La importancia actual del Nobel de la Paz

El premio a Ressa y Moratov es un reconocimiento al periodismo, en medio de una tendencia dirigida a acallar a la prensa independiente.
domingo, 17 de octubre de 2021 · 05:00

Carlos Decker-Molina / Periodista boliviano radicado en Suecia

Berit Reiss-Andersen, presidenta del Comité Nobel de Noruega, país elegido por Alfred Nobel para discernir el premio, en ocasión de hacer público los nombres de Maria Ressa y Dmitry Moratov, argumentó: “Son galardonados por sus esfuerzos para salvaguardar la libertad de expresión, que es una condición previa para la democracia y la paz duradera”.

El premio a Ressa y Moratov es un premio al periodismo en general, porque hay muchos como los galardonados, sobre todo en América latina. Tampoco el premio Nobel traerá consigo la solución, pero es como el oxígeno cuando el aire opresor del autoritarismo se está terminando.

Es decir, la prensa independiente, supone periodistas libres, sin ataduras orgánico-políticas, prensa denunciadora del abuso de los poderes político, económico y religioso; descubridora de la mentira oficial y la propaganda bélica. Prensa crítica, analítica, investigadora de los tres poderes del Estado que, a su turno, debiesen ser también independientes.

No siempre es así, pero, esa debe ser la aspiración. La objetividad, muy denostada, necesita avenidas amplias y democráticas para no ser el ciego que camina por una cornisa con el temor de caer a la derecha o la izquierda. La elección más trágica a que somete el poder al periodista es entre lealtad y la verdad. Pero, es una dicotomía falsa, porque el periodista no tiene porqué ser leal al poder, si lo fuera dejaría de ser el periodista independiente buscador de la verdad para convertirse en un funcionario asalariado.

La tendencia

Hay una tendencia mundial dirigida a acallar a la prensa independiente, inclusive en países que pertenecen a la Unión Europea, como Polonia, Hungría, Eslovenia, Bulgaria y Chequia. En los países asiáticos como Filipinas son gobiernos autoritarios de signo reaccionario y de derecha, elegidos en la mayoría de los casos.

En América latina son gobiernos llamados de izquierda, también elegidos y en  EEUU los seguidores de Trump y sus sectas religiosas, que tienen muchos medios de expresión (radios, TV por cable y sitios en internet) que se ocupan diariamente de descalificar a los diarios independientes.

La coincidencia

En Nicaragua se moteja a los periodistas críticos como “agentes internacionales”, el mismo argumento que usa Putin y los gobiernos de derecha de Polonia y Hungría.

Uno de los regímenes más sanguinarios es el de Rodrigo Dutarte en Filipinas, antes de eliminar a algunos periodistas, los califica de “agentes internacionales” y,  como una justificación de esas desapariciones, dice: “quieren desestabilizarnos”.

Para actuar con impunidad esos gobiernos tanto de derecha como de izquierda desarman el entramado legal de las instituciones, sobre todo se dedican a destruir el poder judicial para convertirlo en un instrumento político al servicio del partido en el gobierno, o de la casta o del dictador que mal gobierna.

Un poder judicial controlado por el ejecutivo, como en Polonia, por ejemplo, somete a juicio a periodistas o a opositores a pedido del ministerio del interior.

El caso de Bielorrusia es menos complicado, en ese país no existe la democracia, está en vigencia una dictadura, elegida con trampa. En los hechos no hay izquierda o derecha que se diferencien en el ejercicio de ahogar a la prensa.  El parecido entre Bielorrusia y Cuba es igual al perecido entre Polonia y Nicaragua, quizá por eso ninguno de los cuatro países figuran entre los primeros 20 más respetuosos de la libertad de prensa.

Noruega, Finlandia, Suecia, Dinamarca y Costa Rica son los cinco primeros de la lista de los países más respetuosos de la libertad de prensa y expresión. Uruguay ocupa el lugar número 18, son los dos únicos países de América Latina que figuran entre los primeros 20, en tanto que Cuba, el viejo paradigma latinoamericano, está el puesto 171 antes de China, que ocupa el puesto 177, seguido de Corea del Norte en el 179. 

Palmiro Togliatti, un viejo comunista italiano en 1964 dijo: “Debemos convertirnos en campeones de la libertad de la vida intelectual y la creación artística, del libre progreso científico”.

Umberto Eco dijo alguna vez que la pluralidad de la prensa italiana es saludable, “hay diarios de derecha, de izquierda, oficialistas e independientes que coexisten”.

Libertad no es uniformar. Lo que pretenden los gobiernos dictatoriales y autoritarios es no tener críticos y, de ser posible, tampoco opositores. Quieren sociedades ciegas, sordas y recitadoras del discurso oficial. Mijail Sholojov (El don apacible –novela– premio Nobel) escribió algo que ayer sonaba a lata vieja y que hoy recobra su sonido ensordecedor convertido en el mantra de los autoritarios: “Cada uno de nosotros –dijo Sholojov– escribe por indicación de su propio corazón, pero nuestros corazones pertenecen al partido y a nuestro pueblo, a quien servimos”. 

La prensa controlada por el Estado es como una pianola que emite una melodía previamente programada, por eso es importante la disonancia de los medios independientes.

Una anécdota histórica

En mi exilio en el Chile de la Unidad Popular, los diarios y revistas de la oposición siguieron difundiendo su pensamiento, igual que los allegados al gobierno. Hernán Uribe, que fue director del vespertino Noticias de Última Hora, del partido socialista, en el libro Morir es la noticia, publica una tabla con la prensa de aquel entonces: Diarios pro-gobierno: (UP-Allende), Diario Clarín,  El Siglo (comunista) Puro Chile, La Nación (gobierno), Última Hora (socialista). Diarios de oposición: La Tercera (ultraderecha), El Mercurio (conservador), Las Últimas Noticias, La Segunda, Tribuna y La Prensa

En su texto, Uribe  acusa a los medios de la derecha de haber cohonestado el golpe militar y en algunos casos haber mentido y adulterado la información. Eran tiempos de la Guerra Fría y ello importaba la alineación en uno u otro bando, pero, siempre hubo algún medio independiente.

Pongo el ejemplo de Chile porque fue una izquierda que llegó al gobierno por el voto y la consensuación parlamentaria, de la misma forma llegaron los actuales gobiernos que se reclaman de izquierda y ejercen de cara a la prensa una actitud de derecha o dictatorial porque la quieren censurar, la quieren temerosa del fiscal, la ansían dócil o simplemente callada, enmudecida por deudas para que el Estado-gobierno (Rusia por ejemplo) las compre y las convierta en sus voceros. 

Hoy, felizmente, no hay más Guerra Fría, que también producía la idea de la estabilidad. Hoy estamos frente a un mundo fragmentado. Las sociedades, incluso las más ordenadas como las nórdicas, padecen los mismos ramalazos de las fuerzas centrífugas.

Los periodistas no podemos caer en la trampa de la vieja Guerra Fría entre Este y Oeste cuando han surgido cientos de contradicciones en el interior de nuestras sociedades, que, no deben obnubilarnos. No debemos permitir que nos dividan en buenos y malos, en funcionarios y periodistas libres.

Los periodistas nacidos en democracia, o desarrollados en ese medio, no deben permitir que el poder los convenza de que la democracia “por burguesa” es obsoleta. La prensa libre es uno de los pilares de la democracia, sin ella cojea y si le quitan el pilar de la justicia, se derrumba. Pero, bajo esos escombros, como en Tailandia o Rusia, siempre hay periodistas, como Maria Ressa  o Dmitry Muratov que iluminan la oscuridad.

 

 

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