Apoderarse de la política con un puñado de votos

Milei parece estar generando un mundo de sensaciones cobardes, reaccionarias y violentas en una Argentina partida, dice este análisis.
domingo, 24 de octubre de 2021 · 05:00

 

Sandra Choroszczucha / Politóloga Latinoamérica21

Javier Milei, el polémico personaje de derecha surgido de los platós televisivos y candidato a diputado por el partido libertario Libertad Avanza, logró el 13,60% de los votos en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires en las recientes Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias (PASO). El partido político liderado por Milei, quien afirma mantener un “alineamiento casi natural” con Bolsonaro y Trump, se convirtió así en la tercera fuerza más votada del distrito porteño, después de Juntos por el Cambio (JxC – constituido por el Pro, la Unión Cívica Radical, el GEN y un sector del peronismo no kirchnerista) y el oficialista Frente de Todos (FdT – constituido por diversos sectores del peronismo y liderado por el kirchnerismo).

Con un discurso cada vez más recurrente, basado en insultos, agravios, en discriminar a las mujeres y maltratar a todas aquellas personas que no comulgan con sus ideas, Milei ha logrado un perfil “anti-política”, que incluso lo llevó a calificar de “casta” a toda la dirigencia política. Frases tales como “no sé si los zurdos odian más bañarse, trabajar o los datos”, o “no hagan caridad con mi bolsillo, así es muy fácil, con el culo ajeno somos todos putos”, han demostrado como el líder de Libertad Avanza ejerce públicamente extrema violencia.

La buena performance de Milei en las internas, y de cara a las elecciones generales a celebrarse el próximo 14 de noviembre, parece afectar a sus competidores, principalmente considerando que, dentro de la colación Juntos por el Cambio, un candidato también libertario, Ricardo López Murphy del partido Republicanos Unidos, obtuvo un significativo apoyo electoral (11,20%), y se proyecta entre los encuestadores, que parte de estos votos podrían migrar a Milei.

Por momentos se hace difícil entender “el fenómeno Milei” considerando que éste solo obtuvo unos 220 mil votos y concentrados en un solo distrito. La figura del polémico Milei parece tomar mayor cobertura a partir de que la dirigencia de JxC y FdT está demasiado pendiente de aquello que va a ocurrir con los votos porteños que atrajo el libertario.

Probablemente lo que resulte más inquietante, no es la presencia de un candidato con buena llegada en la capital federal, que manifiesta constantemente detestar a los políticos y a la política, ni sus discursos atemporales, que, desde lo más llano, exigen que el Estado debe desaparecer de la galaxia. Lo realmente preocupante es que gran parte de la clase dirigente argentina, parece decidida a sintonizar con el señor Milei.

Por la derecha, el expresidente del Pro, Mauricio Macri, expresó, en alusión a Milei, “espero que nos juntemos para el 2023”, “yo soy liberal de la primera hora y tenemos las mismas ideas”. Mientras que el jefe de gobierno porteño del Pro, Horacio Rodríguez Larreta, (a quien Milei dijo “…como el zurdo de mierda que sos, a un liberal no le podés ni lustrar los zapatos, sorete. Te puedo aplastar aún en silla de ruedas”) se ocupa de organizar encuentros con jóvenes seguidores del libertario. Por su parte, la actual presidenta del Pro, Patricia Bullrich mantiene una excelente relación y un diálogo muy fluido con el señor Milei.

El oficialista Frente de Todos también presentó, sin reservas, un giro “muy Milei” a poco de conocerse los resultados adversos de las elecciones primarias. El nuevo gabinete oficialista incorporó como jefe de Gabinete a Juan Manzur, un declarado enemigo de las mujeres y del derecho al aborto, y fuerte lobbista de los laboratorios. En seguridad resurgió Aníbal Fernández, quien presuntamente impulsó un banco de datos sobre militantes sociales y políticos utilizado para el espionaje. Y como ministro de Agricultura, Ganadería y Pesca fue nombrado Julián Domínguez, amigo de la Sociedad Rural y de la Iglesia católica.

Y en las últimas horas, un intendente del FdT de la provincia del Chaco culminó un acto de campaña vociferando “que se mueran los radicales” (en alusión al partido centenario, Unión Cívica Radical).

Así, el señor Milei, parece estar generando un mundo de sensaciones cobardes, reaccionarias y violentas de un lado y otro de la Argentina partida.

Desde la aritmética electoral se entiende que, si Milei obtuvo un alto porcentaje de votos en la ciudad porteña, los candidatos porteños pretendan atraer su voto en las elecciones generales. Pero cabe preguntarse si no será más honesto, más digno y menos patético correr el velo a la sarta de afirmaciones incongruentes y violentas del señor Javier Milei, en lugar de hermanarse con sus discursos o invitarlo a formar parte de alguna de las coaliciones que hoy monopolizan el poder político en Argentina

No hay que ser economista ni experto en nada para comprender que el Estado en varias latitudes genera un confortable estado de bienestar. O para entender que la desregulación total de la economía también ha generado estragos en diversas naciones, incluida Argentina.

Por otro lado, ¿quién podría asentir que es correcto que el Estado gaste recursos excesivos y que quienes gobiernan administren los recursos públicos de modo ineficiente y/o deshonesto? Nadie. Un Estado omnipresente, que se entromete en la vida privada de los ciudadanos y que gasta mal o roba lo que recauda a través de sus impuestos, nos perjudica y mucho. Y no necesitamos a un Milei para entender esto.

Por último, cabe preguntarse, por qué el foco está puesto en este personaje reaccionario/misógino/violento, quien obtuvo en las internas legislativas el tercer puesto en un solo distrito del país, cuando el Frente de Izquierda y los Trabajadores-Unidad en la ciudad porteña quedó en cuarto lugar, al mismo tiempo que representó el tercer lugar en la Provincia de Buenos Aires, “madre de todas las batallas” (llamada así por ser el distrito que más votantes reúne) y obtuvo el tercer lugar a nivel nacional.

Vivimos en democracia y es genial que existan votantes que prefieran lo que prefieren, pero podría resultar útil que nos detengamos a reflexionar sobre ciertas cuestiones que se presentan como máximas y tal vez son mínimas, y recordar que lo que menos necesita hoy Argentina, es jugar con los extremos y apelar al fanatismo de personajes violentos.

 

 

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