15N: el grito ahogado de Cuba por la libertad

El 15 de noviembre los cubanos intentaron retomar las protestas de julio. Yunior García, líder opositor, y el menor de 15 años detenido Rainel Rodríguez son los símbolos de la resistencia. ¿Qué proyección pueden tener estos movimientos a futuro? ¿Se puede prever algún cambio en la isla?
domingo, 21 de noviembre de 2021 · 05:05

Fernando Chávez Virreira

11J y 15N, dos fechas, dos símbolos de las protestas por la lucha por la libertad y democracia en Cuba. El pasado 11 de julio, miles de personas salieron a las calles; pero este 15 de noviembre las ciudades amanecieron sitiadas bajo control militar y policial. A los manifestantes como Yunior García, ni siquiera les permitieron salir de sus casas y los que salieron fueron detenidos.

Agustín Antonetti, activista por los derechos humanos, relataba en las redes:   “Cuba amaneció totalmente militarizada. Hay camiones militares en las calles, patrullas en cada esquina. Todos los activistas se encuentran secuestrados en sus casas, sin poder salir. A muchos se los están llevando y no sabemos su paradero. Es terrible lo que ocurre. #15NCuba”.

Mientras, el periodista y columnista Abraham Jiménez Enoa  revelaba: “Sigo sitiado por policías y agentes vestidos de civil. Vecinos me dicen que el operativo de hoy es superior al de ayer. No lo puedo ver desde mi balcón porque un árbol los tapa. Sólo veo sus pies. ¿Le temen tanto al periodismo, a que salga a contar la verdad? #SOSCuba”.

Yunior García, dramaturgo, artista y fundador de Trébol Teatro, es el líder de la agrupación Archipiélago que convocó la protesta, finalmente frustrada, del 15 de noviembre. En julio la protesta fue espontánea, liderada por grupos como el Movimiento San Isidro. En noviembre la convocatoria fue programada;  por ello,  el régimen optó por tomar el control de las calles y evitar un estallido como el de julio.

A Yunior  García, opositor, no lo dejaron salir de su casa.
Foto: Twitter

Según informo la agencia EFE, García, de 39 años, llegó sorpresivamente el miércoles 17 al aeropuerto madrileño de Barajas desde La Habana, acompañado de su mujer y con visado de turista para 90 días, ayudado por personas y organizaciones de España y de su país, de los que no quiso dar detalles por posibles represalias.

Lo que en un principio fue, según el líder opositor cubano, una “revolución hermosa”, ahora es “una revolución que envejeció y se convirtió en lo mismo que querían destruir”. En una entrevista con EFE, el líder llamó al pueblo cubano “a que tome conciencia y no permita nunca más abusos de este tipo, para que pierda el miedo y acabe con el terror infundado”.

La imagen de García, encerrado en su casa, con una flor en la mano, y acosado por las fuerzas del orden, se ha convertido ya en un símbolo de las protestas que, tal como sucediera en julio, inundaron las redes sociales, esta vez con la etiqueta #15NCuba.

 Rainel  Rodríguez, de 15 años, fue detenido.
 Foto: Twitter

Otro símbolo del 15N es Rainel Rodríguez, un joven de 15 años que fue detenido por apoyar al movimiento, según varias denuncias en las redes. “Hagan algo por este niño que tiene tan sólo 15 años y ha sido detenido por las fuerzas del régimen sólo por salir a la calle vestido de blanco e invitar a las personas a sumarse a una marcha pacífica. No sigan callando ante la dictadura”, escribió Cubanito (@libertario98), en Twitter.

El pasado miércoles 17, el activista por los derechos humanos Agustín Antonetti denunciaba: “La dictadura cubana acaba de llevarse detenido a Rainel Rodriguez, es un niño de 15 AÑOS.   Esto es una brutalidad, siguen pasando los límites”.

También se expresó en las redes el activista cubano Félix Llerena: “Rainel Rodríguez tiene 15 años y salió a caminar el 15 de noviembre vestido de blanco y con una flor en la mano. Por hacer esto hoy está preso en Cuba. Todos los que conocemos a Rainel sabemos que es un niño inocente”.

Según las denuncias, el menor fue trasladado  a un centro de investigación en la ciudad cubana de Matanzas.

Mientras tanto, el director para las Américas de Human Rights Watch (HRW), José Miguel Vivanco, dijo que “los reportes que recibimos de Cuba son desoladores. El régimen ha desplegado las fuerzas de seguridad de forma masiva. Muchos periodistas y críticos están sitiados en sus casas. Algunos han sido detenidos. La intención es clara: suprimir cualquier intento de protesta”.

Según narra Gisela Derpic, abogada boliviana, defensora de los derechos humanos, y muy ligada a los grupos de resistencia en Cuba, lo que sucedió el pasado 11 de julio fue espontáneo, a diferencia de noviembre.

“En julio se dio la primera cosecha de esa siembra de descontento y búsqueda de alternativas democráticas. Pero fue un evento espontáneo; no hubo una estructura que lo conduzca;  de hecho, el primer estallido se dio en un pueblo muy pequeño en el que unos jóvenes, por casualidad, comenzaron a gritar patria y libertad.  La reacción del régimen fue una represión brutal de la que ya fuimos testigos en vivo y directo en las redes. Lo que se venía gestando desde 1959, de pronto se hace visible y se transmite en vivo y el mundo comienza a verlo. Se sabe documentadamente de más de 600 presos como resultado de las jornadas de julio”.

Según afirma Derpic, Archipiélago tiene una estructura distinta del Movimiento San Isidro, pero ambos comparten su conformación con jóvenes. “El nombre es muy sugerente, se llama Archipiélago, primero porque Cuba es un archipiélago, pero además porque, como ellos dicen, ‘cada uno de nosotros somos como un islote en este archipiélago’ con sus propias características e ilusiones; somos muy distintos unos de otros, no compartimos una misma forma de pensar, pero nos unen nuestras ansias de libertad y democracia”.

Es entonces que lanzan esta convocatoria, para la cual hicieron un trámite, amparados en la Constitución vigente, aprobada en 2019, que incorpora el derecho a la libre manifestación de los cubanos. Pero, según observa la abogada boliviana, Cuba tiene una Constitución que fue reformada dentro de ese proceso que intenta llevar adelante con Estados Unidos para normalizar sus relaciones.

“A Cuba le interesa muchísimo normalizar sus relaciones con EEUU, aunque siga gritando consignas antiimperialistas, e incorpora derechos y garantías que no estaban, pero al mismo tiempo mantiene artículos contradictorios y, lo que es más grave, no prevé un organismo de control constitucional que, aprobada la Constitución, saque del ordenamiento todas aquellas normas contrarias a la nueva Constitución, como el código penal”, explica.

Así, la Constitución aprobada en realidad no entra en vigencia por falta de este órgano de control y de una renovación de las leyes, menores en jerarquía.

“Archipiélago presentó cartas a las autoridades pidiendo permiso para realizar la movilización pacífica; esto sorprende al régimen, es algo inédito. No saben qué hacer con esa solicitud y finalmente alguien de la cúpula redacta una respuesta en la que les dicen que eso no es posible porque no condice con el ordenamiento jurídico y que no permitirán la movilización. Al mismo tiempo, el Gobierno declara a esos días como jornadas patrióticas, con movilización del Ejército y la Policía en las calles, dejando entrever que no va a dar lugar a la movilización”, dice Derpic.

“Yo digo, resalta la activista, que ellos (Archipiélago) están jugando a ganar o ganar porque les autorice o no, el régimen va a perder. Si autoriza, la gente sale a las calles y se vería la dimensión de la protesta; y si no lo permite, dejará al descubierto hacia el mundo su naturaleza perversa de régimen totalitario”.

El futuro en la isla

¿Qué proyección pueden tener estos movimientos a futuro? ¿Se puede prever algún cambio en la isla?

Según Ignacio Arana Araya, profesor de ciencia política en la Universidad Carnegie Mellon, las personas están más dispuestas a desafiar a la autoridad cuando enfrentan mayor adversidad.

“Las protestas de este año se producen por la crisis económica y de salud pública desencadenada por el coronavirus. El precedente es el ‘Maleconazo’ de 1994, cuando miles de personas también salieron a protestar en medio de la crisis económica vivida durante el ‘período especial’. Pero protestar es costoso, y yo no descartaría que la protesta social baje si el Gobierno logra paliar la crisis, aumenta la represión, o hace ambas cosas. De hecho, las protestas de este 15 de noviembre no fueron multitudinarias, como los opositores al régimen esperaban”, dijo Arana a Página Siete.

En su visión, “los aparatos represivos cubanos son muy eficientes y la isla ha resistido el embargo desde 1960. Anticipar el colapso de la dictadura sigue siendo un ejercicio meramente especulativo. Cuba tiene servicios de inteligencia sofisticados y un aparato represivo muy consolidado, y nunca el Gobierno ha dudado en usarlos para intimidar y reprimir a opositores”.

El balance que hace Derpic a este respecto se da en dos dimensiones, primero, que “el régimen tiene un aparato represivo de terror, muy grande, que es lo único que le queda”.  “Ya no tiene fuerza moral, no tiene simbología, su trasnochada consigna de patria o muerte ha sido desplazada por la consigna de la canción patria y vida, pero tienen un aparato represivo y siembran el terror”, resalta.

Y segundo, “esta semilla de libertad que se ha sembrado, paralelamente al descontento creciente, creo que provocará nuevos estallidos que supongo van a ser espontáneos como en julio, pero a la vez surgirán algunas alternativas para una transición hacia la democracia, que no sé cómo se dará, pero lo que sí puedo asegurar, por lo que he podido apreciar, es que ese temor que han sembrado de una intervención de EEUU, es absolutamente imposible. No habrá ninguna solución de afuera, se dará adentro pero seguramente tendrá que haber un acompañamiento, no militar, sino de organizaciones con catadura moral”.

Ese temor de una intervención de EEUU en Cuba ha sido alentado por Rusia, que ha señalado que “altos funcionarios de Estados Unidos y sus representantes en La Habana han estado alentando, a través de sus declaraciones, a revertir el orden constitucional en Cuba”.

Pero, según sostiene Arana, “Cuba y sus aliados suelen culpar a Estados Unidos por todo tipo de males en la isla, algunas veces con razón y otras sin. En este caso, no he visto nada concreto que apunte a un intento de desestabilización por parte de Washington. El gobierno de Biden está mucho más preocupado de otros temas de política exterior y tiene una posición más suave con Cuba que la que tuvo el gobierno precedente, por lo que la crítica a Washington probablemente sólo busca distraer”.

La imagen  de Yunior ya es un símbolo de la resistencia.
Foto: Twitter

La “semilla de la libertad”

Pese a que el acceso a internet en Cuba es caro y limitado, se abrieron muchos espacios de discusión y expresión, como el denominado Spaces, en Twitter. En una de esas reuniones participó Gisela Derpic.

“Tuve la suerte de participar de una conversación, a la que llegó el sonido del cacelorazo que daba la gente en sus casas. La gente que no pudo salir hizo sonar las cacerolas, un sonido de las campanas de la libertad. Esa semilla ya ha germinado y ya no hay marcha atrás, todo es cuestión de tiempo”, asegura.

Y finaliza: “Es increíble como Cuba y Bolivia se reencuentran en un camino terrible, los cubanos intentando salir de la oscuridad y nosotros intentando que no nos metan en ella. Por lo tanto, lo que sucede en Cuba está vinculado a lo que sucede en Bolivia y viceversa, nuestro destino es común”.

Desde España, Yunior García  advirtió que estar fuera de la isla no significa que vaya a renunciar a sus ideas, a sus principios, a sus objetivos y apuntó que fueron momentos que le cambiaron la vida. “Cuando experimentas cosas que sólo puedo comparar con el fascismo empieza una rabia dentro de ti que es muy difícil de controlar”.

“Yo no voy a descansar hasta que esas personas no estén libres y seguras. Ahora lo importante son los que están detenidos dentro de Cuba, a quién no dejan salir de su casa, quién está sin internet, quién no puede hablar”, dijo el líder de Archipiélago.

“Volveré a Cuba cuando se me pase la rabia”, agregó  en una multitudinaria rueda de prensa en Madrid, en la que relató las presiones que ha sufrido por parte del Gobierno cubano . “La razón por la que tuve que salir es porque si me quedo allí probablemente no me iban a llevar a prisión, ellos no querían convertirme en un símbolo. Si me condenaban o mataban me convertían en un símbolo. Ellos necesitaban silenciarme, anularme como persona, bloquearme mentalmente, que me desestabilizara y casi lo logran”, explicó el líder opositor cubano.

 

Fernando Chávez Virreira /  Periodista

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