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Una respuesta al presidente Luis Arce

En su discurso del 22, dejó claro al país que no representa ningún progreso respecto a quien lo precedió, dice esta crítica de nueve puntos.
domingo, 31 de enero de 2021 · 05:00

Gonzalo Flores
Plataforma Ciudadana UNO

El discurso del presidente Luis Arce el 22 enero es una mezcla de exageraciones, verdades a medias y mentiras completas, empaquetadas en una pseudo doctrina nacionalista y socialista. 

1. Partió de una interpretación de nuestra historia, basada en la teoría de “español malo/indio bueno” En su visión, la historia boliviana habría estado esperando el momento estelar de la adopción de la Constitución de 2009, ignorando que Bolivia cambió varias veces su Constitución, con la creencia invariable de que se estaba diseñando el futuro perfecto para el país. Ni idea parece tener de las enormes deficiencias del texto vigente.

2. Cierra los ojos ante el fraude y las enormes irregularidades de las elecciones generales de 2019: acciones fraudulentas evidentes, arbitrariedades, errores que resultaron de calificación insuficiente de los funcionarios; ensayos y controles deficientes y vulnerabilidades propias de una gerencia poco profesional.

3. Se niega a reconocer la enorme movilización ciudadana espontánea que repudió a Evo Morales y cree ver en la asunción al gobierno de Jeanine Añez un “golpe de Estado”, que no se vislumbra por ningún lugar. En particular, esconde que Morales renunció dos veces (una en forma oral y otra escrita) y que las autoridades políticas del MAS que se encontraban en la línea de sucesión presidencial también renunciaron, no dejando así otra alternativa que el nombramiento de una senadora que estaba en posición lateral respecto de la línea de sucesión. Se refirió constantemente al gobierno de Añez como “de facto”, después de haber reconocido públicamente que fue constitucional transitorio.

4. Cree que las elecciones del 18 de octubre de 2020 representaron la restauración del régimen masista, desconociendo que el MAS tiene que convivir con sus propias fisuras y fracturas internas y con una bancada opositora cuya fuerza crecerá por sus argumentos. Pide honor y gloria a los que murieron en Senkata, Sacaba y El Pedregal, pero olvida a los que murieron en La Calancha, El Provenir, Hotel Las Américas, Panduro, Caranavi, Montero y Huayculi. Para el presidente las vidas humanas no tienen el mismo valor.

5. Dijo que la principal tarea de su gobierno es recuperar la democracia y el Estado Plurinacional, como si alguna vez las reformas formales de entidades que ha realizado el MAS hubieran tocado la esencia de esa enorme estructura que es el Estado. Se propone continuar con la “descolonización”, que muy poco tiene que ver con las preocupaciones cotidianas de los ciudadanos. 

Omitió mencionar el fracaso del MAS en la reforma de la justicia, sin duda porque lo que menos desea su partido es una justicia realmente independiente. Dice que buscará justicia y no venganza, aunque los hechos muestran lo contrario.

6. Critica la gestión deficiente del gobierno de Añez en la pandemia, olvidando que la suya no ha demostrado hasta ahora ser superior. Enunció su “plan estratégico” contra la Covid-19, (testeos masivos, vacunaciones, cooperación con los niveles subnacionales y recuperación de la medicina tradicional) anteponiendo su ideología a las necesidades reales. 

No mencionó que está tramitando una nueva ley que dará poderes monopólicos al gobierno en la importación y distribución de medicinas y equipos contra la Covid y sigue escondiendo información sobre la compra de vacunas a las empresas Gamaleia y al Instituto Serum. 

7. En el campo económico, no ve otro responsable de los problemas actuales que el gobierno de Añez, intentando ocultar que la crisis es mucho más el resultado de un manejo irresponsable durante 14 años de los altos ingresos obtenidos por el país como consecuencia del superciclo de las materias primas. No dice nada del fracaso de los principales proyectos de transformación de hidrocarburos, ni la nula inversión en infraestructura hospitalaria, mejoramiento del equipamiento médico y fortalecimiento de la producción nacional de equipos y medicinas.

8. Exageró el efecto previsto de las medidas económicas que ha dictado, pretendiendo hacernos creer que el Bono contra el Hambre reactivará la economía, cuando ello no es evidente. Subrayó la importancia de las medidas tomadas en el plano financiero, pero escondió el impacto negativo que tendrán sobre la banca. No mencionó que la devolución de aportes a las AFP, si bien generará una liquidez inmediata en los ahorristas, implica que no tendrán jubilación, o que sus rentas serán aún más bajas. 

Dijo haber reducido los gastos del Gobierno central  y haber ordenado un incremento de los presupuestos de salud y educación en 10%, afirmaciones falsas, porque el gasto público sigue expandiéndose y seguirá ejerciendo presión sobre las RIN y a mediano plazo, sobre el tipo de cambio. Defendió el impuesto a las grandes fortunas, sin mencionar que esa medida ahuyentará a los pocos inversionistas locales que tenemos. 

Denostó al gobierno de Añez por haber cerrado las operaciones de la fábrica de Bulo-Bulo, pero no dijo que la equivocada decisión de esa inversión y su pésima localización fue tomada por el MAS cuando él era ministro de Economía y Finanzas. 

9. Afirmó, por último, estar restaurando el modelo socio comunitario productivo, reactivando la inversión pública y dinamizando la economía para reducir la desigualdad, cuando todos sabemos que dicho “modelo” fue el que alentó el malgasto de los ingresos extraordinarios del gobierno, y que el problema grande del país no es la desigualdad sino la pobreza, especialmente la absoluta. 

En poco más de 40 minutos, Arce ha dejado claro al país que no representa ningún progreso respecto a quien lo precedió; que persiste en negar la realidad y los hechos y sustituirlos por postverdades; que no ha asimilado las severas lecciones del despilfarro de los fondos públicos, y que quiere replicar los mismos errores en nombre de la descolonización, el vivir bien, la lucha contra el imperialismo y la construcción de una hermosa patria socialista de ciudadanos iguales, que no es nada más que un sueño irresponsable, pero como todos los sueños de los fanáticos, seductor e irresistible.

 

 

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