, 27 de septiembre de 2020 · 00:00

Elizabeth Jiménez Landívar de F.
PhD en Educación

Que la pandemia ha confundido a los sistemas educativos de todas partes del mundo es una verdad evidente. Que cada país está empleando sus mejores recursos y poniendo a trabajar a sus más creativos profesionales con el fin tanto de mantener la calidad educativa como de evitar disparar nuevamente un proceso de contagio masivo, también. De este punto en adelante, ya nada es seguro. Cada nación camina sobre un terreno incierto, buscando la mejor solución en tiempos de crisis. 

En el ámbito escolar también se quiere replicar aquello que tanto se ha pedido de la sociedad:  higiene de manos, uso de barbijos o mascarillas, y distancia social. En mayor o menor medida,  también se ha incluido una diversidad de herramientas tecnológicas y de internet. El resultado hasta ahora es contradictorio y no tan satisfactorio como se hubiera esperado. 

La tecnología es un factor que en principio presenta grandes posibilidades  para superar la distancia física entre las personas para evitar contagios, y aún así lograr la transmisión de contenidos educativos. Muchos países, entre ellos Estados Unidos, han asegurado que las clases se iniciarán la primera semana de septiembre, aunque en su mayor parte esta será online, por lo menos mientras el alto número de contagios limite otras posibilidades. 

La pandemia ha acelerado la adquisición y el uso de dispositivos tecnológicos que permitan acceder a las clases por vía online. Sin embargo, hay que tomar las cosas con cuidado, y evitar colocar todo el peso de las alternativas en este tipo de herramientas. La evidencia científica sugiere que el uso frecuente y extendido de las computadoras  e internet tiene numerosas consecuencias en mentes infantiles  y jóvenes. Estos datos deben ser tomados en cuenta para asegurar un adecuada y segura asistencia a clases. 

Por ejemplo, frente a la pantalla, la pasividad de los niños es mayor. La exposición prolongada de niños y jóvenes a ordenadores, tabletas y celulares está relacionada con: falta de atención, impulsividad, problemas en la vista, trastornos del sueño, etcétera. 

Adicionalmente, la cantidad simultánea de estímulos de luz y sonido de manera frecuente e intermitente puede imponer al niño un ritmo “virtual” acelerado en extremo, no paralelo a la realidad, por lo que el niño termina aburriéndose cuando quita la mirada de la pantalla y la vuelca hacia su entorno, del cual progresivamente se va desadaptando. 

Los videojuegos clásicos están en general diseñados para dirigirlos y mantenerlos conectados el mayor tiempo posible.  Este tipo de juego por supuesto, es diferente de los juegos libres y semi estructurados con fines educativos, en los cuales los desafíos se ajustan a las capacidades del usuario.

Dicho esto, es claro que la tecnología es una herramienta imprescindible para salvar las circunstancias. Sin embargo, reiteramos una vez más, lo  importante de elaborar un poco más a la hora de delinear lo que será el retorno a clases de los escolares.  No hay que olvidar, siguiendo a Vigotsky, la naturaleza social del aprendizaje. 

Dinamarca, uno de los pocos países que parece mostrar resultados positivos, expresa que la estrategia de poner en práctica la coordinación permanente entre autoridades, padres y profesores, una habilidad lograda en el transcurso de años, es la que está dando mejores resultados, además de mantener grupos pequeños fijos tanto para actividades escolares como para el resto de actividades a lo largo de todas las escuelas, los cuales no tienen contacto con el resto de los otros grupos. 

De esta forma, ante el peligro de un contagio, no es necesario cerrar toda la escuela, sino controlar el brote tomando las medidas necesarias. 

Es importante priorizar la educación presencial para los niños menores que aprenden sobre todo a través de la interacción con sus pares y profesores. 

Para evitar el contagio, una posibilidad es reducir el numero de estudiantes por curso a 20 o 25 personas. Para ello, evidentemente es necesario prever la existencia de espacios adicionales que puedan fungir como aulas.  El uso de la tecnología puede constituirse en alternativa real para estudiantes de más edad, sin dejar de lado la previsión respecto a instancias de interacción cara a cara entre estudiantes y profesores. 

Así, aún estableciendo mecanismos para proveer contenidos educativos online, es importante establecer la asistencia por lo menos una o dos veces a clases, por una parte, para no dejar de lado la interacción entre pares que ayuda a forjar la identidad, y por otra evitaría la dosificación de ejercicios y contenido que no es entendido por el alumno, que no puede ser trabajado ni asimilado por el estudiante con padres que no siempre están disponibles. 

De esta forma el maestro puede estar presente algunos días para explicar presencialmente y resolver las dudas en tiempo real. La formación docente y el refuerzo es vital, para manejar el software indicado de la forma más efectiva. 

Las investigaciones enfatizan una y otra vez la importancia de fortalecer la figura docente en temas de TIC en la planificación, el desarrollo y la evaluación curricular. Todo esto requiere de un esfuerzo enorme de planificación que no puede comenzar días antes de iniciar un proceso de este tipo.    

Lo que queda claro, es que Bolivia debe no solamente superar la crisis de la pandemia actual, si no la falta de sustento tecnológico que fue característica de los pasados 14 años con un modelo educativo de corte ideológico que no fortaleció realmente el desarrollo de las materias STEM ni la tecnología. 

Tenemos, una vez más, un doble desafío para superar en muy corto tiempo.  Es hora de sentarse en la mesa de planificación pensando primero en Bolivia, y luego en nuestros estudiantes, que se merecen algo mejor de nosotros.

 

 

 


   

5
3