El nuevo fascismo en América Latina

Políticos e intelectuales de Venezuela o Nicaragua no saben aún cómo calificar a estos regímenes y solo los llaman “populistas”, lo que es insuficiente.
domingo, 10 de octubre de 2021 · 05:00

Se lee y escucha en los últimos años en América Latina la palabra “fascismo” para calificar a tal o cual gobierno o a tal grupo opositor. Esto causa confusión. Es necesario aclarar, por consiguiente, tanto el significado y las características originales del concepto de fascismo, así como distinguir las nuevas formas del fascismo generadas en las últimas décadas y años sobre todo en los países de América Latina.

Según Wikipedia, los fascismos tradicionales tenían las siguientes características ideológicas y políticas: 1) fueron movimientos nacionalistas y militaristas, de espíritu violento y confrontativo, que exaltaban las nociones de patria, de raza y de nacionalidad, en detrimento de las minorías, de los extranjeros y de todo aquel considerado racial, social y culturalmente inferior y diferente; b) apelaban a nociones de pureza racial, proclamándose herederos de un pasado glorioso a recuperar; c) fomentaban la organización de fuerzas armadas irregulares o paralelas para perseguir y aniquilar a sus adversarios y someter a la sociedad a un estado de amedrentamiento permanente, lo que se tradujo en la persecución y asesinatos de las minorías étnicas, como de los judíos en Europa; d)  proponían un modelo de Estado de partido único, construido en torno a la supuesta infalibilidad de un líder carismático, al que se le rendía culto a la personalidad: e) el fascismo promovió un Estado fuerte autoritario y totalitario, antidemocrático, militarista, anclado en las nociones de patria y de raza; f) en economía fomentaban la creación de grandes empresas estatales, pero sin eliminar las empresas privadas; g) agredían militarmente a otros países considerados inferiores con el objeto de explotarlos económicamente.

Los regímenes de Benito Mussolini en Italia, de Adolf Hitler en Alemania y el fascismo japonés, son los ejemplos comunes de un  Estado fascista. Estos regímenes pudieron ser liquidados luego de largas y sangrientas guerras internacionales que causaron la muerte de decenas de millones de personas, sobre todo de civiles. Tuvo posteriormente repercusiones en otras geografías del planeta, como en España con Franco y Argentina con Perón, así como en partidos políticos en diferentes países aunque sin llegar a tomar el poder. 

Curiosamente, pese a que países como la Unión Soviética, China, Corea del Norte y luego Cuba (desde principios de los años 60) constituían regímenes socialistas con muchas características similares a los países fascistas iniciales, incluyendo la tendencia a aniquilar a grupos sociales, inexplicablemente no se los calificaba como fascistas. En estos países no existía la libertad de expresión y no se permitía la existencia de partidos políticos de oposición, no se respetaban los derechos humanos, se suprimían las empresas privadas con el justificativo de luchar contra el capitalismo y contra la desigualdad social.

Además, si bien no se procedía a la eliminación física de minorías étnicas o raciales como en los fascismos tradicionales, se promovía la supresión de las clases sociales altas y más prósperas en nombre de la igualdad social mediante la expropiación violenta de sus bienes. Los propietarios de las empresas y otros dependientes de la clase media debían emigrar para encontrar otras fuentes de vida.

La falta de identificación política e ideológica de este tipo de fascismo causó graves problemas posteriormente para el avance de la democracia en el mundo y en América Latina. Hasta hace algunos años se denominaban fascistas en América Latina solo a las dictaduras militares por los golpes de Estado y la represión a los opositores. Esta caracterización resultó insuficiente en la teoría porque no permitía distinguir los síntomas del fascismo de largo plazo en algunos partidos políticos. 

En América Latina, además de Cuba, han surgido desde hace algunas décadas y años regímenes claramente fascistas como el chavismo en Venezuela, el correísmo en Ecuador y el orteguismo en Nicaragua, pero los sectores políticos e intelectuales de esos países y de América Latina no saben aún cómo calificarlos, no acceden a calificarlos como fascistas y solo los llaman “populistas”. Esto es insuficiente. En estos países no existen elecciones libres y  democráticas, excepto amañadas, no hay respeto a la libertad de expresión, se prohíben y aplastan a los partidos de oposición y se encarcela a sus militantes.  

En Cuba, desde los años 60 se prohibió la existencia de empresas privadas con el fin de liquidar a los empresarios y a las clases elevada y media. El objetivo era establecer el socialismo, con el fin supuesto de contribuir a la justicia social y a la eliminación de la pobreza. La clase alta y media tuvo que huir del país y desde entonces Cuba es un país de pobreza extrema generalizada, excepto para la cúpula estatal y sus familias. Un grupo de esta cúpula son militares. Los dirigentes son en general vitalicios y las leyes anticorrupción aparentemente no se aplican a ellos. La nueva clase dominante es racialmente blanca, pese a que gran parte de la población es negra y mestiza.

En Venezuela, la cúpula dirigente se encuentra creando desde hace 20 años un socialismo similar al cubano mediante la fuerte reducción de las empresas privadas. Gran parte de los empresarios y de la clase media ha huido a otros países. Los altos dirigentes y los altos mandos militares  son en general vitalicios, gracias a las elecciones periódicas manipuladas, al igual que en Cuba. Los dirigentes son étnicamente blancos pese a que una parte importante de la población es negra y mestiza 

¿Cuál es el origen social y racial de este nuevo fascismo en América Latina? Los que crean el sistema estatal fascista en los países latinoamericanos son en general salidos de clases medias y de ingresos medios y bajos, muchos profesionales y con estudios universitarios. Su origen racial es generalmente blanco y mestizo. Lo mismo sucede en países donde la mayoría de la población es indígena y mestiza. Las aspiraciones económicas de este grupo son en general elevadas y la ubicación en los altos cargos del Estado le permite satisfacer sus aspiraciones económicas para ellos y sus familias.

Las cúpulas dirigentes de estos regímenes pueden ser denominadas oligarquías burocráticas de Estado por su ubicación vitalicia en las altas esferas del Estado y en los estratos sociales y económicos superiores de la sociedad.  La oligarquía burocrática goza de manera discreta o encubierta de muchos privilegios. Ella utiliza al ejército y a los órganos represivos para mantenerse y perpetuarse en el poder contra la población. El enemigo más peligroso para ella, sin embargo, es el imperialismo externo.

 

Bernardo Corro Barrientos / Economista

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