Acoso y persecución

El rico, el gringo y el judío

Esta segunda entrega de la serie dedicada a los personajes perseguidos durante el gobierno de Evo Morales cuenta la historia del empresario e inversionista Jacob Ostreicher.
viernes, 4 de septiembre de 2020 · 00:00

Shane Hunt y Harold Olmos
 Periodistas

La familia Ostreicher desembolsó  20 millones de dólares en la compra y desarrollo de una hacienda de arroz en el oriente boliviano. La frase que acabamos de escribir es sorprendente. La familia Ostreicher es un clan familiar cuyos miembros viven esparcidos en Europa y Estados Unidos. No tienen experiencia de inversiones en América Latina. De remache, tampoco hablan español.

Ricos para cualquier estándar, 20 millones de dólares no eran una bicoca. ¿Por qué una familia así tomaría una decisión de invertir tan a la ligera? Porque les aconsejó un asesor de larga data de la familia, el abogado suizo André Zolty. Y éste, ¿por qué haría tal recomendación?

A este punto, nuestra historia  debe retroceder a una expresión  de las novelas policiales francesas: Cherchez la femme.

La femme en este caso era una colombiana llamada Liliana Rodríguez.  Joven y bien parecida, era  estudiante de Derecho en Ginebra que de alguna forma consiguió un trabajo con Zolty, a quien convenció de que era oportuno  invertir en el negocio del arroz en Bolivia. Más que eso, lo convenció de confiarle  todo el negocio.

 Partió rumbo a Bolivia, con una línea de crédito por 20 millones de dólares y el compromiso de comprar tierras, contratar empleados y trabajadores, y plantar el grano. Hizo todo lo anotado.

Pronto se descubrió que la  hacienda que había comprado estaba en ruinas y que representaba  una  inversión mucho menor de lo que Zolty había recibido como anticipo.

También se  había comprometido a enviar regularmente informes financieros a Zolty. Lo hizo al  principio, pero cuando los meses empezaron a pasar, los  informes se volvieron más raros. Zolty se alarmó y pidió a la familia Ostreicher contratar a alguien que fuese a Bolivia a averiguar qué pasaba.

La persona escogida fue Jacob Ostreicher, residente de Nueva York a cargo de  un  negocio de instalación de  parquets en edificios nuevos. Como el resto de la familia, carecía de experiencia en Latinoamérica y tampoco  hablaba español. Con todo, un día llegó a Santa Cruz, donde quería  hablar con Liliana Rodríguez, pero  no la pudo encontrar. Había desaparecido.

Ostreicher publicó un anuncio en periódicos locales, ofreciendo recompensa por cualquier información sobre su paradero. El aviso no produjo ninguna información pero llamó la atención del Ministerio Público.

Dos fiscales  lo visitaron y, tras tomar algunas notas, le pidieron que fuera la estación policial para obtener más información. Lo hizo  unos días después solo para enterarse que lo  habían llamado no para proporcionar más información, sino para enterarse que estaba  acusado de un delito.

Se lo arrestó bajo la acusación de lavado de dinero y se  ordenó su detención preventiva en Palmasola. Allí transcurrió 18 meses de su vida.

Liliana Rodríguez fue  localizada poco después y también llevada a prisión.

Sin cabeza, la hacienda estuvo a la deriva. Los bienes físicos fueron confiscados y transferidos a una oficina gubernamental a cargo de bienes confiscados. La entrega incluía la maquinaria de la  hacienda y un galpón lleno de sacos de arroz, el producto de la primera cosecha. El valor estimado del confisco eran  20 millones de dólares.

 Aturdida por los acontecimientos, la familia Ostreicher en Nueva York movilizó apoyo donde pudo encontrarlo. Pidió la intercesión de la embajada estadounidense en La Paz y logró varias audiencias en Washington ante un subcomité de la Cámara de Representantes. También contactó a una pequeña fundación en Florida, cuya tarea era asistir a judíos perseguidos en cualquier lugar del mundo.

 La fundación tenía contactos en Hollywood y a través de  intermediarios llegó a Sean Penn. Famoso por su papel de actor, Penn era también conocido por sus posiciones francas en cuestiones políticas que lo  habían llevado a apoyar al chavismo en Venezuela. Penn ya había visitado Bolivia  y  tenía una relación personal con “mi amigo Evo Morales”.

Acordó ir a Bolivia y hablar del caso que ahora lo preocupaba.

El gobierno boliviano sabía lo que se venía y supuso la publicidad mundial que sobrevendría al acompañar una visita de Sean Penn. 

Casualmente, días antes de la llegada de Penn, las autoridades descubrieron una banda de  extorsionadores que operaba desde el Ministerio de Gobierno. Los líderes aparentes eran un par de funcionarios del Ministerio, un poco debajo del viceministerio.

La red incluía a jueces, fiscales y receptores de propiedad confiscada, un total de 15  personas. Todos fueron llevados a Palmasola bajo detención preventiva.

Sean Penn aceleró este proceso yendo personalmente Palmasola, donde ofreció una conferencia de prensa que aún puede ser vista en YouTube. Las imágenes muestran a Penn cuando denuncia a la red de extorsión y advierte a “mi amigo presidente Morales” sobre lo  que está ocurriendo dentro de su gobierno. 

Jacob Ostreicher aparece sentado a su lado en una silla de ruedas y con las  manos temblorosas. En Palmasola había desenvuelto la enfermedad de Parkinson.

Un cambio rápido ocurrió en el destino del inversionista. Una nueva audiencia fue convocada para poco después, tras la cual fue exonerado y salió del penal. Pero debía  permanecer bajo arresto domiciliario mientras concluían los trámites  para su libertad plena. Se estimaba que se requerirían unas seis semanas para que pudiese dejar Bolivia.

Entretanto, la  investigación continuaba enfocada especialmente en quién, o quiénes  más, serían parte de la red o habían facilitado su existencia.

La investigación alcanzó niveles superiores, hasta que quedó claro que uno o más miembros del gabinete estarían comprometidos.

A este punto, intervino el presidente Morales con una sorprendente  declaración: A pesar de haber sido iniciada por su propio Ministerio de Gobierno, denunció que todo era un complot desatado por fuerzas imperialistas coordinadas por la Embajada de los Estados Unidos en La Paz.

Tras ese irritado estallido, no se investigó más en los escalones superiores del gobierno. A esas alturas quedaba por investigar muy poco, salvo al propio ministro o al propio presidente.

Pero las ruedas de la justicia habían empezado a apuntar hacia blancos menores. Unas 15 personas fueron arrestadas, convictas y pasaron un tiempo en Palmasola con sentencias de dos a tres años.

Los meses corrieron: febrero, marzo, abril. Lentamente, los amigos de Ostreicher empezaron a darse cuenta que su libertad no se  apoyaba en ninguna base  legal sino en fuerzas que no entendían. Por fin, Sean Penn rompió con Evo Morales y advirtió al Rally Dakar, que se preparaba para pasar por varios países sudamericanos, que debía evitar pasar por Bolivia  pues su gobierno violaba los derechos humanos. Ahí acabó su amistad con Evo Morales, aunque según Penn, la relación había acabado varios  meses antes.

 Nada cambió con la declaración de Penn. El rally no cambió de ruta y el gobierno no formuló comentario alguno.

Entonces, el 16 de diciembre de 2012, el industrial apareció en Estados Unidos tras una espectacular fuga que lo llevó a atravesar el altiplano boliviano, llegar a Perú y de allí emprender la travesía hasta su país.

Ostreicher había escapado. El presidente Morales reaccionó ante el insólito suceso diciendo que la fuga del  inversionista probaba que éste era culpable de las acusaciones originales.

Nunca se supo cómo se llevo a cabo  la fuga. Se presumía que Penn había contactado a contrabandistas de droga, que podían llevar a un hombre a través de  la frontera, tan fácilmente como  llevar cocaína. La frontera cruzada era presumiblemente aquella con Perú, pues el inversionista apareció en la embajada estadounidense en Lima, donde recibió un pasaporte para retornar a Estados Unidos.

¿Cómo entender una  historia tan sórdida? ¿Qué llevó al gobierno a actuar como lo hizo?

Un posible motivo puede ser descartado de inmediato: Beneficios políticos.

No había beneficios políticos a ganar con el tratamiento dado a Oestreicher. Éste carecía de influencias en el mundo político boliviano. Tampoco Bolivia tenía algo que ganar agarrando un pleito con Estados Unidos. De hecho, no hay evidencias de que Bolivia hubiese utilizado a Ostreicher para fines  mayores. Se debe concluir, entonces, que en este caso Maquiavelo no tiene cabida.

En cuanto a codicia, el caso era sin duda, un factor mayúsculo. No hay evidencias de que la red de extorsión hubiese existido antes del caso Ostreicher. 

Fue una respuesta colectiva al haber descubierto un blanco vulnerable, como un pato de caza expuesto. Infelizmente, varias personas fueron detenidas y tuvieron que pasar un tiempo en la cárcel. Fuera de eso, la red fue exitosa: Desnudaron a Ostreicher de todo activo tangible y lo vendieron y distribuyeron el dinero entre desconocidos. La familia Ostreicher nunca recibió ni un centavo.

El factor más difícil de entender, sin embargo, no puede explicarse por la codicia. ¿Por qué no lo liberaron del arresto domiciliario y lo dejaron irse? Habían dejado a Ostreicher limpio, no le quedaba nada, ni su salud.

¿Por qué no dejarlo a acabar su vida con el consuelo que su familia pudiese brindarle?

Un abogado de Santa Cruz dio una respuesta sucinta. Por tres razones, dijo: “Es rico, es gringo, y es judío”.

 Dicho bajo los términos señalados al comienzo de esta serie, la frase se traduce en codicia, codicia, codicia. La codicia estuvo expuesta desde el principio. La malicia estaba algo escondida, pero también estaba ahí desde el principio. En el tratamiento que recibió desde que fue arrestado. Ostreicher fue víctima de ambos sentimientos: codicia y malicia.

 Después de algunos años en Los Ángeles, donde recibió apoyo moral y financiero de Sean Penn, Ostreicher volvió a instalarse en Nueva York para estar con su familia.

En cuanto a Liliana Rodríguez, se supo que estaba viviendo en Santa Cruz. Estaba a cargo de una hacienda arrocera.

 

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