Estos carnavales, quién inventaría…

Hay un ambiente carnavalero que nos hace distraer un poco de la pesada situación política; Chávez y Del Castillo brindan espectáculos.
domingo, 24 de octubre de 2021 · 05:00

Willy Camacho / Escritor

Bolivia es un país festivo, por utilizar un término general. Tenemos que entender, entonces, cuán grave resultó la pandemia para la psiquis colectiva, ya que todas las fiestas se congelaron: carnaval, año nuevo, Gran Poder, Urkupiña… Es decir, esos espacios de solaz, de algarabía, de exceso fueron suspendidas y, por ende, tuvimos que reprimirnos.

Pero en 2022 la cosa será diferente, o mejor dicho, será normal. Ya se anunció la realización del Carnaval de Oruro; Santa Cruz ya eligió su reina y recibiremos el nuevo año en bailongos orgiásticos, porque seguramente haremos salir en la pista toda la energía reprimida durante los dos últimos años.

Conozco gente que ya se está haciendo confeccionar un trajecito para Año Nuevo, y otros que desde ahora están ensayando para bailar en Oruro, porque “las articulaciones están oxidadas”, dicen. En síntesis, hay un ambiente carnavalero que nos hace distraer un poco de la pesada situación político-social que atravesamos. Y es que también el gobierno actúa en clave carnavalesca, aportando su cuota de mixtura en varios ámbitos.

Para empezar, Wilfredo Chávez, Procurador General del Estado, organiza un show mediático sin interés alguno. De hecho, creo que no hubo mucha cobertura al “conteo de actas” que llevó a cabo con la ayuda de “voluntarios” universitarios. Y tan sin chiste resultó la iniciativa del abogado de Evo Morales, que ni siquiera me he enterado cuál fue el resultado, si es que lo hubo. Aunque este era previsible: el conteo da como ganador a Evo Morales en las presidenciales de 2019, vale decir que no hubo fraude. Claro, Chávez, que defiende más los intereses y el “buen” nombre de Evo Morales que los intereses del Estado, solo es parte de una estructura narrativa plagada de inverosimilitud. Es que hasta para hacer un cuento, aunque sea breve, hay que lograr que sea creíble.

El Procurador insiste en contar votos sin que ese sea el problema, pues el fraude consistió, entre otros aspectos, en alterar las actas, hacer que una sola persona llenara todas las actas de un recinto para que los votos favorecieran a Morales. Lo que debería haber hecho una investigación seria es verificar las actas, no los votos (que, por otro lado, ya no importan, por el principio de preclusión), llevar grafólogos, forenses, investigadores serios, si es posible de otros países, donde la investigación forense está muy avanzada.

Pero al señor Chávez le ordenaron montar una función y el cumplió el libreto, tampoco lo podemos culpar; como se dice por ahí, los reclamos no hay que hacerlos al payaso, sino al dueño del circo. Y la cereza de la torta la puso hace unos días, cuando reaccionó de manera chabacana a un dibujo del colega Abecor, creyendo que podía hacer gala de creatividad, pero lo suyo, señor Chávez, no es lo creativo, lo suyo es acatar órdenes, y cuando se sale del libreto y quiere tener iniciativa propia queda como un personaje ordinario.

Otro que aportó al ambiente carnavalero es Eduardo del Catillo, ministro de Gobierno. Es que sacar esa carta del magnicidio como que le queda muy grande a Luis Arce. Hace años, recuerdo bien, inventaban posibles atentados contra Evo Morales, y claro, Evo tiene otra dimensión y sí cabía la posibilidad de que alguien, hace mucho tiempo, hubiese querido sacarlo del juego. Es decir, ese rumor resultaba verosímil para la narrativa.

Sin embargo, Luis Arce es nomás un personaje de cuarta línea. Dentro del propio MAS hay gente que tiene más peso y poder de decisión que el presidente del Estado. En pocas palabras, cuando Evo le dice a Lucho “saltá”, este responde: “¿qué tan alto, jefazo?”. Seguiría siendo más verosímil una narrativa que incluyese el riesgo de un atentado contra Evo, pero contra Lucho… ¡por favor! ¿Quién perdería tiempo y plata? Hasta para hacer cuentos hay que procurar ser creíbles.

Obviamente, tampoco se puede culpar a del Castillo, que solo interpreta el papel que le asignaron, aunque le haga quedar en ridículo –más aún cuando asegura que la “inteligencia partidaria” descubrió todo esto, e insiste en que la “inteligencia partidaria” se infiltró en el hotel donde estaban los supuestos sicarios; es que habrá que reconocer que “inteligencia partidaria”, en el caso del MAS, es un oxímoron digno de Les Luthiers–. Y a su vez, hace quedar en ridículo al propio Arce, quien, luego del show ejecutado por don Eduardo, dijo: “Hoy en la mañana, nuestro hermano ministro de Gobierno daba una información que la supimos oportunamente; hermanos y hermanas, quisieron atentar contra nuestra vida, pero a la derecha golpista y asesina le vamos a responder con una frase de Marcelo Quiroga Santa Cruz: Sabemos que más pronto que tarde se cobrarán esto que estamos haciendo. Estamos dispuestos a pagar ese precio, siempre estuvimos dispuestos, jamás vamos a rehuir al peligro porque mucho más temible que ese enemigo que está buscando la manera de anularnos, aun físicamente, es una conciencia culpable y no podríamos soportarlos a nosotros mismos sino cumpliéramos nuestro deber”.

Alguito más elaborado que el “Patria o muerte” de su jefazo. Pero claro, ya sabemos hasta qué punto llegó la convicción de Evo: entre patria o muerte, prefirió plata y vida.

Por si fuera poco, el presidente Arce vuelve a quedar mal gracias a sus comunicadores (¿lo serán?) cuando difunden un spot en el que asegura en tono solemne e innecesariamente dramático: “Estamos haciendo las gestiones para que en el país se aplique la tercera dosis a mayores de 60 años y personas con enfermedades de base”.

Claro, hasta yo me conmoví, pero a los pocos días en el Ministerio de Salud aclararon la figura: todos los mayores de 18 años pueden vacunarse con tercera dosis, pues hay más de dos millones de vacunas cuya fecha de vencimiento es el 31 de octubre. Ah, entonces no fue gestión, sino más bien como esas rebajas odiosas de caja de supermercado, donde te ofrecen un producto a mitad de precio solo porque está a punto de echarse a perder. En todo caso, fue mala gestión previa, porque no lograron convencer a la población de la importancia de la vacuna, ni tuvieron el valor de asumir su deber y generar los mecanismos necesarios para presionar una vacunación masiva.

Y en este ambiente precozmente carnavalero, los ciudadanos no divertimos con nuestra propia platita, mientras que las autoridades hacen todos estos espectáculos faranduleros con el dinero de todos los bolivianos. Así da gusto el carnaval.

 

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