Lo que nuestros ministros no saben, o no pueden hacer

“Los ingresos fiscales de exportaciones de gas o de zinc no se utilizan de manera eficiente y rentable, no estamos generando otro tipo de riqueza, y nos estamos volviendo más pobres”.
domingo, 10 de octubre de 2021 · 05:00

La función de un ministro de Economía es vital para el desarrollo de un país. ¿Por qué? Porque su despacho administra la riqueza, los  activos de un  país. Cual, si fuese un inversionista, el ministro tendría que velar por que las inversiones públicas sean lo más rentable posibles y el uso de los recursos públicos sea eficiente.

¿De qué está compuesta la riqueza en una economía? Se puede clasificar en cuatro grupos. El capital natural, que es la suma de recursos no renovables (incluidos petróleo, gas natural, carbón y recursos minerales), tierras de cultivo, pastizales, áreas boscosas y áreas protegidas. El capital producido, que es la suma de maquinaria, equipo, tecnología, edificios e infraestructura. El capital humano son los conocimientos, habilidades y conocimientos técnicos que posee la población. Y el capital institucional, que es, en esencia, la infraestructura institucional –las normas formales e informales– que regulan el comportamiento de las personas dentro de una sociedad. Finalmente, hay un residual que, en términos simples, serían principalmente las remesas del exterior.

En general, al capital humano y al capital institucional también se los denomina  capital intangible y constituye la mayor parte de la riqueza en prácticamente todos los países del mundo.  Los activos intangibles incluyen las habilidades y los conocimientos técnicos incorporados a la fuerza laboral, así como el capital social; es decir, la confianza entre las personas en una sociedad y su capacidad para trabajar juntos por un propósito común, así como todos aquellos elementos de gobernanza que impulsan la productividad y la producción.

Por ejemplo, si una economía tiene un sistema judicial eficiente, derechos de propiedad claros y un gobierno eficaz, se generará una mayor riqueza. Este es un resultado esperado y una percepción que se remonta al menos a Adam Smith. Además, tiene mucho sentido: los países que crecen y se vuelven ricos se debe, en gran parte, a las habilidades de sus poblaciones y la calidad de las instituciones que apoyan la actividad económica.

Las estimaciones para  Bolivia, del año 2000, mostraban que su  riqueza era de $us 18.141 en términos per cápita. Estas estimaciones se sustentan en varios años de esfuerzo para medir la riqueza, incluyendo los estudios del Banco Mundial “Expanding the Measure of Wealth” (1997) y “Where is the wealth of nations” (2006). No confundir con ingreso por persona, o con el Producto Interno Bruto (PIB) per cápita. (El PIB per cápita es lo que cada país produce administrando su riqueza, medido por persona). De estos, 26% correspondía a capital natural, 12% capital producido y 62% capital intangible. Sus activos del subsuelo, principalmente minería e hidrocarburos, eran equivalentes a solamente 5% del total; es decir, su capital intangible era 12 veces más la riqueza minera e hidrocarburífera.

La riqueza per cápita de Chile se estimaba en $us 77.726, de los  cuales 14% correspondía a capital natural y el mismo porcentaje a capital producido, y 72% a su activo intangible. Obsérvese que su capital natural tiene un similar valor a su capital producido. Una razón de porqué la proporción del capital natural de Chile es menor comparado al de Bolivia, es porque los ingresos de sus recursos naturales (cobre, bosques, acervo pesquero, productos agrícolas) están invertidos en capital producido (equipos, tecnología e infraestructura). Esto le permite a Chile ser más productivo porque tiene más y mejor tecnología e infraestructura.

Así, si los ingresos fiscales de las exportaciones de gas o de zinc no se utilizan de manera eficiente y rentable, solamente estamos consumiendo nuestro capital natural, no estamos generando otro tipo de riqueza, y nos estamos volviendo más pobres. Es decir, si bien el crecimiento es fundamental para disfrutar un mayor bienestar, aquél es ilusorio si consiste principalmente en consumir los activos, como las riquezas del subsuelo o los nutrientes del suelo. Ese crecimiento no es sostenible.

Aparentemente, en los últimos años, el Ministerio de Economía de Bolivia ha pasado por alto o no se ha dado cuenta de sus funciones. Esta noción de desarrollo como gestión de carteras es poderosa. Ciertos activos de la cartera son agotables y solo pueden transformarse en otros activos productivos, como infraestructura o capital humano, mediante la inversión de las rentas de los recursos.

Otros activos son renovables y pueden generar flujos de ingresos sostenibles. Los responsables de la formulación de políticas, por lo tanto, pueden estar seguros que las inversiones en la educación y el sistema judicial son los medios más importantes para aumentar el componente de capital intangible de la riqueza total porque se ha comprobado que es la más importante en todos los países del mundo, ricos y pobres.

Finalmente, de acuerdo con el Banco Central de Bolivia (BCB) en su Informe de Política Monetaria (IPM) de julio, la deuda de cinco empresas estatales, que son deficitarias, fue de Bs 36.786 millones a junio de este año, es decir, $us 5.285 millones.

Por otro lado, la inversión en la planta de urea y amoniaco, que desde el inicio tuvo y sigue teniendo serios problemas de producción, y en la planta de litio, que hasta ahora no exportado ni un gramo, suman $us 2.000 millones. La población boliviana ni siquiera ha “disfrutado” en mayor consumo esos dos montos, que suman más de $us 7.000 millones. El gobierno de turno los despilfarró. ¿Cuánto más se ha despilfarrado y no ha generado riqueza para Bolivia?

El ministro de Economía de la anterior gestión del gobierno del MAS afirmó que “…asignaba recursos a cada ministerio para ejecutar sus respectivas políticas…” Según él, el Ministerio de Economía no tenía que estar necesariamente de acuerdo con los gastos de otros ministerios. “Eso era responsabilidad de cada ministerio…” (Entrevista “No mentiras”, mayo 2021).

Los gobiernos del MAS realmente no tienen ministros de Economía porque: 1) no saben ejercer su función de asegurar el uso eficiente del capital y de los recursos fiscales de todos los bolivianos; 2) no los dejan porque solamente reciben y reparten ingresos que les caen de los precios internacionales cuando están en los cielos; y 3)  la decisión de cómo gastar es exclusivamente política en función del beneficio de un partido, un sector, un gremio, otros intereses ajenos, o hasta una persona, y no económica en función del bienestar de toda Bolivia.

 

Oscar Antezana Malpartida Economista

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