Bienestar de la humanidad

¿Se puede patentar el sol?

El costo del coronavirus en términos de vidas humanas y el desmoronamiento de la economía es infinitamente mayor al costo de subsidiar una vacuna.
domingo, 24 de enero de 2021 · 05:00

Oscar Antezana Malpartida
Economista

Han pasado alrededor de 65 años desde que se inventó la vacuna contra la poliomielitis. Jonas Salk, un microbiólogo neoyorkino de origen judío-ruso la inventó. Cuando le preguntaron quién es el dueño de la vacuna, respondió: “La gente. No hay patente. ¿Puedes patentar el sol?”. 

Producida por un polio virus, esta enfermedad produce dolor muscular, atrofia y parálisis flácida. Como el coronavirus, el polio virus se introduce a través de la boca o de la nariz. De acuerdo con Forbes, patentar esa vacuna contra la polio le hubiera supuesto a Salk ganancias millonarias, alrededor de $us 7 mil millones. 

¿Acaso no son las vacunas, sea para el sarampión, la polio o el coronavirus, o una enfermedad altamente contagiosa un bien público, así como el sol brinda un servicio público en beneficio de todos? Una persona con varicela que viaja a otro país ciertamente puede iniciar una epidemia y, eventualmente, una pandemia si no existiría la vacuna. Si bien la patente incentiva la innovación, permitiendo que el inventor –que ha gastado energía y recursos en crear algo nuevo– pueda obtener una retribución, no todo invento debería ser elegible para obtener una patente. 

¿Salvar vidas o curar enfermedades endémicas o pandémicas, no es suficiente incentivo para que los investigadores y las empresas (laboratorios y farmacéuticas) dediquen tiempo y recursos a investigación? ¿Hay algo más noble que salvar vidas, dar alivio al enfermo y felicidad a las familias? ¿Habría satisfacción mayor que un científico o un presidente de un laboratorio o empresa farmacéutica sepa que ha contribuido al bienestar de la humanidad? 

La OMS  debería tener un laboratorio de alta calidad y confiabilidad, con los mejores profesionales del mundo, para realizar investigaciones que son de beneficio a toda la humanidad. ¿Acaso no es la vida lo más preciado que tenemos los humanos y no todas las vidas valen lo mismo? 

El costo global en términos de vidas humanas y las consecuencias del desmoronamiento de la economía, como mayor pobreza y desigualdad, además de potenciales conflictos políticos y geopolíticos, entre otros, es incalculable e infinitamente mayor al costo de subsidiar una vacuna.

Indudablemente es admirable lo que han hecho   empresas como Pfizer y BioNTech, Moderna, AstraZeneca, Sinovac, Curevac, Sanofi/GSK, Johnson & Johnson, entre otras. Debido a la urgente necesidad de la vacuna, los gobiernos y los donantes han invertido miles de millones de dólares en proyectos para crearlas y probarlas. 

Organizaciones filantrópicas como la Fundación Gates respaldaron la búsqueda, así como personas como el fundador de Alibaba, Jack Ma, y la estrella de la música country Dolly Parton. 

En total, los gobiernos han proporcionado  8.600 millones de dólares, según la empresa de análisis de datos científicos Airfinity. Las organizaciones sin fines de lucro aportaron con  casi 1,9 mil millones. Solo  3,4 mil millones provienen de la propia inversión de las empresas, y muchas de ellas dependen en gran medida de la financiación externa.

Los analistas de Wall Street proyectan que Pfizer y Moderna generarán  32 mil millones de dólares  en ingresos por la vacuna Covid-19, solo el próximo año (CNN Business). Se espera que Pfizer obtenga 9,3 mil millones más en ingresos combinados de la vacuna Covid-19 en 2022 y 2023, a medida que el mundo continúe vacunándose, proyectó Morgan Stanley. 

Mientras tanto, la vacuna de Moderna ya ha transformado una empresa prácticamente desconocida en una potencia de 62 mil millones. Sus acciones se han disparado casi un 700% este año y Morgan Stanley estima que alrededor de la mitad del valor de mercado de la compañía está vinculado a la vacuna. Se espera que Moderna recaude $us 13,2 mil millones en ingresos por la vacuna Covid-19 el próximo año, según Goldman Sachs.

 Morgan Stanley dijo que el creciente precio de las acciones de Moderna implica que los inversores esperan que la compañía obtenga entre 10 y 15 mil millones   de dólares  con las ventas de la vacuna Covid-19, tanto en 2021 como en 2022, seguido de miles de millones más en ventas de refuerzo.

Pero, ¿todo tiene que ser negocio, dinero? Se han escuchado teorías, confabulaciones, rumores y otros, sobre “conspiraciones” de parte de gobiernos y/o empresas para crear enfermedades o no descubrir vacunas y/o remedios. No se sabe. Se juegan miles de millones de dólares en ventas y se explotan estos ingresos protegidos por el monopolio que otorgan las patentes por períodos largos. 

Hay que recordar que muchos de los mayores avances tecnológicos en la historia de EEUU, por ejemplo, no han surgido del sector privado, sino que han  sido el resultado de la colaboración entre empresas privadas y el gobierno federal. El Departamento de Defensa, después de todo, inventó internet. 

La investigación y el desarrollo del gobierno también llevaron a transistores, chips de silicio, radares, aviones a reacción, satélites, miembros artificiales, cortisona, pantallas planas y mucho más. El horno de microondas en nuestras cocinas se derivó de investigaciones del gobierno. 

En esa búsqueda de equilibrio entre lo privado y lo público, aparece la figura de las licencias obligatorias, cuyo origen se encuentra en el Convenio de París para la protección de la propiedad industrial, de 1883. Su regulación se amplió décadas después en el acuerdo sobre los aspectos de los derechos de propiedad intelectual relacionados con el comercio. En la práctica, no obstante, la concesión de licencias obligatorias es poco frecuente, reduciéndose a supuestos casi residuales. Las licencias obligatorias ocupan un hueco en la mayoría de las legislaciones sobre patentes de cualquier país.

Quizás la filosofía de Salk, que ha servido de inspiración para muchas personas, estaría más cercana a la conocida como ciencia en open-access, o en abierto. El mundo necesita más personas como Jonas Salk, más solidaridad, más honestidad, más humanidad; todos ganan. La angurria por el poder o por el dinero genera conflictos políticos, sociales, económicos.  Unos ganan y otros pierden.

 

 

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