La actualidad de Paulo Freire

Hay mucho que analizar sobre su obra, algunos conceptos son esenciales para entender su pensamiento y para reafirmar su vigencia.
domingo, 10 de octubre de 2021 · 05:00

“Jamás pude admitir la mixtificación de que la educación es un quehacer neutral. Yo pienso lo contrario, que la educación es siempre un quehacer político. No hay, pues, una dimensión política de la educación, sino que ésta es un acto político en sí misma”, decía en 1978, Paulo Freire, en una entrevista en el diario El País, de España.

 Y es que esa forma de entender no solo la educación de adultos, sino la educación popular y la educación en general, fue la que puso en práctica el pedagogo brasileño desde el momento mismo en que desistió de ejercer la abogacía, que había estudiado en su natal Recife, para dedicarse a la educación, que comenzó como profesor de portugués.

Pedagogía del oprimido (1969) es su libro más conocido, y en él plantea una serie de categorías que lo proyectaron al mundo. No fue, sin embargo, su primera obra ni la última, y las afirmaciones contenidas en la misma se fueron modificando con el transcurso del tiempo, sin que, por ello, traicionase lo fundamental de sus convicciones.

No en vano escribió al inicio de Política y Educación (1996), unos comentarios, en el primero de los cuales quería subrayar “(…) la posición en que me encuentro, críticamente en paz con mi opción política en interacción con mi práctica pedagógica. Posición no dogmática, sino serena, firme, de quien se encuentra en permanente estado de búsqueda, abierto al cambio, en la medida misma en que desde hace mucho dejó de estar demasiado seguro de sus certezas”.

Hay, a lo largo de la obra de Freire, muchos aspectos que analizar. Sin embargo, algunos de ellos son fundamentales para entender su pensamiento y para reafirmar su actualidad, pese al tiempo transcurrido. Se trata, por supuesto, de una elección de quien esto escribe, sin pretensión alguna de considerar que son, sin discusión, los más importantes, pues habrá quienes no coincidan con esta elección. Y habrá, como es lógico, quienes digan que Freire no sirve para nada.

Veamos algunos de estos aspectos.

El primero es el de la concientización, acto por el cual uno “se da cuenta subjetivamente de la realidad objetiva”. Freire insiste permanentemente en la necesidad de que la educación sirva para que los educandos tomen conciencia de su situación, de su realidad, de las razones que explican por qué están como están; y tomen también conciencia de sus posibilidades reales de transformar la realidad. Siendo, además, que la concientización no es sólo del educando, sino también del educador, se arriba a aquello de que quien educa es a su vez educado, y quien es educado, también educa.

Un segundo aspecto, ligado al anterior, es que, para Freire, enseñar no es transferir conocimiento, sino crear las posibilidades para su propia producción o construcción.

“Cuando entro en un salón de clases, debo actuar como un ser abierto a indagaciones, a la curiosidad, a las preguntas de los estudiantes, a sus inhibiciones; un ser crítico e indagador, inquieto ante la tarea que tengo –la de enseñar y no la de transferir conocimientos– dice en Pedagogía de la autonomía (1996).

Por último, un tercer aspecto es el de la constitución de todos los seres humanos, en sujetos de la historia, sujetos de su propia historia y no objetos de la historia de otros; sujetos de la historia de su pueblo y su país.

El abogado y filósofo del Derecho mexicano Jesús Antonio de la Torre, dice que para ser sujetos de la historia, hombres y mujeres debiéramos tener un cierto margen de libertad que nos permita realizar nuestra historia personal y participar en el proceso histórico comunitario con todos los demás; tener acceso a las decisiones políticas y económicas de nuestro país; tener acceso -junto con los demás- a la propiedad de los medios de producción; gozar de una buena alimentación y de un espacio vital digno; contar con posibilidades de estudio, recreo y diversión.

Todo lo anterior contradice a quienes afirman que la educación es neutra y que debe prescindir de referencias a los condicionamientos históricos, sociales, culturales, religiosos, políticos y económicos de un país, para la formación de las  personas. No se trata solamente de adiestrar personas para que sobrevivan en el mundo actual; se trata también de que todo educando y en definitiva toda persona se dé cuenta de su realidad, eduque mientras es educada y se convierta en sujeto protagónico de su historia y la de su pueblo.

Esto tiene particular importancia en los momentos que vivimos, caracterizados por la presencia de falsos mesías y “expertos” que van a transferirle al pueblo su visión de lo que pasa en Bolivia y el mundo y órdenes de lo que deben hacer.

En momentos en que, a título de “formación”, se adoctrina y embrutece a las personas al servicio de un proyecto totalitario, y se las llena de libros y panfletos que distorsionan la realidad. En momentos en que, por ejemplo, se manipula a una ex diputada, para ponerla al servicio de ese proyecto, sin darle oportunidad de que tome conciencia de cuanto pasa a su alrededor y sea sujeto de la historia y no objeto de quienes la manipulan.

Hace unos años, el expresidente Morales dijo que Bolivia se sumó al Alba sin consultar al pueblo, porque era la línea que definieron Fidel y Hugo; afirmación similar a la que mucho tiempo antes hizo Stalin, en sentido de que no había por qué consultar nada al pueblo, porque en el marxismo leninismo ya estaban las respuestas para todo.

Contra eso fue Freire, al afirmar que la educación, el acercamiento al pueblo tiene que ser profundamente democrático; que enseñar exige libertad y autoridad, toma consciente de decisiones, saber escuchar, disponibilidad para el diálogo.

Católico practicante, Paulo Freire, no actuó como fariseo, golpeándose el pecho en el templo, sintiéndose superior a los demás. Predicó con el ejemplo, porque estaba convencido de que era la única manera de hacer creíbles sus planteamientos.

Nacido el 19 de septiembre de 1921 en el nordeste brasileño, donde Dom Helder Cámara fue el obispo de los pobres, Paulo Freire hizo un aporte extraordinario a la educación y continúa interpelándonos.

 

Carlos Derpic /  Abogado

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